Yo no soy comunista, pero…

Por Ibai Otxoa

Creo que es hora de hacer un artículo sobre comunismo, así, con todas las letras, con todos los pros y todos los contras. Si vamos a hablar de todo un sistema económico alternativo o bien del movimiento que promueve este sistema, no nos vale quedarnos a medias: no nos vale usar falacias, excluir casos, etc.

Ante todo, partir de una definición rápida y sencilla: el comunismo consiste en la abolición de las clases sociales, al colectivizar los medios de producción. La figura del dueño de los medios de producción desaparece: estos medios pasan a ser gestionados por los propios trabajadores.

El comunismo no significa que no haya dinero o mercado. El comunismo no priva de la propiedad de objetos ganados con el trabajo (vamos, no significa que “todo es de todos”). En el comunismo no todo el mundo cobra lo mismo. Esto no significa que no haya algunas ramas del comunismo en las que pueda pasar esto, pero vamos, que no necesariamente es lo que propone un comunista cualquiera. En el comunismo, el Estado cumple la función de ir gestionando estos cambios durante lo que se llama socialismo, una etapa de transición hasta que el Estado ya no es necesario y termina desapareciendo (esto es, en un territorio comunista propiamente dicho no existiría el Estado; la diferencia con el anarquismo es que el Estado va desapareciendo poco a poco al dejar de ser necesario, en lugar de derrocarse directamente). Todo esto puede parecer más o menos obvio, pero sorprende la cantidad de falsas creencias impuestas por el discurso neoliberal que pueden encontrarse.

A partir de ahí, creo que ya podemos empezar un análisis decente, valorando los efectos que en la práctica ha tenido el comunismo, tanto en países socialistas que han intentado acercarse al comunismo como en los que no (cosa que ya no suele hacerse muy a menudo).

Uno de los principales problemas en estos países socialistas han sido los regímenes excesivamente autoritarios. El comunismo no es autoritario de forma inherente; obviamente, el término “dictadura del proletariado” es una metáfora para designar la fase durante la cual las clases sociales aún no han sido abolidas, pero el proletariado pasa a tener autoridad sobre el burgués. Es decir, se contrapone a la “dictadura del capital” que sufriría cualquier país que tenga una economía de mercado; no se está refiriendo a una dictadura en un sentido literal. Sin embargo, es cierto que en la práctica han prevalecido los gobiernos autoritarios.

Esto nos lleva a la cuestión de los 100 millones de muertos. Naturalmente, esta cifra, sacada del Libro Negro del Comunismo, siempre ha sido tremendamente exagerada y ni se sostiene ni encaja en los datos demográficos del siglo XX ni por asomo: habría supuesto prácticamente el fin de los países en los que supuestamente ocurrieron dichos genocidios. Con  todo, sí es cierto que muchas personas acabaron en gulags o ejecutadas.

El Libro Negro del Comunismo incluye cifras, por ejemplo, directamente inventadas por Goebbels como parte de la propaganda nazi contra la Unión Soviética.

Mi postura frente a esto siempre ha sido la crítica, considerando el comunismo como un mal menor frente al capitalismo. Partiendo del obvio hecho de que la gente muere, la pregunta que hay que hacerse es cuánta gente ha muerto en países socialistas respecto a qué; es decir, cuánta gente ha muerto en países socialistas cuyas muertes hubieran sido evitables bajo un sistema capitalista.

Considerando la ingente cantidad de millones de muertes al año por hambre o por enfermedades fácilmente evitables –resulta indiscutible que en el mundo ya se producen alimentos y medicamentos de sobra para evitar estas muertes,  en caso de que un  sistema económico permitiese su reparto-, así como guerras en cuyo casus belli quede más que evidente que todos los intereses implicados son puramente capitalistas (y entre las que podríamos citar, ya desde tiempos relativamente tempranos de la edad moderna, las Guerras del Opio o la I Guerra Mundial, sin ir más lejos)… bueno, creo que resulta evidente que el capitalismo provoca más muertes que el socialismo. Eso sin contar muchas otras fuentes menores, como accidentes laborales fácilmente evitables con recursos sencillos que no se han concedido por intereses capitalistas (sorprende, por ejemplo, la cantidad de muertos en incendios y accidentes de fábricas que sencillamente no contaban con una simple salida de emergencia para esos casos).

Naturalmente, sería falaz quedarnos con el simple dato “el capitalismo provoca más muertes que el socialismo” por una razón muy sencilla: existen y han existido muchísimos más países con una economía capitalista que con una economía socialista. Este dato posibilitaría que, efectivamente, el socialismo provocase más muertes proporcionalmente. La idea es que, ante un número de muertes tan inmenso, creo que realmente el capitalismo provoca más muertos que el socialismo incluso en proporción: mayor porcentaje de muertos entre la gente sobre la que repercute.

Esto no quita, insisto, que se hayan producido auténticos genocidios bajo gobiernos socialistas. Llegados a este punto del artículo igual es redundante repetirlo, pero quiero que quede bien claro: si vamos a defender el socialismo frente al capitalismo, no podemos cometer el error de negar o restar importancia a las masacres cometidas por el socialismo. Un análisis serio tiene que ser riguroso, bastante más que el Libro Negro del Comunismo anteriormente citado que incluye cifras, por ejemplo, directamente inventadas por Goebbels como parte de la propaganda nazi contra la Unión Soviética. Sin embargo, es cierto que no somos omniscientes, existen manipulaciones deliberadas por parte de ambos bandos y no podemos conocer las cifras exactas, así que, por desgracia, solo podemos trabajar con aproximaciones a las auténticas cifras de muertos.

La existencia de gobiernos socialistas también salvaba vidas de ciudadanos de países capitalistas. Podría ser muy discutible el grado en que ocurre esto, pero el hecho de que ocurre me parece innegable.

Dicho esto, quería repasar el argumento contemplado al principio de la influencia de países de un sistema en los países con el sistema contrario. Creo que este análisis termina inevitablemente pintando como más favorable el socialismo, pues un vistazo a la historia del siglo XX confirma con poco margen de dudas que lo que conocemos como Estado del bienestar surge como fruto de la guerra ideológica entre ambos sistemas: al haber un oponente directo, ambos sistemas deben trabajar en mejorar lo máximo posible la vida de sus habitantes para que estos no prefieran la alternativa.

En ese sentido, creo que ya desde la revolución rusa en 1917 se contemplan consecuencias en el mundo capitalista: sin ir más lejos y como primer ejemplo, el sufragio femenino. Aunque el sufragismo ya se había anotado algunas victorias (Australia del Sur, Finlandia, Noruega…), es la revolución rusa la que dispara la aprobación del sufragio femenino en las principales potencias capitalistas: Alemania y parte de Inglaterra en 1918, Austria, Bélgica, Holanda o Suecia en 1919, EEUU en 1920… la premisa que creo que queda clara para los poderes que gobiernan en países capitalistas es “debemos mejorar la calidad de vida de la ciudadanía o preferirán el socialismo antes que a nosotros”. Difícilmente podremos encontrar a alguno confesándolo tan abiertamente, por supuesto, pero no creo que sea una hipótesis digna de una teoría de conspiración. Creo que cualquiera que ojee la lista de países en las que se aprueban diversas medidas positivas, a menos que se encuentre totalmente cegado por sus prejucios ideológicos, encontrará que el intento por igualarse al socialismo es, si bien no el único factor, al menos uno de los más importantes.

Lo que quiero decir es que medidas tan importantes para la vida y para la calidad de vida como son las bajas laborales, la jubilación, la Sanidad y Educación públicas, las ayudas sociales y un largo etcétera no habrían existido de no ser por los regímenes socialistas: por sí solos, los regímenes capitalistas no habrían concedido ni una pequeña parte de estas medidas y, probablemente, mucho más tarde. Por esto decía que el comunismo sale beneficiado en este análisis: porque llegamos a la conclusión inevitable de que la existencia de gobiernos socialistas también salvaba vidas de ciudadanos de países capitalistas; en todo caso, podría ser muy discutible el grado en que ocurre esto, pero el hecho de que ocurre me parece innegable.

‘Du côte de l’URSS’, de Agustín Parejo School.

Tampoco podemos descartar, naturalmente, el efecto contrario: que la influencia de los países capitalistas mejore la calidad de vida en los sistemas socialistas. Podemos, de hecho, asumir que esto ocurre a varios niveles (las libertades individuales, muy probablemente). Sin embargo, creo que el efecto es notablemente mayor en sentido contrario, puesto que las medidas que más vidas salvan (las antes citadas jubilaciones, Sanidad pública, etc) se implantan antes en países socialistas que en los capitalistas: y en este caso, el orden cronológico es crucial, al ser un sistema el responsable de que se implanten y otro sistema limitarse a copiarlas para contentar a sus ciudadanos.

Volviendo unos párrafos atrás, cuando he afirmado que el capitalismo provoca más muertos que el socialismo incluso en proporción, estas muertes que la influencia de gobiernos socialistas ha evitado también deben ser tenidas en cuenta. Todos esos ciudadanos de países capitalistas que hubieran muerto por hambre, agotamiento, accidentes laborales, por no tener dinero para pagar medicinas u operaciones, etc… y que finalmente se salvaron gracias a un Estado del bienestar que el capitalismo implantó para poder rivalizar con las condiciones de vida del socialismo, son también muertes evitadas por el socialismo.

Es la revolución rusa la que dispara la aprobación del sufragio femenino en las principales potencias capitalistas: Alemania y parte de Inglaterra en 1918, Austria, Bélgica, Holanda o Suecia en 1919, EEUU en 1920…

Se podría sumar a eso, si consideramos las distintas variantes del comunismo como una sola ideología, las características propias del Estado del bienestar que han sido conquistadas en países capitalistas en base a huelgas, protestas, etc, inspiradas por ideas de movimientos obreros. No obstante, esto sería mucho más difícil de calcular, y también es debatible si ideas influidas por movimientos revolucionarios en países capitalistas podrían estrictamente ser consideradas así; en mi caso, sí creo que es al menos un factor a tener en cuenta. En este caso no podemos considerar estos eventos como indicios de que la implantación de un sistema socialista salvaría vidas, porque no se llegó a implantar; pero sí podemos considerar como indicios que la abundancia de ideas comunistas, anarquistas, etc, en sociedades capitalistas ha llevado a la formación de huelgas, protestas, etc, que a su vez han repercutido en mejores condiciones de vida y mejores condiciones sociales para la ciudadanía de dichos países capitalistas: incluso, exceptuando tal vez a quienes provienen de familias millonarias, a quienes abrazan ideas de derecha o extrema derecha, pero que tendrían una jornada laboral de 16 horas, sin vacaciones pagadas, sin posibilidad de bajas laborales y sin jubilación o pensiones de no ser por las ideas que tanto detestan.

Por último, me gustaría incidir en la necesidad de ser rigurosos e intentar hacer un análisis objetivo, no comparar el capitalismo y el comunismo con la intención de que salga favorecido el sistema que animamos por defecto, como si fuera parte de nuestra identidad y aún cuando quizá lo sea. Esto es, no se trata de afirmar “creo que el comunismo es mejor que el capitalismo porque yo soy comunista y voy a hacer a propósito un análisis en el que valoro que es así”, sino más bien invertir la causa y la consecuencia: “creo que el comunismo es mejor que el capitalismo porque he hecho un análisis en el que valoro que es así y por eso soy comunista”. Obviamente, si comparando diversas cifras de muertos como he hecho a lo largo de este artículo, comparando la I Guerra Mundial y el hambre en África con los gulags y Mao, el libre mercado con la intervención del Estado para ofrecer ayudas sociales, etc, hubiera llegado a la conclusión de que el comunismo ha matado a mucha más gente que el capitalismo, pues estaría defendiendo el capitalismo en este artículo. Lo que sucede es lo contrario porque esas son las conclusiones que me parecen inevitables al comparar ambos sistemas, no porque yo esté a sueldo del fantasma de Stalin o porque me vayan a dar un pin por pensar que el comunismo es mejor.

La conclusión a la que llego es que, cada vez que leo a alguien decir que el comunismo ha provocado 100 millones de muertos, no puedo evitar pensar que el balance de muertos del comunismo es, de hecho, negativo. Al tener que comparar necesariamente las cifras de muertos que ha ocasionado el comunismo con los que se habrían producido de no haber existido el comunismo y de haber prevalecido en todo momento el capitalismo (o, incluso, el fascismo y el nazismo, si no contamos con que hubiera estado ahí la URSS para invadir Berlín y derrotar a Hitler), creo que el comunismo ha evitado un número notablemente mayor de muertes que las que ha provocado. Por tanto, en términos absolutos y aún cayendo en una deshumanización que reduce a las personas individuales a cifras pero que, por frío que suene, es como se debe tratar un análisis global, el comunismo no ha producido muertes: más bien las ha evitado.

One thought on “Yo no soy comunista, pero…

  • 18/12/2018 at 5:53 pm
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    Y proporcionalmente a la poblacion, franco mato mas que stalin
    Hay varios libros sobre ls muertos provocados del comunismo y sus leyenas negras falsas en gran medida, antes tenia los titulos pero me petó el pc + el disco duro y ls perdi

    Reply

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