El documental de Lorca: la emocionalidad anti histórica del ‘todos fuimos culpables’

Qué el sufrimiento de Lorca no nos impida ver este nuevo intento por blanquear las responsabilidades históricas en el origen de la guerra civil.

Por Lucio Martínez Pereda | 19/10/2026

El acertado comentario del historiador Miguel Ángel del Arco Blanco nos pone ante una realidad que puede resultar difícil de percibir: el documental dramatizado se vale del uso de la emociones para no notar que se vuelve a la simetría del “ Todos fuimos culpables” propia de la historiografía franquista del final de la dictadura dirigida políticamente Manuel Fraga. La ficción emocional no es neutra está reordenando la percepción del pasado. Qué el sufrimiento de Lorca no nos impida ver este nuevo intento por blanquear las responsabilidades históricas en el origen de la guerra civil.

El documental sobre Lorca parece querer conmovernos, y lo consigue. Pero esa conmoción, convenientemente administrada en la ficción, sirve para reinstalar la vieja simetría de responsabilidades del “todos fuimos culpables”: una fórmula que no nace de la investigación histórica, sino de la necesidad política del franquismo tardío de lavar su origen antidemocrático.

El “todos fuimos culpables” fue uno de los instrumentos con los que el franquismo tardío intentó borrar propagandísticamente su origen: si todos fueron culpables, nadie fue responsable; si todos perdieron, el golpe de Estado se convierte en una “guerra entre hermanos.” Fraga fue el artífice político de esa operación de maquillaje. Su empeño en responsabilizar a la República del golpe -y en presentar el alzamiento como una reacción- no fue una ocurrencia aislada, sino parte de una estrategia más amplia de legitimación del régimen y de su herencia política. Que esa narrativa siga circulando medio siglo después en una serie de ficción dramática es muy preocupante.

No cabe rendir homenaje a Lorca convirtiéndolo en coartada para una operación de reequilibrio histórico. El documental parece querer conmovernos y esa emoción sirve para reinstalar la idea del “todos fuimos culpables”, que no es una conclusión historiográfica sino una herencia política de la dictadura.

El recurso a la tragedia personal es legítimo; lo que no lo es es utilizarlo para difuminar la pregunta esencial: quién provocó el conflicto, quién lo organizó y quién se benefició de su desenlace. La Guerra Civil no fue un agente atmosférico que cayó sobre una España abstracta, sino el resultado de un golpe militar contra un gobierno legal, con una trama previa, unos responsables identificables y un proyecto de destrucción de la República.

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