Islamabad anunció una “guerra abierta” contra posiciones del TTP, incluyendo objetivos de las fuerzas armadas de Afganistán, frente a la sospecha de su involucramiento con los terroristas, de lo que incluso India tendría parte.
El discurso talibán busca justificar la restricción de la libertad individual con tradiciones distorsionadas, pero la realidad es un sistema de apartheid de género. La comunidad internacional no puede limitarse a emitir breves notas de condolencia ni mirar hacia otro lado.
A lo largo de prácticamente toda la Línea Durad, los ataques con morteros y artillería pesada son prácticamente diarios, sumando más basa y destrucción sin que se produzcan grandes movimientos de dotaciones militares lo que anuncia que será una guerra larga.
Kabul e Islamabad continúan con fuerza sus operaciones a lo largo de los casi 2.600 kilómetros de la Línea Durand, la frontera establecida por los británicos en 1893 y que Kabul nunca reconoció oficialmente.
El único apoyo con que cuenta Kabul es India, que ha jugado con el apoyo a los mullahs desde que llegaron al poder en agosto del 2021 a cambio de la inestabilidad en la frontera norte de Pakistán.
Lo más inquietante no es solo la violencia en Kabul: es la facilidad con la que el mundo observa esta opresión como si fuera inevitable, mientras reproduce sus formas bajo distintos nombres y geografías.
Solo en el año que lleva su segundo mandato, Trump ha convulsionado al extremo las relaciones internacionales, dándole la extremaunción al derecho internacional, herido de muerte en Gaza y hostigando a todos con su poder comercial y militar.