Eat The Night, la adicción virtual y el Apocalipsis

Sus jóvenes protagonistas están atrapados en este sistema, y el mismo sistema les ofrece una válvula de escape, un mundo virtual en el que realizarse, en el que salir victorioso de todas las batallas.

Por Angelo  Nero | 10/08/2025

Caroline Poggi y Jonathan Vinel dirigen Eat The Night, un drama sobre las adicciones que genera el mundo virtual, sobre la soledad y la fragilidad de las personas que las sufren, y sobre ese fin del mundo -el de todos, el nuestro- que parece estar a la vuelta de la esquina. Si en su anterior trabajo, Jessica Forever (2018), el dúo francés nos llevaba a un mundo distópico en el que los inadaptados sociales tenían la supremacía, en esta nueva película caminan sobre la frontera de dos mundos, el real y el virtual.

Apolline (Lila Gueneau) es una joven perteneciente a una familia desestructurada, que vive para jugar en el territorio mágico de Darknoon, un juego en línea que, después de varios años, ha anunciado su final. Su gris existencia, sin más cobertura emocional que la de su hermano, Pablo (Théo Cholbi), la hace prisionera de su avatar, una atractiva guerrera que se enfrenta a las más terribles criaturas, avanzando de nivel en cada misión. Su hermano comparte la adicción al mundo de Darknoon, mientras fábrica y trafica con drogas de diseño, pero todo cambia cuando conoce a Night (Erwan Kepoa Falé), con el que comienza una apasionada relación y al que convierte en cómplice de su negocio, descuidando a Apolline. Pero todo se complica cuando Pablo se adentra en el territorio de un grupo de narcotraficantes, y todo su mundo se pone en peligro, convirtiéndose en un terreno más peligroso que el de Darknoon.

Sobre la película, uno de sus directores, Jonathan Vinel, contestaba así a una entrevista en Cineuropa: “No teníamos la intención de hacer una película nihilista. Se trata simplemente de una constatación realista de algo que es evidente: las cosas no están bien en el mundo. No hay día en que los medios de comunicación no programen una cuenta atrás, ya sea de la extinción de las especies, del cambio climático, de una tasa de suicidios entre los jóvenes que casi se ha duplicado recientemente en Francia, etc. La idea que teníamos en mente para la película consistía en mostrar cómo, a pesar de todas estas malas noticias, siempre hay algo a lo que aferrarse. Los personajes luchan con los recursos que tienen contra esta depresión que invade a toda una generación, y tienen un fuerte deseo de salir adelante. Sin embargo, la película no deja de ser una tragedia, ya que no cabe duda de que están atrapados en este sistema.”

Esa es quizás la clave de Eat the Night, la de que sus jóvenes protagonistas están atrapados en este sistema, y que el mismo sistema les ofrece una válvula de escape, un mundo virtual en el que realizarse, en el que salir victorioso de todas las batallas, y al quitarles esa vía de salida, también hacen que su mundo real se desbarate. En la película subyace la falta de comunicación en la juventud, la adicción a las redes, a los mundos virtuales, la precariedad, pero también otros de más calado como la amenaza del cambio climático, que nos lleva, como en Darknoon, a un game over sin posibilidad de vidas extras.

En la entrevista anteriormente citada, la otra directora, Caroline Poggi, reflexionaba así sobre el fondo de Eat the Night: “el mundo se ha vuelto tan duro y nos aísla tanto que, cuando te adentras en estos universos, las cosas se simplifican, de modo que los videojuegos se convierten en refugios donde es fácil encontrarse, expresar sentimientos y desarrollar procesos internos. Sin embargo, si se llevan al extremo, estos mundos pueden anular las emociones del mundo real: puedes descargar tu ira en un juego y dejar de mostrar indignación en la vida real. Siempre hay un riesgo de perderse en ellos.”

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