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Los directores reducen a Lorca a folclore, lo abstraen de su contexto histórico y usan su homosexualidad como elemento conciliador de clase.
Por Ana Redondo | 11/10/2026
La Bola Negra, el film de Javier Ambrossi y Javier Calvo (Los Javis) inspirado en la obra inacabada de Federico García Lorca y en La piedra oscura de Alberto Conejero, ha sido uno de los títulos más celebrados del año.
Premiada con la mejor dirección en Cannes (ex aequo), con fuerte respaldo de público en Toronto y San Sebastián y seleccionada como candidata española a los Oscar, ha cosechado puntuaciones altas en agregadores internacionales.
Sin embargo, también ha generado un núcleo de críticas negativas —especialmente en parte de la prensa especializada española y entre voces preocupadas por la memoria histórica— que cuestionan su tratamiento de Lorca, su estética y su lectura de la Guerra Civil.
Simplificación histórica y revisionismo
Una de las críticas más recurrentes apunta a la simplificación del asesinato de Lorca. Tras la larga ovación en Cannes, Javier Calvo declaró que el poeta fue asesinado por el fascismo “porque era gay”. Esto provocó reacciones de historiadores y comentaristas que consideran que la película (y esas declaraciones) reducen un caso complejo a una sola causa, ignorando factores políticos, familiares y de contexto. Se recuerda que Luis Rosales, amigo falangista, lo protegió en su casa, y que rencillas y casualidades jugaron un papel. Voces como Josué Cárdenas o Céline Martin acusan a la película de “borrar la República, la lucha social y los partidos” y de presentar el fascismo como si su única agenda fuera eliminar a los gays.
“Pornografía de la memoria” y pretenciosidad
El crítico Ariel Schweitzer calificó la película de “pornografía de la memoria”, un término que resume la acusación de instrumentalizar el trauma histórico y queer para el efecto emocional sin la disciplina suficiente. Carlos Heredero, fundador de Caimán Cuadernos de Cine, fue especialmente duro: “Los despropósitos se suceden uno tras otro. Los cineastas engolan la voz y se ponen irrisoriamente trascendentes”. En su reseña se describe el film como cargado de “obviedades autoconnotativas” y de una “pretenciosa ampulosidad visual y sonora”, con una reivindicación “naíf” de la homosexualidad de Lorca.
Excesos estéticos, manierismo y didactismo
Varias reseñas coinciden en que la ambición desborda la película. Se critica el subrayado excesivo, el manierismo, las alegorías ingenuas (como la del joven agarrándose a una flecha de San Sebastián) y la recarga visual y sonora. La música incesante y un cierto aire de “telefilme” llevaron a la crítica japonesa Nanako Tsukidate a comparar el visionado con “estar atado a la silla eléctrica”. Críticos de Cinemanía hablan de asfixia de lirismo, secuencias previsibles y repetitivas, y de un final que se alarga sin capacidad de síntesis. El didactismo es otro punto recurrente: mensajes verbalizados, frases lapidarias y un tono que, según algunos, trata al espectador como incapaz de interpretar por sí mismo.
Mercantilización de Lorca y blanqueo del franquismo
Rubén Téllez Brotons (El Antepenúltimo Mohicano) señala que la “mercantilización” que los directores hacen de Lorca es problemática: lo reducen a folclore, lo abstraen de su contexto histórico y usan la homosexualidad del protagonista de la obra inacabada como elemento conciliador de clase. Inventar textos “lorquianos” para completar la obra se percibe como arrogancia por parte de algunos.
En una lectura más dura, el mismo crítico acusa a la película de blanquear a los soldados franquistas (presentándolos como apolíticos o víctimas), de practicar la equidistancia de la “guerra fratricida” y de erotizar el fascismo de forma problemática, con resultados que considera reaccionarios. Otros críticos, como Jerónimo José Martín, la ven maniquea: blancos y negros, sin grises, y con un tratamiento visual “muy morboso” del sexo.
La mayoría de críticas coinciden en que La Bola Negra carece de sutileza, de precisión histórica y profundidad.
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