La universidad como última barrera

Por Iria Bouzas

Soy una firme defensora del trabajo de investigación que se realiza en las universidades españolas, asumiendo que la inversión pública que financia esos trabajos no siempre es rentable o mejor dicho, no siempre es posible medir la rentabilidad de los mismos en términos monetarios.

Concentración en el campus de Móstoles de la Universidad Rey Juan Carlos durante la jornada de huelga de sus alumnos.

Si en este aspecto nos dejamos llevar por la teoría liberal de que todo debe ser monetizado y toda inversión debe tener un retorno en términos de dinero, deberíamos eliminar de nuestras universidades la mayoría de los estudios que en ellas se realizan a día de hoy.

Es complicado encontrar una aplicación económica de los estudios de Filosofía, Literatura y si me apuran ustedes un poco, de prácticamente casi todas las ciencias sociales.

Si al final, las teorías liberales terminan por imponerse (cosa que no dudo que terminará pasando), las universidades se limitarán a ofrecer únicamente estudios de ingenierías y profesiones similares. Las universidades serán los lugares donde los alumnos se dediquen única y exclusivamente a aprender a crear y montar cachivaches que sean susceptibles de ser vendidos y a estudiar las formas para generarnos más y necesidad de poseer dichos cacharros.

Pero las universidades se están pudriendo porque las han colonizado los políticos. Personas mediocres, catetos con ínfulas y traje que las convierten en chiringuitos a su servicio sin importarles ni por un segundo que, por ello, su sangre corrupta de mediocridad se transfunda a toda la sociedad.

En este modelo de mundo hacia el que vamos a paso acelerado, todo debe ser susceptible de ser vendido y comprado porque somos una sociedad de consumidores que se sustenta en la necesidad de satisfacción de la propia compra. En el momento en el que dejemos de ir cada día a comprar para sentirnos realizados, se desmontará toda la estructura económica sobre la que estamos asentados y habrá que encontrar una forma nueva de vivir.

Y es por esto que en este paradigma hay áreas de estudio y conocimiento que resultan terriblemente molestos e incómodos.

En un modelo neoliberal de manual, la psicología debería limitarse a estudiar cómo funciona la mente del consumidor y a desarrollar nuevas estrategias para aumentar la necesidad de consumo. También puede ser útil para mantener dentro de unos parámetros manejables, los problemas de ansiedad y depresión que nos puede producir el hecho de vivir como autómatas en vez de como personas.

¡Enfermos sí, pero lo justo para poder seguir produciendo y consumiendo!

Los sociólogos también pueden ser útiles si se centran en estudiar la manipulación y el comportamiento de los grupos. Nada de divagar hablando de términos peligrosos como la anomia social y similares, esas cosas no dan dinero y ya sabemos que lo único por lo que debemos estar preocupados es por servir fielmente al “Dios del Oro”.

“El sistema capitalista no precisa de individuos cultivados, solo de hombres formados en un terreno ultraespecífico que se ciñan al esquema productivo sin cuestionarlo”. Karl Marx.

Y ya puestos, los filósofos, filólogos, historiadores y demás estudiosos de las carreras de Humanidades deberían desaparecer directamente.

Conocer la Historia, pensar o trabajar con las palabras son actividades poco o nada lucrativas y según aquellos que nos quieren convertir solo en máquinas de producción y consumo que respiran, la sociedad no debe invertir en ellas ni una miserable moneda que pueda estar mejor produciendo réditos en algún otro lado.

Si no hacemos nada, si no desarrollamos un cuerpo teórico sólido y bien explicado que presente una alternativa creíble, en pocos años nos vamos a ver todos instalados en un presente tan horrible que va a parecer más el argumento de una novela distópica que la realidad cotidiana de nuestras vidas.

Si nos van a convertir en máquinas, yo me quiero declarar desde ya ludita. No voy a destrozar personas, pero sí pensaré y de forma muy intensa, en qué opciones tendré para ayudar a destrozar el sistema en sí.

Los luditas eran artesanos ingleses que protestaban contra la destrucción de empleo que generaban las máquinas. Esto lo sé, porque es un hecho histórico. Y exactamente para eso sirve la Historia, para enseñarnos. Y todo aquello que nos enseña, nos vuelve mucho más fuertes contra los que quieren manipularnos para convertirnos en presas fáciles de explotar.

Las universidades son una barrera a la infamia en la que quieren transformar nuestra sociedad porque el conocimiento es lo único que nos puede mantener a salvo de los que nos quieren robar nuestro patrimonio vital.

Las universidades han sido, son y espero que seguirán siendo, los centros de estudio y debate de cualquier sociedad que pretenda definirse a sí misma como civilizada.

Si al final, las teorías liberales terminan por imponerse (cosa que no dudo que terminará pasando), las universidades se limitarán a ofrecer únicamente estudios de ingenierías y profesiones similares.

En la universidad deberíamos ver el motor primero de todos los avances sociales y económicos. Son lugares donde se reúnen el conocimiento de los maestros con la fuerza y la necesidad de transformación de los estudiantes.

Pero las universidades se están pudriendo porque las han colonizado los políticos. Personas mediocres, catetos con ínfulas y traje que las convierten en chiringuitos a su servicio sin importarles ni por un segundo que, por ello, su sangre corrupta de mediocridad se transfunda a toda la sociedad.

Lo que estamos viendo con la Universidad Rey Juan Carlos es repugnante. Repugnante y peligroso, y lo peor es, que todos sabemos que esta no es la única universidad que está enferma de política.

Los políticos llenos de roña y vacíos de alma que tenemos en este país son un foco de infección que está contaminándolo todo y el único antibiótico que nos queda para poder desinfectarnos son los libros. Ellos lo saben y por eso están intentando ensuciarlos y enfermarlos poniendo sobre ellos sus manos pegajosas llenas de mierda.

Espero que el daño que hayan hecho no sea ya irreparable porque entonces estaremos totalmente perdidos.

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