
El libro es, en cierto modo, un ejercicio de reparación y de justicia que intenta romper con el silencio que, también desde los colectivos memorialistas, desde las universidades y desde las instituciones, se impuso durante décadas sobre las mujeres.
Por Angelo Nero | 21/09/2025
Sol Gómez Arteaga nació en la localidad leonesa de Valderas, en Tierra de Campos, donde, a pesar de residir en Madrid sigue ligada a sus raíces. Valderas la roja, llamaban a su pueblo en los años treinta, cuando estaba gobernada por el alcalde comunista Victoriano López Rubio. Roja como la sangre derramada por los fascistas, cuando entraron en Valderas, y asesinaron a 77 de sus vecinos, llevándose a 178 a las cárceles siniestras del franquismo. De esas raíces rojas surgió la memoria de Sol, a través de la voz de un abuelo que no conoció, José Gómez Chamorro, fusilado el 9 de octubre de 1936 en el cementerio de Astorga, y de su bisabuelo, Andrés Carriedo Callejo, condenado a muerte y que pasó siete años en prisión, tras la conmutación de su pena. Una memoria familiar que recogió en “Los cinco de Trasrey” que convirtió en memoria colectiva, y que la llevo a seguir caminando por esos senderos de la memoria en los que, felizmente, nos encontramos.
Hace cinco años, más o menos, me había puesto al frente de la sección de Memoria Antifascista del diario digital Nueva Revolución, y por entonces todavía pensaba que esta estaba reservada a los guerrilleros, a los sindicalistas asesinados, a los presos políticos, a los republicanos exiliados, a los intelectuales, a los militantes clandestinos, en definitiva, a un largo inventario de hombres buenos y generosos, que habían lo habían dado todo por la libertad, por un mundo más justo. Estaba, entonces, en primero de Memoria, o más bien, como decíamos antes, en parvulitos, porque gracias a compañeras como Sol Gómez Arteaga, descubrí que la Memoria también tiene nombre de mujer. También hubo guerrilleras, sindicalistas, intelectuales, militantes clandestinas y exiliadas, y también, siguiendo sus pasos, historiadoras, arqueólogas, escritoras, dirigentes sindicales y políticas, que recuperaron los nombres y las voces de aquellas mujeres valientes y generosas que merecen un lugar destacado en nuestra Memoria Antifascista.
Memoria de las mujeres, el último libro de Sol Gómez Arteaga, es, en cierto modo, un ejercicio de reparación y de justicia que intenta romper con el silencio que, también desde los colectivos memorialistas, desde las universidades y desde las instituciones, se impuso durante décadas sobre las mujeres, no sólo por haberse colocado en el lado correcto de la historia, sino también por ser mujeres. Entre 2021 y 2024 nuestra compañera Sol, nos fue regalando, en las páginas de Nueva Revolución, con los testimonios de veinticinco mujeres que, desde distintos ámbitos, han aportado su granito de arena en la construcción de la memoria colectiva de nuestro estado. Entrevistas que han sido recogidos en este hermoso libro gracias a la iniciativa de la Editorial Marciano Sonoro, de León, y de la Fundación Jesús Pereda, de CCOO.
En este libro encontrareis a mujeres que llegaron a la Memoria Antifascista desde su propia memoria familiar, como Susana Toral, María Eugenia Castiello, Pepa Miranda, Hedy Herrero, Camino Alonso, Maribel Luna; desde la sensibilidad de la música comprometida, como a nuestra querida Isamil9, que también nos acompaña hoy; y también encontraréis a editoras, como Cristina Pimentel; a activistas de la memoria, como Luisa Vicente, Tere Rivas o María Huelva Salas; a documentalistas, como Ruth Sanz Sabido y Eloína Terrón; a arqueólogas, como Laura González-Garrido y Yaiza Alonso; a historiadoras, como Beatriz García Prieto, María Jesús Izquierdo, Ana Cristina Rodríguez Guerra y Laura Martínez Panizo; a periodistas, como Ana Gaitero y María Antonia Reinares; a escritoras, como Fermi Cañaveras y María Torres; a abogadas, como Silvia Traversa; a antropólogas, como Neus Roig, Son veinticinco testimonios de Mujeres con Memoria, que construyen la Memoria de las Mujeres, pero podrían haber sido muchas más, de hecho, continúan publicándose en Nueva Revolución nuevas entrevistas de Sol Gómez Arteaga a mujeres que, desde distintos lugares y profesiones, siguen luchando contra el olvido, ese agujero negro donde, lo estamos viendo ahora mismo, vuelve a arraigarse el fascismo.
La represión sobre las mujeres, que se cernió sobre varias generaciones, fue doble, por su condición de resistentes, de sindicalistas o militantes políticas, de enlaces de la guerrilla, de miembros de redes de solidaridad, de intelectuales o de madres, hijas o hermanas de aquellos a los que la represión había asesinado o encarcelado, pero también por su condición de mujeres, porque, al fin y al cabo, con el franquismo todas las mujeres perdieron, y se convirtieron en ciudadanos de segunda clase. Pero es que, además, la represión sobre las mujeres fue más larga, porque a los cuarenta años de régimen franquista, y a la transición sangrienta que le siguió, hay que añadir que la democracia no llegó al mismo tiempo para ellas que para ellos. El Patronato de Protección a la Mujer, por ejemplo, esa siniestra red de reformatorios, donde estaba institucionalizado el trabajo esclavo y el robo de bebés, continuó hasta 1985.
Y todavía después, el silencio. Muchas de las mujeres que sufrieron esa doble represión vivieron y murieron sin dar su testimonio. En la mayoría de los casos porque ningún historiador, ningún escritor, ningún documentalista, se interesó por ellas. La memoria era, hasta hace bien poco, cosa de hombres.
Sol Gómez Arteaga, como las veinticinco mujeres cuya voz escuchamos en este libro, rompe ese silencio y lo convierte en Memoria, en memoria de las mujeres, si, pero también en memoria de todo un país, que estaba privado de las voces de sus madres, de sus abuelas, de aquellas que mantuvieron encendida el fuego de la esperanza, en aquella longa noite de pedra. Por ellas, por las rapadas, por las violadas, por las que sufrieron prisión o nos gritan desde las cunetas, es tan necesario este libro que ayuda a sanar heridas, con una sensibilidad que se nos antoja difícil que pudiera tener un historiador o un periodista. Sol elabora con ternura y también con rigor, cuestiones que dan pie a que cada una de las mujeres que hablan aquí lo haga con confianza y con libertad, sabiendo que quien pregunta no es ajena al dolor de esas heridas, sabiendo que Sol es, además de interlocutora, cómplice, que entiende y comparte cada una de las luchas de cada una de ellas.
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