Los inicios del liberalismo en Europa y Latinoamérica

Susana Gómez Nuño

El liberalismo será uno de los pilares que sostendrá las transformaciones sociales, políticas, económicas y culturales a lo largo del siglo XIX. La caída del Antiguo Régimen y el establecimiento de los regímenes parlamentarios en Norteamérica y en Europa favorecerán su instauración. No obstante, el liberalismo latinoamericano, aun emparentado con el europeo, posee formas específicas acordes a la situación colonial de los pueblos latinos en ese periodo.

Europa

La situación en Europa después de la caída del Imperio francés en 1815 propugnaba una vuelta al Antiguo Régimen mediante la Restauración, que se caracterizaba por un fortalecimiento político de las estructuras sociopolíticas basadas en el Antiguo Régimen, tan devaluadas por los ideales revolucionarios, una abolición de los principios de la Revolución Francesa –soberanía nacional, igualdad jurídica de individuos y limitación de la autoridad real– y una reorganización geográfica y política del continente para evitar el retorno del imperialismo francés.

Los principios de la Restauración se fundamentaban en el orden, la jerarquía y la tradición. De este modo se favorecía a los grupos privilegiados y al clero. Sus postulados esenciales fueron el legitimismo, que daba poder absoluto al monarca y la intervención militar, necesaria para evitar nuevos movimientos revolucionarios. En este marco se conformaron dos coaliciones internacionales: la Santa Alianza que defendía el absolutismo y la religión cristiana, y la Cuádruple Alianza que pretendía evitar la vuelta del imperialismo.

A pesar de que el imperialismo napoleónico unió de forma casual a los partidarios del Antiguo Régimen y a los revolucionarios burgueses y populares, una vez Napoleón fue derrotado, el absolutismo se hizo con el poder para favorecer a los privilegiados. Aun así, la Restauración del Antiguo Régimen no fue tarea fácil. El espíritu revolucionario impregnaba Europa y se habían producido muchos cambios, tales como la abolición del feudalismo y el acceso de los burgueses a la propiedad de la tierra.

En el ámbito de la erudición, las ideas liberales y románticas así como las reivindicaciones naciones favorecieron la creación de un pensamiento en contra de la nueva sociedad restaurada. La burguesía fortalecida económicamente por el auge del capitalismo y resuelta a conseguir el tan codiciado poder político propició el surgimiento de un proletariado contrario al absolutismo y favorable a las libertades sociales y políticas. Esto produjo una multitud de revoluciones encabezadas por burgueses, intelectuales y clases populares que no siempre alcanzaron el éxito esperado pero que propiciaron el fin definitivo del Antiguo Régimen en Europa durante la segunda mitad del siglo XIX.

El liberalismo político jugó un importante papel en estos procesos revolucionarios que barrieron Europa y se constituyó como el soporte ideológico de los mismos. Se caracterizaba por la defesa de los derechos individuales y de los ciudadanos y por consiguiente, requería que estos derechos fueran reconocidos por los regímenes constitucionales. Proclamaba la separación de poderes y establecía el derecho al voto, que la burguesía controló mediante el sufragio censitario. Esto último descubría el carácter contradictorio del liberalismo, que parecía ofrecer una libertad que finalmente quedaba sesgada al no permitir el voto a las clases populares. Así pues, podemos determinar que el liberalismo quedó al servicio exclusivo de los intereses económicos de la burguesía.

Latinoamérica

La independencia de Latinoamérica se vio favorecida por el pensamiento ilustrado que había llegado a los intelectuales de las colonias.

Aunque la Ilustración tuvo un importante papel en Hispanoamérica, sin embargo este papel no fue la “causa” originaria de la independencia. Más bien fue un movimiento de ideas procedentes de la Ilustración, a través del movimiento revolucionario en las nuevas repúblicas, donde aquellas se convirtieron en un ingrediente esencial del liberalismo latinoamericano. John Lynch. Las revoluciones hispanoamericanas 1808-1826.

La emancipación de Norteamérica y la Revolución Francesa fueron claros ejemplos de que el absolutismo podía ser derrocado. Los latinoamericanos inspirados por estos hechos creyeron que era posible liberarse del yugo colonial. Soplaban aires de cambio y la crisis de la independencia latinoamericana fue “el desenlace de una degradación del poder español que, comenzada hacia 1795, se hacía cada vez más rápida”. Por su parte, los criollos, blancos nacidos en América, eran la clase dominante contraria a la gestión colonial, donde no tenían ni voz ni voto, y a los excesivos impuestos. Además, se oponían a un sistema comercial que no abastecía la demanda y vetaba el comercio con otros países. La invasión napoleónica creó un vacío de poder que junto con la creación de juntas o asambleas formadas por criollos favoreció el movimiento independentista.

Posteriormente, una vez destituidas las autoridades coloniales, aparecieron las primeras revoluciones en 1810 en varios territorios latinoamericanos, que se extenderían más adelante por todo el continente. Las clases populares como los campesinos y esclavos, se unieron a la lucha con el fin de acabar con las desigualdades sociales y económicas. El temor de que estas clases llegaran al poder hizo retroceder a los criollos que se unieron a los españoles acabando así con la primera tentativa de independencia.

En 1816, y con el apoyo, basado en intereses económicos y de mercado, de Gran Bretaña, se reanudó la lucha por la independencia que se vio favorecida por la inestabilidad política de España provocada por la restauración del absolutismo. Así pues, entre 1816 y 1824 el continente quedo libre del colonialismo español y se consiguió la independencia en prácticamente todo el territorio latinoamericano.

Después de quince años de guerras contra los colonizadores españoles las colonias eran libres. A pesar de ello las desigualdades sociales persistieron. El poder político tan solo cambió de manos, pasando de los españoles a los criollos, que continuaron con las prácticas heredadas de los colonizadores y siguieron sometiendo a indios, mestizos y esclavos negros, que conformaban la mayoría de la población.


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