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‘El lado oscuro’ es una excelente película para comprender la altura, no solo como intelectual o como cineasta, sino humana, del genial Gonzalo Suárez que nos ha dejado un legado que le sobrevivirá por mucho tiempo.
Por Angelo Nero | 1/10/2026
Este pasado martes, 29 de septiembre, fallecía el director, guionista y escritor asturiano Gonzalo Suárez, de quién Julio Cortázar dijo: “Para alguien que aprecie los juegos sigilosos de una inteligencia irónica, y la marginalidad deliberada allí donde la gran mayoría trabaja a full time, la obra resbaladiza y casi inasible de Suárez dibuja en el panorama español contemporáneo algo análogo a lo que pudo dibujar en Francia la obra de Boris Vian.”
Director de películas como Morbo o Al diablo con Amor, protagonizadas por unos jovencísimos Ana Belén y Victor Manuel a principios de los setenta; de Beatriz o Parranda, con José Sacristán encabezando el reparto en los años 76/77; y de series inolvidables como La Regenta o Los Pazos de Ulloa, con Charo Lopez; alcanzó su cenit con Remando al Viento, en 1988, con un reparto internacional encabezado por Hugh Grant y Elizabeth Hurley, trabajo por la que recibió el Goya a la Mejor Dirección y la Concha de Plata en el Festival de San Sebastian. Aunque, personalmente, mi película preferida de su filmografía es El detective y la muerte, de 1994, una incursión en el género negro que protagonizaron María de Medeiros, Javier Bardem, Carmelo Gómez y Héctor Alterio. El pasado 28 de febrero también recibió el Goya de Honor como reconocimiento a su carrera, en cuya ceremonia declaró: “Estoy absolutamente orgulloso de comprobar que el cine ha sobrevivido a las redes y a las cavernas. Pero me veo obligado a reconocer que en este momento el bisonte soy yo”.
Con motivo de su fallecimiento, RTVE ha recuperado una de sus películas menos conocidas, El lado oscuro, estrenada en 1991, un notable drama basado en la entrevista que Antonio López Crespo, abogado de la Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas (CONADEP), realizó a Valdez, un torturador de la dictadura civico-militar que gobernó Argentina desde 1976 hasta 1983. La CONADEP investigó los crímenes de lesa humanidad cometidos durante ese período y presidida por el escritor Ernesto Sabato presentó un informe que sería conocido como Nunca más o también como el Informe Sabato, recogiendo miles de testimonios de víctimas y de victimarios, gracias a los que se pudo conocer la historia y el final de muchos de los desaparecidos.
Solo dos actores en un impresionante duelo interpretativo, Héctor Alterio, interpretando al abogado López Crespo, y Hugo Garbán, que se pone en la piel del torturador Valdez, y un guion con frases afiladas como cuchillos que recogen fragmentos de las conversaciones reales que tuvieron lugar en el transcurso de la investigación para el Informe Sabato. Durante 55 minutos, en un teatral y asfixiante escenario, la ficción recrea la realidad poniendo sobre la mesa el descenso a los infiernos que supone la tortura.
El abogado indaga en las razones, intenta socavar sus cimientos morales, a la vez que intenta sacar información del torturador que parece ajeno a cualquier sentimiento de culpa, mostrando incluso que disfrutaba haciendo su trabajo. Valdez es, ciertamente, un psicópata entrenado y adoctrinado con poco más de veinte años para enfrentar la “amenaza comunista” en su país, que confiesa sin pudor que robaba, violaba, torturaba y mataba sin pudor, porque podía, “éramos dioses”, llega a afirmar. El relato es estremecedor, pero todavía se acentúa más por la selección de encuadres que Gonzalo Suárez preparó a conciencia en cada plano, con una fotografía también notable, de la que es responsable también el director asturiano.
Valdez es el retrato de un torturador a tiempo completo, pues en casa seguía ejerciendo la violencia con su familia, llegando a asesinar a su mujer. Es el máximo exponente del lado oscuro, la de los que al amparo del estado llegaron a cometer los crímenes más terribles, porque, además de creer en que le estaban prestando un servicio a la patria, sabían que esos crímenes quedarían impunes.
El lado oscuro es una excelente película para comprender la altura, no solo como intelectual o como cineasta, sino humana, del genial Gonzalo Suárez que nos ha dejado un legado que le sobrevivirá por mucho tiempo.
Como señalaba el inmortal Cortázar: “De alguna manera cuyo secreto sólo él conoce, Gonzalo Suárez transita desde hace años por los registros más variados de la vida intelectual española, pero esa actitud tránsfuga y casi de fantasma inquieta e incluso enoja a los críticos amantes del orden, los géneros y las etiquetas.”
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