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su lanzamiento fue número uno en más de una docena de países, vendiendo doce millones de copias de su primer disco, y recibiendo un Grammy al mejor artista novel
Por Angelo Nero | 3/08/2026
En 1982, entre la estridencia de las cajas de ritmos y los teclados del tecno-pop y las guitarras musculadas del heavy metal, nacía un proyecto musical en Londres con un sonido propio que combinaba de forma elegante el jazz, el soul, el pop y hasta la bossa nova, y al que ponen el nombre de Sade. La banda se formó alrededor de la nigeriana Helen Folasade Adu, de madre británica, la cual, al separase cuando Helen contaba solo cinco años, se estableció en la localidad inglesa de Essex, y para posteriormente trasladarse a Londres, a finales de los setenta. En la capital británica la joven Adu estudió diseño de moda y trabajó de modelo. Comenzó a frecuentar locales como Blitz y The Wag Club, por donde paraban Jean Paul Gaultier, John Galliano, Spandau Ballet y muchos otros que se convertirían en figuras clave en el mundo de la música, la moda y el arte.
También empezó a adentrarse en el mundo de la música, y en 1981 debutó como vocalista y armonicista en un grupo de latin sounds, Ariva, para formar parte poco después de Pride, un proyecto musical de funky latino, donde conoció al saxofonista y guitarrista Stuart Cottonbelly Mathewman, al bajista Paul Donman y al batería Paul Anthony Cooke. Con ellos darían vida a Sade que es, desde su inicio, un grupo, aunque su vocalista adoptaría el nombre de Sade Adu, y se le identificaría como su propio proyecto personal. Y es que su voz sedosa sería una de las señas de identidad de la banda, a la que se sumaría en 1983 el teclista Andrew Hale. La formación se completaría con la sustitución del batería original, que se fue por desavenencias artísticas, por Dave Early.
“Cuando empezamos lo que nos preocupaba no era fabricar éxitos, sino grabar discos, conseguir como producto final una pieza de vinilo auténtica. Y no nos resultó fácil: las compañías no sabían que hacer con nosotros, no encajábamos en ningún estilo específico, así que tuvo que pasr un tiempo hasta que alguien se atrevió a lanzarnos. Sonará extraño, pero cuando empezamos nadie confiaba en la viabilidad comercial de Sade,” declaraba su vocalista. Algo increíble cuando su lanzamiento fue número uno en más de una docena de países, vendiendo doce millones de copias de su primer disco, y recibiendo un Grammy al mejor artista novel.
Después de ser rechazados en muchos lados, son finalmente fichados por un pequeño sello, Portrait Records, que era filial de la poderosa discográfica Epic, lanzan su primer single “Your love is King”, que se s, itúa en los diez primeros puestos en las listas rápidamente, un tema que, por otra parte, a día de hoy sigue siendo su mayor éxito comercial. Y, en 1984, graban su buque insignia, “Diamond life”, con el productor Robin Millar en los estudios Rower Plant de Londres. Aunque fue su tercer single, el disco se abría con “Smooth Operator”, compuesta por Sade Adu y Ray St. John, en los tiempos en los que los dos militaban en Pride. Con una temática amorosa, como la mayoría de sus letras, destaca el spoken word o recitación hablada de la vocalista en la introducción de la canción (aunque esta fue eliminada en su versión para la radio). Fue determinante para que el album ocupara el primer puesto en las listas británicas, estadounidenses, alemanas, austriacas y suizas.
Cuando grabaron “Smooth Operator”digital, el estudio no disponía de tecnología de interfaz, y tuvieron que recurrir a técnicas analógicas como mezclar las teclas de un piano clásico con un Fender Rhodes eléctrico, con el que Andrew Hale dibujó una elegante línea de teclado. También el saxofón de Cottonbelly imprimía esa atmósfera sensual de cool jazz y el toque latino lo daban las percusiones de Martin Ditchman y Dave Early. En el videoclip oficial, Sade Adu es la cantante de un club de jazz, al que un playboy engaña con una camarera. Al final él es perseguido por la policía, y es abatido por esta. Todo muy noir…
“Your love is king”, compuesta por Adu y Cottonbelly (como la mayoría de los temas del álbum) fue el primer sencillo, aunque el segundo corte del disco, y el que le catapultó a la popularidad, tanto así que fue uno de los tres elegidos para tocar en directo en el Live Aid, el festival organizado por Bob Geldof para recaudar fondos para paliar la hambruna que estaba asolando Etiopía y Somalia, con más de un millón de muertos, y que se realizó en el Estadio Wembley de Londres, con la asistencia, entre otros, de Queen, Ultravox, Elvis Costello, Sting, Phil Collins, U2, The Who o David Bowie. El tema también formaría parte de la BSO de la popular saga de Bridget Jones, en una versión de Will Young.
“Hang On to Your Love”, el tercer corte del disco, es un elegante y sedoso tema de funky de casi seis minutos, en el que Sade Adu vuelve a cantar sobre como cuidar el amor, pero sin melodramas ni estridencias, con esa frágil sensualidad que nadie, como la cantante nigeriana, había conseguido hasta la fecha (y posiblemente, tampoco después). Los teclados de Andrew Hale y las cuerdas de Matthewman tienen un protagonismo especial, en una canción en la que también hay destellos de percusión latina.
“Frankie’s First Affair” es un tema en clave de jazz que se abre con el saxofón de Matthewman, donde cuentan la historia de un personaje carismático y manipulador que se enamora por primera vez y es rechazado: “It’s your turn to cry”, es hora de llorar, le grita Sade Adu, imponiéndose sobre las líneas del saxo y del bajo. Es una de las piezas clave del sophisti-pop, esa mezcla de jazz, soul y pop que en los ochenta tuvieron como máximos exponentes a The Style Council, Everything but the Girl, Roxy Music o los propios Sade.
El quinto tema del disco, un enérgico himno soul titulado “When Am I Going to Make a Living”, el segundo sencillo del disco, lanzado en mayo de 1984, había sido compuesto por Sade Adu en un momento de desanimo, en una lluviosa noche londinense en la que la cantante había ido a recoger una ropa a la tintorería. En el reverso del recibo, mientras regresaba a casa en el autobús, escribió: “We’re hungry for a life we can’t aford / There’s no end to what you can do / If you give yourself a chance, to prove / We’re hungry but we won’t give in”. El single venía acompañado de un videoclip dirigido por Stuart Orme, y rodado en la londinense Power Plant.
“Cherry Pie”, el tema más largo del disco, tiene un arranque que parece sacado de la banda sonora de una película de blaxploitation, una línea de bajo vigorosa, unos platillos enérgicos, un teclado con efectos setenteros, y la guitarra con pedal wah-wah muy inspirado por Marvin Gaye. Sobre ellos planea la voz de Sade Adu, hablando de la perdida de su amante con una sensualidad hipnótica. Otra perla de ese funky sofisticado que, además de Adu y Matthewman, compusieron también el teclista Andrew Hale, y el bajista Paul Donman, dos instrumentos que tienen un protagonista indiscutible en el tema.
El noveno track, “Sally” es puro cool jazz, empezando por el genial saxofón de Cottonbelly –que además hace un solo brutal–, en un homenaje alegórico al Ejército de Salvación, una organización de caridad protestante que combatió la pobreza y el alcoholismo en más de un centenar de países, y que personifican a través de la protagonista del tema, Sally, una mujer en la que encuentran refugio los marginados.
El penúltimo tema, “I Will Be Your Friend”, tiene un tempo más dinámico, sin dejar de seguir en la línea intimista del álbum, es un canto a la amistad, tal vez sea la mejor letra del disco: “When you’re fallin’ apart / I pick up each piece / Build a wall around your dreams / The punches to your heart / Melt away when you never thought they’d heal”. Un tema luminoso con una atmósfera íntima, pero sin derecho a roce.
El álbum se cierra con un cover del cantante de Rhythm and blues Timmy Thomas, “Why Can’t We Live Together”, una canción antibelicista conocida por ser uno de los primeros éxitos donde sonó una caja de ritmos. En esta versión tienen un protagonismo especial las percusiones y los teclados, hasta la entrada de la batería, mientras Sade Adu se pregunta: Umm why can’t we live together? / Everybody wants to live together / Why can’t we be together? / No more war no more war no more war / Umm just a little peace”. Realmente un broche de oro para un álbum que abriría la puerta a nuevos estilos gracias a esa fórmula magistral en la que mezclaron jazz, soul y pop, y con la que entraron por la puerta grande en los grandes grupos de los ochenta.
Al año siguiente volverían a triunfar con “Promise”, al que le seguirían otros cuatro discos de estudio. En su carrera vendieron más de cincuenta millones de discos en todo el mundo.
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