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‘El fred que crema’ sitúa la acción en 1943, en Cal Riot, una aldea fronteriza en la que Sara y Antoni intentan sobrevivir, aunque sobre ellos se arroja la sombra de un oscuro pasado.
Por Angelo Nero | 27/10/2025
Como país neutral, Andorra fue durante los años de la Segunda Guerra Mundial un refugio temporal de republicanos españoles, judíos polacos, desertores franceses, espías británicos, criminales nazis o pilotos americanos derribados, una tierra de paso que, entre 1939 y 1944 alimentó una floreciente economía, la de los pasadores andorranos, buenos conocedores de la montañosa frontera que, más por necesidad que por apoyar una u otra causa, facilitaron el flujo de aquellos que cruzaban el territorio andorrano para salvar sus vidas y la de sus familias. Aunque este no era un trabajo exento de riesgos.
Este es el escenario de la película del barcelonés Santi Trullenque, El fred que crema (El frío que quema), que sitúa la acción en 1943, en Cal Riot, una aldea fronteriza en la que Sara (Greta Fernández) y Antoni (Roger Casamajor) intentan sobrevivir, aunque sobre ellos se arroja la sombra de un oscuro pasado, por el que el padre de Greta, Serafí (Pedro Casablanc), un cacique local, decreta que no se le dé trabajo a Antoni. Su amigo Sendo (Dani Codina) es uno de los pasadores, que le pide que esconda a una familia judía, ya que uno de ellos se ha fracturado una pierna. Pero un peligro acecha, ya que los nazis, comandados por el despiadado Lars Günther (Daniel Horvath) están a la caza de los judíos, y pronto ponen su foco sobre la casa de Antoni y Sara.
Este western andorrano, con claras influencias del Pa Negre de Agustí Villaronga, tiene su origen en una obra teatral Fred, de Agustí Franch, también co-guionista de la película, y parte de un hecho real, la fuga de los matemáticos polacos Marian Rejewski y Henrik Zigalsky, que habían logrado descifrar el código que utilizaban los nazis en sus mensajes. “la historia de Zigalski y de Rejewski era sensacional, demasiado para no aprovecharla aunque fuera incidentalmente. Tal y como nos explicaron la peripecia, si no les hubiera detenido la Guardia Civil, ¡la II Guerra Mundial podría haberse acortado medio año! ¡Podría, atención! Esto es grande, tanto, que no podíamos dejarlo fuera de la película.” Explica el co-guionista Agustí Franch.
La película tiene varias capas, ya que tiene como punto de partida un drama familiar, el que sobrevuela sobre las cabezas de Antoni y Sara, un odio que salta de una generación a otra y condiciona su futuro, pero también la historia de los pasadores, la de la familia judía que no solo quiere salvar su vida, sino cumplir una misión que puede decidir el curso de la guerra, y también está la maldad más absoluta, representada por ese nazi obsesionado con la caza de judíos.
El director, Santi Trullenque, reflexionaba así sobre su película: “la historia, aunque retrate a una comunidad, es la historia de Sara. Es el viaje de transformación o de toma de conciencia de Sara. Empieza de una manera y acaba de otra. Y, de hecho, esta es también la historia de la Caperucita. O su versión invertida. De hecho, El fred que crema nos explica que los lobos existen, y no se pueden adiestrar, no cambian su naturaleza y quizás no hace falta que hagamos de corderitos y esperemos a que vengan a devorarnos. A los lobos se les debe combatir. Esto es lo que, de alguna manera, viene a hacer Sara. A través de su transformación, de su historia, sufre muchísimo, aguanta mucho. Hace un ejercicio de resiliencia, de estoicismo. Ningún otro personaje puede aguantar tanto como ella. Hasta que, al final, toma la decisión. El tercer acto le pertenece a ella porque está en juego la vida de su criatura. Y esto es su motor vital.”
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