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En Possessor la línea que separa lo políticamente correcto de lo moralmente decadente queda difuminada a propósito para ofrecernos un espectáculo excesivo y grotesco, que hace burla del mainstream de Hollywood.
Por Angelo Nero | 8/11/2026
En 2012 Brandon Cronenberg presentó en la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes la inquietante y provocadora Antiviral, protagonizada por Caleb Landry Jones, Sarah Gadon y Malcolm McDowell -protagonista de La naranja mecánica-, una obsesiva historia futurista, en la que los fans más incondicionales acudían a clínicas especializadas para inocularse los virus que replicaran las enfermedades de los famosos objeto de su devoción. Aunque la sombra del padre era alargada, Brandon intentó buscar su propia voz, con esta delirante fábula, que tuvo muy buena acogida por la crítica y por el público, y tardó ocho años en presentar un nuevo largometraje, Possesser, donde, sin poder romper el cordón umbilical con su padre, volvió a la ciencia ficción más retorcida, y en cierto modo le rindió homenaje con una distopía que tiene muchos elementos de eXistenZ, la película que dirigió David Cronenberg hace casi tres décadas.
En un futuro alternativo, Brandon nos presenta a Tasya Vos (Andrea Riseborough), una asesina a sueldo que, gracias a la tecnología, se hospeda en el cuerpo de sus víctimas, gracias a un implante instalado en el cerebro del huésped involuntario, al que obliga a perpetrar sus crímenes, y posteriormente conducirlo al suicidio, para completar su misión. La organización a la que pertenece le encarga un nuevo trabajo, después de que el último. En una de estas misiones se introduce en el cuerpo de Colin (Christopher Abbott), la pareja de Ava (Tuppence Middleton), cuyo padre es un acaudalado hombre de negocios, John Parse (Sean Bean), con el objetivo de eliminar a los tres y hacerse con su empresa. Aunque todo se complicará cuando, la mente de Colin se resista a perder el control, y luche contra la invasión de Tasya. El desmoronamiento de la familia de Tasya, la relación con su supervisora, Girder (Jennifer Jason Leigh), y el sentimiento de humillación de Colin, al que su futuro suegro le hace trabajar en los puestos más bajos de su empresa, también forman varias subtramas que se acaban encontrando en un final apoteósico.
Brandon Cronenberg maneja con brillantez el body horror, mostrando hacia sus personajes un distanciamiento que dificulta la identificación del espectador con ellos. En Possessor la línea que separa lo políticamente correcto de lo moralmente decadente queda difuminada a propósito para ofrecernos un espectáculo excesivo y grotesco, que hace burla del mainstream de Hollywood. Aquí no hay buenos ni malos: solo hay carne hackeable, tecnología y una profunda alienación. Tasya ejecuta sus misiones con un inusitado sadismo, su jefa Girder la manipula hasta poner en peligro su vida, y el anfitrión de su mente, Colin, se transforma en un títere reactivo ante la invasión. Cronenberg se entrega a una atmósfera obsesiva y perturbadora que no busca la aprobación del gran pública, sino la disección fría de la decadencia contemporánea. Una película que demuestra que, a espaldas de la industria, el body horror aún tiene la capacidad de subvertir y fascinar.
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