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Julien Maury y Alexandre Bustillo nos han vuelto a sorprender con “Le Mangeur d’Âmes”, donde a su habitual apuesta del cine de terror sangriento, le han sumado un cruce de géneros, con el polar francés.
Por Angelo Nero | 09/12/2024
En 2007 el cine de terror francés daba un nuevo giro de terror ultraviolento con “À l’intérieur”, la película dirigida por el tandem compuesto por Julien Maury y Alexandre Bustillo, en la que una joven embarazada (Alysson Paradis), destrozada por la perdida de su pareja, es acosada en su domicilio por una desconocida (Béatrice Dalle), en plena noche de navidad, con la intención de llevarse a lo que se está gestando en su vientre. Una apuesta hacia lo más gore del género, que alcanzaría las cotas más altas en películas como las de Pascal Laugier, en 2008 con “Martyrs”, autor también de la la inquietante “Ghostland”, diez años más tarde.
Julien Maury y Alexandre Bustillo emprendieron una prolífica carrera juntos en “Livide” (2011), “Aux yeux des vivants” (2014), la precuela del clásico de cine de terror “La matanza de Texas”, “Leatherface”, en una producción americana con Stephen Dorff, Vanesa Grasse y Lili Taylor, en 2017, “Kandisha” (2020) y “The Deep House” (2021).
Este 2024, nos han vuelto a sorprender con “Le Mangeur d’Âmes” -aquí titulada con el poco acertado título de “Las desapariciones”-, donde a su habitual apuesta del cine de terror sangriento, le han sumado un cruce de géneros, con el polar francés, otro de los polos de interés del cine galo en los últimos años, con una historia ambientada en una tranquila comunidad rural, Roquenoir, encajada entre montañas, que mezcla asesinatos rituales y niños desaparecidos, adaptando la novela homónima del escritor Alexis Laipsker.
La comandante Elisabeth Guardiano (Virginie Ledoyen) acude a Roquenoir para investigar un incomprensible crimen, donde una pareja se ha agredido con brutalidad mutuamente hasta la muerte de ambos, y coincide con el capitán de la gendarmería Franck De Rolan (Paul Hamy), que está investigando la desaparición de varios niños en la región. Los asesinatos se suceden, cada cual más escabroso, mientras sobrevuela sobre ellos un mito de la zona, el devorado de almas, que da título al film, y que nos remite también a otro subgénero en auge en los últimos tiempos, el folk horror, en el que el pasado también es un elemento para aterrorizanos. También el pasado atormenta a los protagonistas de “Le Mangeur d’Âmes”, el capitán De Rolan y la comandante Guardiano, pues ambos tienen una mochila de dolor que les imposibilita para relacionarse con el mundo más allá de lo necesario para conseguir sus objetivos. Los dos recorren caminos divergentes, que están condenados a encontrarse, mientras los espectadores van recogiendo pistas ensangrentadas, para llegar a un final realmente sorprendente, y que convierte a esta película en imprescindible tanto para los amantes del terror, como para -quizás más para estos- del polar francés.
La atmósfera de la película, en especial el recorrido por la casa de los horrores del final, así como la caracterización del devorador de almas, le da un sólida consistencia a esta historia en la que ya de por si el guión elaborado por Annelyse Batrel, Ludovic Lefebvre es suficientemente solvente, en el que hay un elemento que subyace bajo la superficie, el de los lugares del rural de Francia económicamente deprimidos, donde los “déserteurs de la charrue” huyen a las grandes urbes, en busca de un mundo quizás no mejor, pero si diferente. El devorador de almas es también ese modelo capitalista que, desde ya hace décadas, empuja a la gente del campo hacia las ciudades, por falta de expectativas de progreso en su lugar de origen.
Titulo poético para una peli de terror. Tendremos qie ir al cine