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El documental que está rodado con un acceso excepcional al interior de la fiscalía, un espacio que rara vez se abre, sigue cuatro casos reales: Karen Itzel, Yrma Lydya, Ariadna Fernanda y Joana Esmeralda.
Por Isabel Ginés | 29/03/2026
Hay documentales que informan. Y hay documentales que te dejan un rato quieta, pensando en todo lo que el sistema tarda en nombrar lo que ya tiene nombre. La Fiscal, que se estrenó el 26 de marzo en Netflix, es de los segundos. La serie documental sigue durante cuatro años a Sayuri Herrera, la primera titular de la Fiscalía de Investigación del Delito de Feminicidio en la Ciudad de México, un cargo que ocupó entre 2020 y 2025 tras ganar una convocatoria pública. No venía de la carrera institucional tradicional coda que no gustó ya que ella venía del activismo, de litigar desde fuera contra un Estado al que ahora tendría que entrar.
La directora Paula Mónaco la describe como una “figura atípica”, y en esa rareza está exactamente el interés de lo que se cuenta. Sayuri no es una protagonista cómoda para el sistema. Tiene una maestría en Derecho por la UNAM y otra en Derechos Humanos por la Iberoamericana, pero sobre todo tiene años defendiendo a quienes el sistema prefería ignorar. Es la abogada que consiguió que el caso de Lesvy Rivera —encontrada muerta en Ciudad Universitaria en 2017, clasificado inicialmente como suicidio— se juzgara como lo que era: un feminicidio.
La condena de 45 años al agresor fue un hito en México, un país donde el 90% de los delitos no se denuncian y apenas el 0,8% tiene resolución favorable. Que alguien con ese historial entrara a la institución encargada de investigar los feminicidios en la capital no fue un gesto simbólico. Fue una apuesta real, con todo lo que implica: la desconfianza de los que ya estaban dentro, la resistencia de estructuras acostumbradas a clasificar feminicidios como homicidios, a minimizar, a no investigar con perspectiva de género. Ella misma lo advirtió antes de tomar posesión: “Muchos servidores públicos justifican la violencia. Las investigaciones están cargadas de estereotipos y prejuicios.”
El documental que está rodado con un acceso excepcional al interior de la fiscalía, un espacio que rara vez se abre, sigue cuatro casos reales: Karen Itzel, Yrma Lydya, Ariadna Fernanda y Joana Esmeralda. No lo hace con morbo. Lo hace mirando de frente, acompañando también a las familias, mostrando las tensiones entre instituciones y afectados, los diálogos posibles y los que no llegan a producirse. Hay un testimonio de un niño testigo del feminicidio de su madre que solo se presenta en audio. Esa decisión lo dice todo sobre el tipo de respeto con que está hecha esta serie.
La coproductora Mónaco lo formuló con precisión: “Creo que es muy urgente, en tiempos tan oscuros de violencia feminicida, mirar cómo nos matan —porque el modo en que matan a las mujeres es muy diferente— sin morbo, pero sí de frente.” En México mueren diez mujeres asesinadas cada día. La Fiscal no convierte ese número en ruido de fondo. Lo convierte en rostros, en nombres, en familias que siguen esperando que la palabra justicia signifique algo.
Os la recomiendo sin reservas. No porque sea fácil de ver, sino porque es necesaria. Porque ver a Sayuri Herrera construir justicia desde dentro, con integridad y con los límites brutales que el sistema le impone, inspira de una manera que no es fácil de explicar pero sí de sentir. Es lo que pasa cuando alguien decide que cambiar las cosas desde adentro merece el intento, aunque el sistema te mire como si no pertenecieras. La serie merece tu atención. Y Sayuri Herrera, que lleva años mereciéndola, también. Una mujer excepcional y un documental necesario.
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