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Dos jóvenes muertos, dos heridos graves y uno leve. Conocemos los nombres de las víctimas. También conocemos los nombres de los responsables de sus muertes
Por Angelo Nero | 11/06/2026
El periodista de El País, Javier Angulo, firmaba una columna, fechada en Bilbao, el 27 de junio de 1978, titulada “Dos jóvenes muertos al no respetar controles de la Guardia Civil” en el que daba cuenta de una de las dos docenas de víctimas de las fuerzas de seguridad del estado en controles de carretera, durante la modélica Transición española, una práctica conocida como “gatillo fácil”, en el que los agentes del orden disparaban primero y preguntaban después. La nota de prensa del diario madrileño comenzaba así:
“Entre la noche del sábado y la madrugada del domingo de ayer dos jóvenes de dieciséis años, un estudiante y un delincuente habitual, resultaron muertos y tres personas más heridas -dos de pronóstico reservado y una leve- en tiroteos efectuados en dos localidades vizcaínas por la Guardia Civil. El sábado, en Apatamonasterio, guardias civiles dispararon sobre un coche que no obedeció la orden de alto. Sus ocupantes eran vecinos de Elorrio, que, al parecer, no vieron las señales que se les hacían para detenerse. Uno de ellos, José Emilio Fernández, moría en el ambulatorio de Durango. En Sestao, otro joven, Felipe Carro Flores, fue alcanzado ayer por disparos de miembros de mismo cuerpo cuando, en unión de otros compañeros, huía del coche que ocupaban en el momento en que iban a ser identificados.”
José Emilio Fernández, era un estudiante nacido en Iruña, de 16 años, que regresaba a Elorrio, donde vivía, con su amigo José Félix Marías Maturana, después de haber pasado la tarde en una discoteca. Decidieron volver a casa haciendo auto-stop, y les recogió un señor, amigo de la familia, Koldo Zenitagoia. Los tres fueron ametrallados, sin previo aviso, Félix y Koldo fueron heridos de gravedad. José Emilio falleció allí mismo. La misma escusa de saltarse el control policial les sirvió para justificar el asesinato de otro joven, también de 16 años, Felipe Carro.
Volvemos a la narración de los hechos publicada en El País:
“Aproximadamente una hora antes de que fuese tiroteado el vehículo en que viajaban los vecinos de Elorrio, unos desconocidos habían ametrallado por dos veces el cuartel de la Guardia Civil de Durango.
Desde su cama del Hospital Civil de Bilbao, Manuel Cenitoyaga, que viajaba en el automóvil tiroteado, contó su versión de los hechos: «Creí que se trataba de unas señales situadas allí a causa de obras en la calzada y seguí mi camino. Unos segundos más tarde escuché unos disparos e instintivamente yo y los dos chavales que ocupaban el asiento trasero agachamos la cabeza. Miré el espejo retrovisor y me di cuenta de que la Guardia Civil nos disparaba y paré el coche. Salí del vehículo en el momento en que los guardias nos rodeaban. Les dije: «Parece mentira lo que han hecho ustedes.» Me preguntaron si no había visto el control y les dije, sinceramente, que no.»
Por otra parte, a las 4.45 horas de la madrugada de ayer la dotación de un vehículo del Centro Operativo de Servicios de la Guardia Civil, de vigilancia en la plaza de Alfonso de Churruca, de Sestao abrió fuego contra tres jóvenes ocupantes de un coche que emprendieron la huida cuando iban a ser identificados. Uno de ellos, el joven de dieciséis años Felipe Carro, fue alcanzado por los disparos, muriendo casi instantáneamente. De sus dos compañeros, uno fue herido leve y el otro, al parecer ileso, pudo escapar.”
Dos jóvenes muertos, dos heridos graves y uno leve. Conocemos los nombres de las víctimas. También conocemos los nombres de los responsables de sus muertes: el gobernador civil de Bizkaia era Luis Alberto Salazar-Simpson Bos, amigo personal de Adolfo Suárez, cuñado de Rodrigo Rato, más tarde fue director de la Seguridad del Estado, y el ministro del interior era Rodolfo Martín Villa, el principal artífice de la represión en el estado español durante la Transición.
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