Dossier 137, la violencia policial en Francia contra los chalecos amarillos

El director franco-germano Dóminik Moll puso el foco en uno de los casos de violencia policial, en su película Dossier 137, a través de una inspectora de asuntos internos, Stéphanie Bertrand que investiga los casos de abusos policiales

Por Angelo Nero | 1/11/2026

A finales de 2018 surgía en Francia un movimiento que sacudía los cimientos de la V República. Este era un movimiento sin líderes, sin partidos políticos ni sindicatos que lo dirigieran. Eran miles de ciudadanos vestidos con chalecos amarillos, para visibilizar el enorme hartazgo de la clase obrera ante el deterioro de los sistemas públicos, y de las condiciones materiales y económicas del trabajo. El Mouvement des gilets jaunes, que tuvo réplicas en Bélgica, Alemania, Italia y otros países europeos, puso contra las cuerdas al gobierno francés, con manifestaciones masivas y cortes de carreteras en todo el estado, que respondió con una represión brutal a las demandas del movimiento, con casi siete mil detenidos y más de quinientos casos de abusos policiales. Ante las protestas de los chalecos amarillos, entre los que se mezclaron elementos del lumpen que derivaron en actos de vandalismo callejero, el estado ejerció con el monopolio de la violencia, blindándose, como es habitual, ente las legítimas reclamaciones del pueblo francés.

El director franco-germano Dóminik Moll (La nuit du 12, Seules les bêtes, Dans la forêt), puso el foco en uno de los casos de violencia policial, en su película Dossier 137, a través de una inspectora de asuntos internos, Stéphanie Bertrand (interpretada por Léa Drucker), que investiga los casos de abusos policiales, como el de un joven gilet jaune, Guillaume Girard (Côme Peronnet), que en una noche de diciembre de 2018, fue alcanzado por los disparos de una unidad de antidisturbios, que lo abandonó en la calle gravemente herido. Para ello, y en compañía del mayor Benoit Guérini (Jonathan Turnbull), la comandante Bertrand escuchará a la familia de la víctima e irá estrechando el cerco a los participantes en la agresión al joven, en un estimulante thriller con fondo político, en el que se tiene que cuestionar al estamento político, judicial y policial que protege a los agresores. Incluso tiene que afrontar el dilema de enfrentarse a su propio entorno familiar, a su ex marido, también policía, Jeremy (Stanislas Merhar) o a las dudas de su hijo adolescente, Víctor (Solan Machado-Graner). La investigación no avanza hasta el descubrimiento de una testigo vital, la de una camarera de piso de un hotel, Alicia Mady (Guslagie Malanda), cuya resistencia a declarar tiene que vencer la inspectora para resolver el caso.

En el festival de Cannes, donde fue presentada la película, su director hacía la siguiente reflexión: “No me siento a gusto en las protestas, y no soy un ‘manifestante habitual’. Cuando preparaba la película, fui a una manifestación con la policía, y fue bastante extraño. Me pusieron un casco y me dieron protecciones para los hombros, y me sentí un poco estúpido. También me dio una idea de lo que es estar al otro lado, donde esperas durante horas y de repente todo el mundo echa a correr, sin que ni siquiera sepas por qué”.

Dóminik Moll también se mostró muy crítico con el papel de la policía antidisturbios: “En Francia están realmente militarizados. Son como robocops. Cuando miras manifestaciones de hace 20 o 30 años, es como si fueran por ahí en camiseta. Eso los deshumaniza, y los proyectiles antidisturbios son realmente peligrosos. Los sindicatos policiales, sobre todo los de extrema derecha, piden más armas y transmiten la sensación de que están ahí para proteger a los que ostentan el poder y no para servir a la población”.

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