‘El 5% de entrada, no’: La OTAN y los malabares de Pedro Sánchez

Sectores críticos acusan a Sánchez de protagonizar una ‘farsa’, afirmando que, a pesar de sus declaraciones, España ha terminado aceptando el compromiso del 5% al firmar la declaración final.

Por Sergio Meneses | 26/06/2025

La Cumbre de la OTAN en La Haya, celebrada los días 24 y 25 de junio, ha desatado una controversia que ha colocado al presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, en el centro de las críticas. La cuestión central ha sido el compromiso propuesto por la alianza atlántica, impulsado por el presidente estadounidense Donald Trump y respaldado por el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, de elevar el gasto militar de los países miembros al 5% de su Producto Interior Bruto (PIB) para 2035. Este objetivo, que incluye un 3,5% destinado a defensa básica y un 1,5% adicional para seguridad e infraestructuras, ha generado un intenso debate, especialmente en España, donde Sánchez ha logrado un acuerdo que, según él, exime al país de alcanzar esa cifra. Sin embargo, este supuesto pacto, no es más que un ‘juego de trilero’ y una maniobra para posponer una decisión que, tarde o temprano, España deberá acatar.

Pedro Sánchez ha presentado el acuerdo alcanzado con la OTAN como un éxito de la diplomacia española, asegurando que España podrá cumplir con los objetivos de capacidad militar establecidos por la alianza sin necesidad de destinar el 5% de su PIB a defensa. En una comparecencia desde el Palacio de la Moncloa el 22 de junio, Sánchez afirmó que un gasto del 2,1% del PIB, ‘ni más ni menos’, es suficiente para que España cumpla con sus compromisos, preservando al mismo tiempo el Estado del bienestar. Según el presidente, incrementar el gasto militar al 5% sería ‘desproporcionado e innecesario’ y obligaría a recortar servicios públicos esenciales, como pensiones, sanidad o educación, o a subir impuestos a la clase trabajadora.

El acuerdo, respaldado por una carta de Mark Rutte, otorga a España ‘flexibilidad’ para determinar su propia trayectoria de gasto militar, desvinculando el cumplimiento de los objetivos de capacidad del porcentaje fijo del 5%. La declaración final de la cumbre, aprobada por consenso, también refleja esta ambigüedad al evitar términos como ‘todos los aliados’ y usar un genérico ‘aliados’, lo que permite a España interpretarla de manera más laxa.

Sin embargo, desde la OTAN, Rutte ha matizado que, aunque España puede proponer su propio plan de gasto, los cálculos de la alianza indican que cumplir con los objetivos requerirá al menos un 3,5% del PIB en defensa básica, una cifra significativamente superior al 2,1% defendido por Sánchez. Esta discrepancia ha llevado a algunos a cuestionar si el acuerdo es realmente una exención o simplemente un aplazamiento de un compromiso que España, como miembro de la OTAN, no podrá eludir a largo plazo.

El impulso detrás del objetivo del 5% proviene principalmente de Donald Trump, quien ha insistido en que los países europeos deben aumentar su contribución económica a la OTAN, argumentando que Estados Unidos ha cargado con un peso desproporcionado. Durante la cumbre, Trump no dudó en señalar a España, calificándola como ‘el único país que no va a pagar la cantidad completa’ y amenazando con represalias comerciales, como doblar los aranceles si España no reconsidera su postura. Esta presión ha añadido un elemento de tensión a la cumbre, con Sánchez evitando el contacto directo con Trump en los actos protocolarios.

Sectores críticos acusan a Sánchez de protagonizar una ‘farsa’, afirmando que, a pesar de sus declaraciones, España ha terminado aceptando el compromiso del 5% al firmar la declaración final. La postura de Sánchez ha sido interpretada por algunos como un acto de cobardía política. Si, como argumenta el presidente, el 5% compromete el modelo social español, su negativa a asumir este compromiso podría ser vista como un paso valiente. Sin embargo, al no plantear una ruptura clara con la OTAN ni cuestionar la membresía de España en la alianza, Sánchez opta por una vía intermedia que muchos consideran un mero ejercicio de malabarismo político. La flexibilidad lograda en la declaración final y la carta de Rutte permiten a Sánchez presentarse ante su electorado progresista como defensor del Estado del bienestar, mientras evita un enfrentamiento directo con la OTAN y Estados Unidos.

Esta estrategia recuerda, para algunos, la histórica ambigüedad del PSOE bajo la batuta de Felipe González durante el referéndum sobre la OTAN en 1986, cuando la campaña del ‘OTAN, de entrada no’ terminó con España permaneciendo en la alianza.

Hoy, el ‘5% de entrada no’ de Sánchez parece seguir un guion similar: una resistencia inicial que, según los críticos, podría diluirse con el tiempo bajo la presión de los compromisos colectivos de la OTAN. Como miembro de la alianza, España está obligada a cumplir con las decisiones adoptadas por consenso, y la revisión prevista para 2029 podría forzar al país a ajustar su gasto militar al alza si los objetivos de capacidad lo exigen.

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