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Viva Madrid que es mi pueblo, y 4. De crímenes y criminales

Recuerdo el «caso Morris» o «crimen de Jarabo», que ocurrió en la calle López de Rueda y Alcalde Sainz de Baranda, enfrente de donde vivía un compañero de colegio. También el «crimen del baúl», en la calle Hermosilla, cerca del Paseo de Ronda

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Gerda Taro. Una muerte en España y un entierro en París

Gerda Taro se implicó hasta pringarse y el resultado fue la muerte. Varios mandos republicanos, entre ellos el general Walter, le habían recomendado abandonar Brunete pues el peligro de bombardeo de la artillería y la aviación era inminente. Pero ella siguió fotografiando. No escuchó. Quería obtener las mejores instantáneas de ese terrible momento histórico. Arriesgando, siempre al límite.

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El Winnipeg y Pablo Neruda

El criterio de selección de Neruda sólo tuvo un parámetro: sacar de allí a la mayor cantidad de personas posibles, pues a pesar de las exigencias de conocer un oficio, muchos de los que embarcaron en el Winnipeg eran intelectuales y artistas

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Lázaro Cárdenas y el exilio republicano español

Por María Torres «Cuando España se recobre se alzará en Madrid un monumento en cuya base de granito del Guadarrama se leerá la inscripción siguiente: “Extranjero, detente y descúbrete: este es el Presidente de México, Lázaro

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Don Dióscoro Galindo, maestro

A las dos de la mañana del 18 de agosto de 1936 los pistoleros de Falange lo detuvieron en su casa y le trasladaron al Gobierno Civil, donde coincidió con García Lorca. Unas horas más tarde, ambos fueron llevados a La Colonia, un cortijo de Víznar convertido en antesala de la muerte, donde compartieron sus últimas horas de vida.

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Viva Madrid que es mi pueblo, 3. Los años sesenta

De lunes a sábado, a trabajar por 350 pesetas al mes (2,10 euros de hoy). El billete de metro costaba una peseta, el cine de barrio siete, el periódico una cincuenta, el alquiler de un piso mil ochocientas y un 600, sesenta mil.

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Castronuño, Franco y la vaca lechera

Según relata Almudena Grandes en «El lector de Julio Verne», la vaca lechera era el canto subversivo que utilizaban en la Sierra Sur de Jaén cuando la guerrilla de El Cencerro hacía algún acto heroico. Una especie de Internacional en los años cuarenta que la Guardia Civil había prohibido cantar.