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Artesano del rock, humilde como pocos, Rosendo no aspiraba a otra cosa que a hacer buenas canciones y, sin pretenderlo, creo su propio sonido, sencillo, directo, sin grandes artificios, que le llevaron a ser bautizado como el rey del raca-raca
Por Angelo Nero | 31/10/2026
En 1978, el guitarrista de Ñu, Rosendo Mercado, el batería Ramiro Penas y el bajista Tony Urbano, de Coz, sacaban el primer disco de Leño. Solo tres discos después, dos de estudio y uno en directo, cuando se disolvieron en 1983, ya eran una leyenda. Rosendo decidió continuar su carrera musical en solitario y dos años después, saca su primer álbum, “Loco por incordiar”, tras algunos problemas con Zafiro, su anterior discográfica, y con un tiempo limitado para grabar por parte de RCA Records, con la que había fichado. El disco se graba en Colonia y Bruselas, en una grabación en la que contó como músicos de estudio con Sergio Castillo a la batería, Tato Gómez en el bajo, Andreas Schmidgen a los teclados y Carlos Narea -que también ejercería como productor- en la percusión y los coros. Rosendo iniciaría aquí una extensa carrera en solitario, grabando 15 discos más. Artesano del rock, humilde como pocos, Rosendo no aspiraba a otra cosa que a hacer buenas canciones y, sin pretenderlo, creo su propio sonido, sencillo, directo, sin grandes artificios, que le llevaron a ser bautizado como el rey del raca-raca.
El disco se abría, y se dice pronto, con un puto himno para toda una generación: “Agradecido”, una intro de unos teclados tímidos que dan paso a la incendiaria Ferder de Rosendo, y un ritmo contagioso te anima a cantar: “Déjame que pose para ti / Eres tú mi artista preferido / Déjame tenerte junto a mí / Prometo estarte agradecido / Si fuera yo capaz de conseguir / Tenerte alguna vez entretenido / Hacerte por lo menos sonreír.” Lo que en un principio puede parecer una deriva romántica del cantante de Carabanchel, es una crítica mordaz del mundo de las discográficas, una declaración de intenciones de un músico que entonces y ahora, rezuma honestidad. Nadie mejor que él para decirnos como se sentía entonces: “Yo componía y componía sin saber cuando iban a dejarme publicar esas canciones, porque la compañía, por cuestiones legales, no me lo permitía. Era algo así como: Me habéis estado jodiendo, pues os lo agradezco, cabrones, con esta canción. La primero que hice fue cagarme en su puta madre”.
“Eres / Mi carta de navegación / Puedes / Tenerme a tu disposición / Sabes/ Que soy cuenta pendiente de tu colección / Tengo que darte siempre la razón” así arranca “Corazón”, el segundo tema, donde el de Carabanchel se arranca con un rock canalla en esta canción de (des)amor, con un ritmo entrecortado que desemboca en un estribillo brutal: “Ya hueles, corazón / Búscate a otro ahora porque yo / No viviré para ti / Ya no viviré para ti / Que no viviré para ti”. Hasta hay lugar para un arrebatador solo de Andreas Schmidgen en los teclados. Yo apostaría a que esta canción también está dedicada a Zafiro, con quién había roto relaciones, y que se había quedado con los derechos de Leño.
El tercer track, “…Y dale!” es uno de los temas más icónicos del álbum, donde el tren de Rosendo baja revoluciones, pero manteniendo una base rítmica pesada y muy urbana, un auténtico canto a la resilencia que te inventa a la acción: “Ponte pues en marcha y dale color que se oxida / Ponte pues en marcha y dale calor que se emplea”, animando a continuar a pesar de los obstáculos que la vida te pone por delante. Un tema también con buenos riffs y mejores soleos de la guitarra del señor Mercado, que además estaba en estado de gracia cuando compuso letras como esta: “No hay razón por la que siendo un bribón tengas que hacer de payaso / No hay sitio que controles mejor que lo que abarcan tus brazos / No hay porqué sacar del tiesto los pies para montar el sombrajo / No hay tiempo de contar hasta diez cuando se viene de paso.”
“Es algo nuevo / Me resisto a ser la presa / No me abandones / En la calle todo es guerra / Estamos solos / Tu mirada es como aire / Son callejones”, dice el estribillo del siguiente tema, titulado sencillamente “Callejones”, que nos lleva de la mano a todos esos callejones sin salida de los que parecía que no íbamos a salir, una llamada a luchar por la supervivencia y a buscar compañeros en esa lucha: “Escapados de la soledad / vamos a estar vivos”. Rosendo tenía la melodía, pero por problemas de tiempo, la letra la escribió Ramoncín, que ese mismo año sacaba a la luz su sexto disco de estudio: “Como el fuego”.
Y en el centro del disco, el tema que le da título, “Loco por incordiar”, con una letra tan sencilla y honesta como el propio Rosendo: “Voy de aspirante a debutante y no doy más / Llegará, mi oportunidad / Paso un mal rato haciendo el pato y sin hablar / Llegará, mi oportunidad”, y esta sencillez quizás es la clave para su éxito, para convertirse en un himno generacional para aquellos que en aquellos ochenta, también estábamos locos por incordiar. Un rock sin pretensiones, sin artificios, pero con una melodía más pegadiza que la gomina, tres minutos y medio de una banda sonora de birras y futbolines.
“Me gusta así”, el sexto track del álbum, compuesto a medias con Ramoncín, es una manifestación de orgullo de clase, un ejercicio de resistencia frente a las presiones sociales, las expectativas ajenas y los dictados del entorno, aunque también puede interpretarse como una canción de amor: “No sé por qué / Me gusta así / Que nadie sepa lo que es / Saltándome las reglas voy a imaginarme un día más / En el porche de cualquier motel / Y hacer cosquillas en tus pies.” Otra muestra del inconfundible rock urbano del señor Mercado, que incluso se marca un solo en la parte central del tema.
Otra crítica ácida e irónica contra las normas sociales establecidas es el siguiente tema, “Pan de higo”, toda una declaración de principios del rockero de Carabanchel: “Voy a ser un chico inteligente / Y ya no me la van a dar / Nunca más / Voy a ser un poco impertinente / Y a caer un poco mal / Sin faltar”, que no duda en presentarse como el enemigo ¿de quién? De ese sistema al que no hay que dejar de dispararle pan de higo. Un tema que nació para ser coreado en los multitudinarios recitales de Rosendo, desde el primero al último.
“Nadie me importa ni todo lo demás / vuelo por encima de la realidad / todo me sobra y necesito más / quiero ser el dueño sin mirar atrás. / No hay condiciones a mi libertad / hago cuanto quiero con facilidad / nada me corta no me sé callar / llegaré el primero donde quiero no me puedo parar.” Así comienza el penúltimo tema del disco, “Crucifixión”, donde Rosendo nos dice que está de vuelta de todo, que ya es un perro viejo y que no está dispuesto a cambiar, algo que, pasado el tiempo, puede seguir afirmando. Uno de los temas más potentes de este trabajo, puro rock urbano del más honesto de nuestros músicos estatales.
El disco se cierra con “Buenas noches” un instrumental con vocación de nana, que pone un broche de oro a este “Loco por incordiar”, el primero de una larga carrera en solitario del emblemático guitarrista de Leño.
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