Groenlandia, entre la ecología y la independencia

Foto: Jonathan NACKSTRAND

Por Angelo Nero

Para la mayoría de nuestros lectores, incluso para aquellos ávidos de noticas sobre las intrincadas redes de la política internacional, las elecciones celebradas en Groenlandia (Kalaallit Nunaat, en su idioma original) a principios de este mes de abril habrán pasado desapercibidas, pese a la importancia de su resultado para los intereses de las potencias internacionales que se disputan la explotación de las riquezas naturales del Ártico.

La victoria del partido opositor, Inuit Ataqatigiit (Comunidad), en las elecciones parlamentarias, con el 37% de los votos, frente al oficialista Siumut (Adelante), en el gobierno desde 1979 –a excepción una legislatura-, es un gran varapalo al proyecto minero de Kuannersuit (Kvanefjeld, en danés), uno de los mayores depósitos de minerales raros del planeta –mercado que China controla en más del 80%-, y también con un importante yacimiento de uranio. Inuit Ataqatigiit o IA es un partido indigenista y socialista, que defiende sin fisuras la independencia de la isla, que ya gobernó en un breve periodo, entre 2009 a 2013, con Kuupk Kleist al frente del gobierno.

Como consecuencia del cambio climático, ya incuestionable, con el deshielo de una parte importante del territorio ártico, las grandes potencias, con EEUU, China y Rusia a la cabeza, no han disimulado su interés en la explotación minera de este territorio autónomo del estado danés, habitado por apenas 56.000 habitantes, poco más que la población de Huesca.

Fue, precisamente, el desacuerdo sobre el proyecto de Kuannersuit, cuya licencia de explotación fue concedida, en 2007, a la australiana Greenland Minerals, cuyo principal accionista es la compañía china Shenghe, lo que hizo caer al gobierno anterior, entre las presiones de IA, comprometido a bloquear el proyecto, y de muchos ciudadanos de la zona, preocupados por los desechos tóxicos y la contaminación radiactiva de los cultivos y de las aguas. Todo esto a pesar de las promesas del socialdemócrata Siumut, que prometía cientos de puestos de trabajo y ganancias millonarias, lo que supondría un fuerte estímulo para la independencia del país, que también defiende, ya que la estabilidad económica es vital para su viabilidad a la hora de segregarse de Dinamarca.

En 2008 Groenlandia apoyó, con un 75% de votos a favor, un nuevo estatuto que recoge expresamente el derecho de autodeterminación, y desde entonces el debate sobre la diversificación económica, en la que la minería tiene un papel central, ha sido clave en todas las elecciones. “Gracias a la población, que ha confiado en nosotros para trabajar poniendo en primer plano las cuestiones humanas durante los próximos cuatro años. No sacrificaremos el medio ambiente en provecho de la economía”, declaró el vencedor de los comicios, Mute Sgede. A pesar de que, sin la mina en activo, Groenlandia seguirá dependiendo, en gran parte, de los más de 500 millones de euros anuales que recibe de Dinamarca, una tercera parte de su presupuesto.

En el nuevo parlamento groenlandés, el Inatsisartut, Inuit Ataqatigiit tendrá 12 de los 31 escaños, mientras que el hasta ahora partido en el gobierno quitó 10, por lo que habrá de buscar alianzas entre otros partidos, como Naleraq, una escisión centrista e independentista de Siumut, que con sus cuatro escaños puede ser clave en la orientación del nuevo gabinete. Su líder, Hans Enoksen, que también fue jefe de gobierno entre 2002 y 2009, declaró: “La naturaleza es importante, es lo más valioso que tenemos, y no se debería destruir sólo para dar beneficios a una empresa extranjera. El socioliberal Demokraatit, que suele concentrar el voto de la minoría danesa, consiguió cuatro escaños, tres menos que en la anterior legislatura, y Samarbejdspartiet, partidario de mantener la unión con Dinamarca, quedó fuera del Inatsisartut, que se completa con los dos escaños del liberal Atassut (Comunidad), también contrario a la independencia. En Narsaq, al sur de la isla, donde se encuentra la mina, IA ha logrado hasta el 68% de los votos, lo que indica el fuerte rechazo que genera entre la población más cercana a Kuannersuit.

Kalaallit Nunaat es soberana desde 2009, para gestionar sus propios recursos naturales, mientras que Dinamarca se reserva las competencias en defensa, asuntos exteriores y moneda. China ya ha firmado varios acuerdos mineros con Groenlandia, no tan polémicos, mientras que EEUU, con quien también han firmado una inversión de 12 millones de euros en proyectos mineros y turismo, mantiene sus intereses desde la base aérea de Thule, clave en la época de la guerra fría, y para la alianza de los Five Eyes, que forma con Reino Unido, Australia, Canadá y Nueva Zelanda, descrita por Snowden como una «organización de inteligencia supranacional que no responde a las leyes conocidas de sus propios países». También las potencias mundiales están muy interesadas en la posibilidad de abrir nuevas rutas de navegación en el Ártico gracias al deshielo, lo que convierte esta zona en un interés vital para ellas, que ya han avivado las disputas territoriales sobre la Lomonosov Ridge, una dorsal oceánica cerca del Polo Norte, entre Dinamarca, Canadá y Rusia.

Groenlandia se enfrenta a una difícil disyuntiva, entre la ecología y la independencia, los dos elementos claves de Inuit Ataqatigiit, el partido que está llamado a formar gobierno, y que en los próximos cuatro años tendrá que decidir cuál de sus dos almas decidirá el destino de la tierra de los Kalaallit.

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