‘Cuando se hundieron las formas puras’, imaginado otro final para Lorca

Alfredo Picazo imagina como serían los últimos pasos del poeta universal en aquel camino hacia el Barranco de Víznar, y nos propone un final alternativo.

Por Angelo Nero | 2/04/2026

Cuando se hundieron las formas puras
bajo el cri cri de las margaritas,
comprendí que me habían asesinado.
Recorrieron los cafés y los cementerios y las iglesias,
abrieron los toneles y los armarios,
destrozaron tres esqueletos para arrancar sus dientes de oro.
Ya no me encontraron.
¿No me encontraron?
No. No me encontraron.
Pero se supo que la sexta luna huyó torrente arriba,
y que el mar recordó ¡de pronto!
los nombres de todos sus ahogados.

Esta es la Fábula y rueda de tres amigos, perteneciente al poemario Poeta en Nueva York, de Federico García Lorca, uno de esos libros que forman parte de nuestro imaginario colectivo, de ese universo lorquiano que nos apela una y otra vez, desde la modernidad de ese pasado que fue sepultado a tiros y a cañonazos por el fascismo. El director cordobés Alfredo Picazo, autor del precioso largometraje Los restos del pasar (2023), rodó dos años antes una película titulada con el primer verso de este poema, Cuando se hundieron las formas puras, en el que hacemos un dramático viaje en el tiempo para situarnos al comienzo de la Guerra Civil, cuando dos soldados, uno joven y otro veterano, reciben la orden de ejecutar a un preso, del que no conocen la identidad (a los que dan vida Norberto Arribas, Ismael Jiménez y Patu Fernández). En un frío amanecer, emprenden un largo camino, donde el joven comenzará a hacer preguntas, que el veterano intentará acallar, mientras el preso, que todavía viste el pijama de rayas con el que le han sacado de su casa, y con la cabeza cubierta por un saco, avanza en silencio.

Alfredo Picazo imagina como serían los últimos pasos del poeta universal en aquel camino hacia el Barranco de Víznar, y nos propone un final alternativo, mientras va sembrando dudas en los soldados que le conducen a ese cri cri de las margaritas bajo el que quedaron mudos sus versos. El dramático escenario en el sitúa este terrible capítulo de nuestra historia, rodado en blanco y negro, es otro personaje más: ese paisaje andaluz donde tierra y cielo parecen sufrir una epidemia de melancolía, gritando silencios en esa grieta que se abre entre la noche y el día, que recoge la fotografía de Iñigo Apestegui.

El cortometraje, ganador a la Mejor Dirección Novel en el Montreal Independent Film Festival, también fue presentado al Festival de Mediometrajes de Valencia La Cabina, en su sección oficial, y reconocida en los Premios Lorca, el Festival Internacional de Cine de Granada.

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