![]()
Entrevistamos a Khadija Amin, periodista, presentaba la edición matinal de las noticias en la Televisión Nacional de Afganistán, cuando los talibanes, el 15 de agosto de 2021, tomaron nuevamente el poder.
Por Angelo Nero | 4/07/2025
Khadija Amin es una de esas mujeres afganas a las que los talibanes no han podido doblegar. Periodista y activista por los derechos humanos, nunca se ha resignado al triste destino que Afganistán le señala a las quince millones de mujeres que lo habitan, especialmente desde que hace casi cuatro años, los talibanes volvieran al poder, veinte años después de la primera proclamación del Emirato Islámico. Khadija Amin sufrió un matrimonio forzoso, a los doce años, del que tuvo tres hijos. Después de una larga lucha consiguió el divorcio y estudió periodismo en la Universidad de Kabul. A lo largo de cuatro años trabajó en diversos medios locales, adquiriendo un importante papel en la escena mediática en su país, especialmente al trabajar como reportera y presentadora del telediario en la Televisión Nacional de Afganistán. Tras la caída del gobierno de Ashraf Ghani y el abandono de las tropas estadounidenses, que lo sostenían, se ve obligada a abandonar su país, y llega a España en uno de los vuelos de evacuación del Ministerio de Defensa. Aquí colabora activamente en varios diarios y trabaja para la Fundación Telefónica, desarrollando actualmente documentales para la productora Telefónica Broadcast Services (TBS). Además es la presidenta de HOF Hope of Freedom (Asociación Esperanza de Libertad).
Este viernes 4 de julio, participa en Vigo, en un acto sobre “Mujer y derechos humanos en Oriente Medio”, organizado por Amnistía internacional. Y el sábado 5, participará en Moaña en el III Congreso de Geopolítica Participativa y Diversidad, organizado por la Universidad de Vigo, y con la colaboración de Amnistía Internacional y el Concello de Moaña.
Estamos cerca del cuarto aniversario de la entrada de los talibanes en Kabul. Me imagino que será muy duro volver a recordar aquel 15 de agosto, pero ¿cómo viviste aquellas horas en las que colapsó el gobierno afgano, con la huida del presidente Ashraf Ghani y la evacuación de las tropas norteamericanas?
Me acuerdo muy bien de ese día, no puedo olvidar todo lo que nos pasó. Fue durísimo. Yo no imaginaba, como periodista, que de una forma tan fácil pudiéramos perder nuestros derechos. Esa mañana, a las nueve, iba a presentar los informativos, y a las doce me obligaron a abandonar la oficina. Fue un shock, ahora lo pienso y me parece imposible. Que por la mañana vas a la oficina y en tres horas te obliguen a dejar tu trabajo. Fue muy duro para mí, una pesadilla que todavía sigo viviendo, me duele recordar lo que me pasó a mí y a todas las mujeres afganas. Es para mí un día negro en mi vida.
Tu rostro fue una de las últimas imágenes de una periodista en la Televisión Nacional de Afganistán, antes de que los talibanes la ocuparan, ¿tu proyección pública motivó que tuvieras que abandonar el país?
Cuando los talibanes tomaron el poder, yo, como era presentadora, me quedé tres días en casa sin salir, pero al tercer día fui a hablar con los jefes de la televisión, habían cambiado todos, y ya habían ocupado mi puesto. Cuando llegué allí me amenazaron de muerte, me dijeron que no podía volver a mi trabajo. Yo empecé a denunciar la situación en los medios internacionales, hablaba todos los días, y publicaron mi foto junto al nuevo presentador de los informativos, que habían puesto los talibanes, para mostrar el cambio. Por la mañana estaba yo, y por la tarde un talibán, con un turbante. Esto fue muy viral, y los medios de comunicación internacionales me llamaban para preguntarme por la situación, y en una semana que estuve en Afganistán recibí varias amenazas y, al final, el gobierno de España me ayudó a salir.
Y ¿cómo conseguiste salir de Kabul?
Los talibanes tomaron el poder el 15 de agosto y yo salí de Afganistán el 21 de agosto de 2021, con destino a España. Una periodista española que me conocía, me contactó, y me dijo que mi nombre estaba en una lista, y que esa misma noche me querían evacuar. No me dio tiempo ni de preparar mi maleta, ni despedirme de mis hijos, ni de mi familia. Solo pude coger la bandera de mi país, y salir de allí corriendo. No tenía nada. Llegué a España y aterricé en Torrejón de Ardoz, allí me recibió la ministra de defensa, y ya llevo cuatro años aquí.
Tú creciste durante los gobiernos de Hamid Karzai y Ashraf Ghani, sin embargo, sufriste un matrimonio forzado y viviste bajo un férreo patriarcado, ¿cómo era la situación de las mujeres durante estos gobiernos y cual es la situación actual, con el regreso de los talibanes al poder?
Desde 2001 hasta 2021, hemos conseguido muchos derechos para las mujeres en Afganistán, leyes para la protección de la mujer, para eliminar la violencia de género, podíamos estudiar, hemos tenido ministras. En Afganistán, poco a poco, se fue normalizando todo, podíamos estudiar, trabajar, nadie te obligaba a hacer algo, aunque seguía siendo un país muy tradicional, y en algunas provincias seguían habiendo problemas. Pero, en general, teníamos derechos. Los últimos años estábamos casi en el punto de quitar el velo. Yo normalmente no llevaba velo, solo cuando estaba en la televisión. Estos veinte años no fueron suficientes para tener derechos plenos, pero teníamos derechos.
A pesar de todo, conseguiste estudiar periodismo, y convertirte en una de las caras más reconocibles de la televisión afgana, ¿te encontraste muchos obstáculos para completar tus estudios y desarrollar tu carrera profesional?
Si, yo me casé a los 19 años, obligada por mi familia, con una persona que no conocía. Cuando estaba casada mi marido no me dejaba estudiar, tampoco trabajar, ni salir sola, y tenía que llevar burka. Pero cuando me divorcié, aunque en Afganistán es muy difícil conseguirlo si eres mujer, a pesar de que los hombres pueden divorciarse fácilmente, y pierdes muchas cosas, como la custodia de los hijos, porque la madre solo puede tener la custodia hasta los nueve años, empecé a estudiar periodismo. Para una mujer divorciada, algo que no acepta ni la sociedad ni la familia, estudiar una carrera es algo más difícil, y también después, trabajar en televisión estaba muy mal visto. Con todos estos problemas, tampoco me dejaban hacer algunos reportajes, pero yo seguía luchando para normalizar esto, que no hay diferencia entre hombres y mujeres. Pero la verdad es que mi familia no me aceptaba como presentadora. Ahora me dicen que están muy orgullosos de mi, que trabajo muy bien, pero cuando yo necesitaba apoyo no me lo dieron, y tuve que luchar con mi propia familia y con la sociedad, con los compañeros de trabajo, para que me dejaran hacer reportajes que eran importantes. Pero, al final, conseguí presentar los informativos en la Televisión Nacional, aunque me quedó mi sueño sin cumplir, que era presentar las noticias de la noche, e insistí hasta el día que los talibanes tomaron el poder, pero me dijeron que era muy arriesgado, que los talibanes me iban a asesinar. Fue durísimo, no teníamos seguridad, todos los días había atentados, asesinaban periodistas, mujeres activistas, y tras la firma del acuerdo con los talibanes la situación en Afganistán empeoró muchísimo.
Además tuviste que dejar a tus tres hijos allí, ya que la custodia la tiene su padre, ¿esta es otra forma de violencia de género, la de privarte de tus hijos? ¿crees que será fácil reencontrarte con ellos?
Es realmente una forma de violencia patriarcal, el que los padres machistas intenten hacer daño a las mujeres a través de los niños. A mi me quitaron a mis hijos, y los mellizos tenían solo 18 meses. Después los llevó a Alemania, y yo desde aquí luché para conseguir la custodia compartida, y para que él no pudiera viajar con los niños. Pero yo no tengo ningún documento para demostrar que soy la madre. En la ficha de nacimiento de mis hijos solo figura el nombre del padre, pero fui yo la que estuve en la sala de parto, en el hospital, pero no aparece mi nombre. A las mujeres nos borraron en Afganistán hasta ese punto, no tenemos identidad como madres. Y ahora es peor, porque ya no tenemos ningún derecho, desde que los talibanes volvieron.
Afganistán ha caído en la zona de sombra informativa, parece que a los gobiernos a los que se le llena la boca hablando de los derechos humanos en otros lugares del mundo, como Irán, no les preocupa la situación del pueblo afgano ¿cómo te sientes al constatar que tu país ya no está en la agenda informativa?
A mi, personalmente, me afecta mucho, que no se hable de la situación de Afganistán, que no salgan noticias, como no hay una guerra declarada, pero si que hay una guerra contra las mujeres, pero les da igual, ya no tienen intereses en Afganistán para que cambie la situación. Y no han hecho nada en estos cuatro años, hemos perdido mucho tiempo, pero a la comunidad internacional no le importa Afganistán, y como hay muchos conflictos, uno tapa a otro. Pero las mujeres seguimos siendo la mitad de la población del país, y nos han eliminado, y les da igual. Sabemos de la importancia de los medios de comunicación. Deben de hablar de Afganistán, pero no lo hacen, no hablan del sufrimiento de las mujeres, y esto nos preocupa, tenemos que dar visibilidad a la situación, para que el mundo vea lo que está pasando. Afganistán es hoy el peor país del mundo para ser mujer.
Las noticias que nos llegan de Afganistán, además de la pobreza en la que está inmerso el país, es la del enfrentamiento entre los talibanes y el Daesh Khorasan, ¿que impacto está teniendo esta violencia sobre la población afgana?
Esto también es muy preocupante, no solo para Afganistán, sino para todo el mundo. Es una alarma. Tenemos que unirnos para presionar a los talibanes, toda la comunidad internacional, y también combatir al Daesh. Una guerra entre ellos es peligrosa para todo el mundo.
Y, por otra parte, ¿queda algo de resistencia como la liderada por Ahmad Masud en el Panshir?
Si, hay algo de resistencia, pero es muy limitada, es un grupo muy pequeño, no tienen poder para cambiar la situación en Afganistán. Necesitan apoyo para resistir a los talibanes.
Llevas más de tres años en España, donde has podido rehacer tu vida y volver a trabajar, ¿cómo ha sido la acogida por parte de la sociedad española?
Desde que llegué a España, la verdad es que no pensaba que pudiera ejercer el periodismo aquí, ahora escribo en 20Minutos , y trabajo en una productora de Telefónica, haciendo documentales. En España me han acogido muy bien, y me han apoyado muchísimo, hemos ayudado también a muchas mujeres afganas a salir del país. El apoyo que tenemos aquí de las mujeres, de las feministas, de todos los españoles, me ha ayudado muchísimo.
Por último, ¿sientes que es una tierra de acogida o ves con inquietud como crecen discursos contrarios hacia los refugiados?
Aquí es diferente, vemos que hay refugiados afganos en otros países, pero España es un país muy acogedor, que nos apoya muchísimo, no hay racismo como en otros países. Yo, desde que llegué, lo siento como mi país. En los cuatro años que llevo aquí nunca me he sentido discriminada. Yo estoy muy agradecida al pueblo y al gobierno español que están apoyando muchísimo nuestra lucha.
Se el primero en comentar