Los médicos acusan al gobierno de ignorar sus demandas y van de nuevo a la huelga

La ministra Mónica García, quien fuera activista de la Marea Blanca antes de entrar en el gobierno, ahora acusa a los sindicatos de ‘motivaciones políticas’ y de ‘deslealtad’.

Por David Hurtado | 27/04/2026

Este lunes 27 de abril arranca en toda España la tercera huelga nacional de médicos del año. Del 27 al 30 de abril, miles de facultativos de hospitales y centros de salud paralizarán su actividad —con los servicios mínimos legales— para exigir al Ministerio de Sanidad un Estatuto Marco propio que reconozca su realidad profesional. No es un capricho. Es la respuesta desesperada de un colectivo que se siente ninguneado, agotado y traicionado por quienes prometieron defender la sanidad pública.

El Comité de Huelga, integrado por la Confederación Española de Sindicatos Médicos (CESM), el Sindicato Médico Andaluz (SMA), Metges de Catalunya (MC), AMYTS, el Sindicato Médico de Euskadi (SME) y O’MEGA, ha convocado ya cinco semanas de paros hasta junio. La razón es clara: el anteproyecto de Estatuto Marco que prepara el Gobierno ignora las peculiaridades del trabajo médico y no corrige las desigualdades que sufren los facultativos tras años de precariedad, guardias interminables y falta de reconocimiento.

¿Qué exigen exactamente los médicos?

Las demandas no son nuevas, pero el Ministerio sigue sin darles respuesta concreta: Un ámbito propio de negociación a nivel nacional y autonómico que les permita discutir sus condiciones específicas, como cualquier otro colectivo profesional; Una clasificación profesional basada en la responsabilidad real y los créditos universitarios (sistema MECES), que se traduzca en retribuciones dignas; Jornada laboral de 35 horas con horario ordinario de 8 a 15 h; todo lo que supere ese tiempo debe computar como exceso de jornada, retribuirse y cotizar para la jubilación; Guardias voluntarias, con un complemento de nocturnidad y penosidad que compense el esfuerzo; Reconocimiento como profesión de riesgo, fin de la movilidad forzosa y un régimen de incompatibilidades igual al del resto de empleados públicos; y jubilación parcial y anticipada voluntaria sin penalizaciones.

En resumen, piden que se les trate como lo que son: profesionales altamente cualificados que sostienen el sistema sanitario y que, tras la pandemia, siguen quemados, mal pagados y sin perspectivas.

El malestar con Mónica García: de la Marea Blanca al olvido

El enfado ha llegado al punto de que el Comité de Huelga exige públicamente la dimisión de la ministra Mónica García. La acusa de “mentiras reiteradas”, de “manipular el relato” sobre el estado de las negociaciones y de señalarles como culpables del bloqueo cuando, según los sindicatos, es el Ministerio quien no ofrece propuestas reales. Tras meses de reuniones fallidas, los facultativos han roto el silencio y han denunciado que García ha convertido el conflicto en un pulso político en vez de buscar soluciones.

Aquí radica la mayor ironía —y la mayor decepción—. Mónica García no es una ministra cualquiera. Es médica anestesióloga del Hospital 12 de Octubre y fue una de las caras visibles de la Marea Blanca en Madrid. En 2012 y 2013, como portavoz de la Asociación de Facultativos Especialistas de Madrid (AFEM), lideró encierros, manifestaciones y protestas contra los recortes y las privatizaciones de la sanidad pública. Denunciaba entonces la precariedad, las cargas de trabajo y la falta de respeto a los profesionales. “Lo hice en la Marea Blanca, en el hospital durante la pandemia y ahora toca hacerlo desde el Gobierno de España”, llegó a decir.

Pues bien: ya está en el Gobierno. Y, en cuanto ha tocado poder, parece haber olvidado todo aquello que defendía.

Un gobierno progresista que da la espalda a los médicos

Un Ejecutivo que se autodenomina progresista y que presume de defender lo público debería tener a los médicos como aliados naturales. Sin embargo, ha convertido su relación con ellos en un choque frontal. Una ministra que salió de la calle para defender la sanidad pública ahora acusa a los sindicatos de “motivaciones políticas” y de “deslealtad”. El mismo discurso que antes se usaba contra los recortes del PP se emplea ahora contra los facultativos que piden condiciones dignas.

El resultado es paradójico y demoledor: un gobierno de izquierdas que, una vez en el poder, aplica la misma lógica de contención y control que criticaba cuando estaba en la oposición. Los médicos, que fueron parte activa de las mareas blancas, se sienten ahora abandonados por quienes antes marchaban a su lado. La sanidad pública se defiende, sí, pero al parecer sin contar con quienes la hacen posible cada día.

Mientras tanto, los pacientes sufren las consecuencias: listas de espera que no bajan, consultas saturadas y un sistema que se desangra por falta de profesionales motivados. La tercera huelga del año no es un lujo; es un grito de auxilio. Un recordatorio de que, para un gobierno que se dice progresista, la verdadera prueba de coherencia no está en los discursos ni en las fotos con bata blanca, sino en escuchar a los médicos cuando estos piden lo que antes exigían desde la calle. Porque olvidar a los médicos en cuanto se toca poder no es progresismo. Es, simplemente, una traición.

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