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El 31 de diciembre de 1984, un accidente automovilístico truncó las expectativas de la banda, cuando el batería Rick Allen se estrelló su corvette y perdió su brazo izquierdo. Y aquí comenzó la leyenda.
Por Angelo Nero | 12/06/2025
Tras el enorme éxito de “Pyromanía”, en 1983, con el que Def Leppard vendió diez millones de discos, y tras más de un año girando por todo el planeta, la banda inglesa comenzó a grabar un nuevo disco, con la ilusión de superarse, aunque las cosas no fueron fáciles. El 31 de diciembre de 1984, un accidente automovilístico truncó sus expectativas, cuando el batería Rick Allen se estrelló su corvette y perdió su brazo izquierdo. Y aquí comenzó la leyenda. Allen, apoyado por su compañeros, decidió seguir tocando la batería, y tras una rápida recuperación, diseñó un kit personalizado, con disparadores electrónicos, y en cinco meses, casi comenzando a tocar desde cero, estuvo en condiciones de incorporarse a la grabación del disco, aunque el productor Steve Clark, que había entrado, salido y regresado al proyecto, decidió grabar la batería al final. También decidió registrar las guitarras de Collen y Steve Clark a través de amplificadores de auriculares Rockman, inventados por Tom Scholz, del grupo Boston, lo que le daría un sonido peculiar al álbum, que se titularía “Hysteria”, muy en la línea de la accidentada grabación, se realizó en los Hilversum Studios de Wiseloord, en Holanda.
El disco se abre con un tema que es puro hard rock, “Women”, con capas de voz superpuestas, formando coros épicos que cabalgan sobre guitarras muy melódicas y con la batería de Allen sonando a la vez al más heavy old school, y a algo totalmente nuevo, mientras que la letra nos lleva a territorios bíblicos, al mismo mito de la creación de la mujer: “And in the garden, lust began / The animal instinct, the wanton man / She fed him with a hunger, an appetite / And filling with emotion, he took a bite”, una letra que, sin duda, no pasaría los filtros actuales de lo políticamente correcto pero, que hostias, eran los putos ochenta.
“Hysteria” sube de intensidad en su segundo corte, “Rocket”, un viaje galáctico que fue el séptimo y último single del álbum, en el que se escucha, al principio y final de la canción, fragmentos de las transcripciones de audio del alunizaje del Apolo XI. La canción es una sucesión de guiños a la historia del rock, con la fuerza de las guitarras de Steve Clark y Phil Collen. Allí están Jack Flash, de los Rolling Stones; el Sargent Peppers, de los Beatles; Ziggy Stardust, de David Bowie; Satellite of Love, de Lou Reed; Laser Love, de T.Rex; Killer Queen, de los Queen; o “Dizzy Lizzy”, de Thin Lizzy… El videoclip, dirigido por Nigel Dick, es el último de la banda en el que aparece el guitarrista Steve Clark, que fallecería en enero de 1991, por una mezcla letal de alcohol y barbitúricos, y se grabaría en un almacén abandonado en Holanda, donde dos años antes también se había grabado el video de “Women”.
El primer single fue “Animal” -en principio el disco se iba a titular “Animal Instinct”- también fue la primera canción que se empezó a grabar del álbum, aunque después de decenas de tomas la definitiva se grabó en enero de 1987, cuando “Hysteria” estaba casi terminada. Si los dos primeros temas seguían la línea de “Pyromania”, “Animal” era un giro de tuerca en la banda, con melodías más pop, aunque el resultado fue muy bien recibido por su público, también animado por su letra lujuriosa: “A wild ride, over stony ground / Such a lust for life, the circus comes to town / We are the hungry ones, on a lightning raid / Just like a river runs, like a fire needs flame / Oh, I burn for you”. El vídeo original, del 87, nos muestra a Def Leppard en un circo, mostrando su lado animal, pero, para certificar que este tema sigue teniendo garra, os dejo la versión del álbum “Drastic Symphonies”, grabado con la Royal Philharmonic Orchestra de Londres, en 2023.
“Love Bites” fue el single más exitoso del álbum, y encabezó la lista Bilboard Hot 100. Es la clásica power-ballad heavy, con una melodía sedosa y envolvente y un excelente arreglo de cuerdas, que va in crescendo, acompañado por un coro sobre el que se enmarca la voz del cantante. Destacan los efector Rockman de la guitarra, en una canción que, en principio, iba a ser una balada algo más country. Otra descarga de descarada lujuria: “When you make love, do you look in the mirror? / Who do you think of, does he look like me? / Do you tell lies? And say that it’s forever / Do you think twice, or just touch and see?”.
Joe Elliot declaró a la revista Rolling Stone en 1995: “Después de Hysteria, el término no es posible desapareció para siempre del vocabulario de Def Leppard. Teníamos un batería con un solo brazo, un guitarrista con problemas de alcoholismo, trabajamos con tres productores distintos a lo largo de tres años, empezamos a tener problemas con la hacienda británica, e invertimos una fortuna en un disco que si no hubiera funcionado, nos habría arruinado de por vida. Y seguimos aquí, de manera que para nosotros Hysteria fue la experiencia que nos demostró que nada es imposible.”
El quinto track “Pour some sugar on me”, alcanzó la segunda posición en la lista Billboard, y fue la canción insignia de la banda, “la canción se convirtió en un éxito porque las strippers de Florida comenzaron a pedirla en la radio”, dijo Collen a Classic Rock. Lo más curioso es que fue la última canción en llegar al álbum. Elliot y el produtor Mutt Lange estaban en el estudio, trabajando en otro tema, mientras el resto del grupo estaba fuera: “Nos tomamos un descanso, y yo cogí una guitarra acústica y empecé a tocar ese riff-estribillo, un giro de tres acordes, y a cantar el estribillo. Mutt volvió y me dijo: ¿que es esto? Es el mejor estribillo que he escuchado en años.” Tom Cruise cantó este tema frente a Def Leppard en la película “Rock of Ages”, y también apareció en un momento culminante del film “Bar Coyote”.
“Armageddon It” es el sexto corte de la Cara A, y el sexto single del disco. Un temazo de hard rock que alcanzó el top 3 en EEUU, y que Def Leppard mantendría en su set casi obligatoriamente en los conciertos de las décadas siguientes. Una canción con un toque glam, como si los T. Rex quitaran músculo y dijeran “Gimme all of you lovin’ – ev’ry little bit / Gimme all that you got – ev’ry bit of it / Ev’ry bit of your lovin – oh, c’mon live a bit / Never want it to stop”, una clara invitación sexual, a vivir sin límites, a vivir el momento. El solo de guitarra de Steve Clark llega en el momento preciso, los riffs levantan una línea maestra sobre la que cabalga la voz de Rick Savage, y los coros son geniales. Una canción que, por muy jevi que fueras, te hacía bailar.
La Cara B comienza con “Gods of War”, para muchos, el mejor tema del disco, con una atmósfera envolvente desde el primer segundo, y pinceladas de rock progresivo, con esa intro épica con los efectos de sonido y la guitarra de Clark, con la batería y el bajo entrando a saco, que parecen guiarnos al campo de batalla, aunque en realidad es un tema antibelicista: “We′re fightin’ for the gods of war / But what the hell we fightin’ for? / We′re fightin′ with the gods of war / But I’m a rebel / And I ain′t gonna fight no more, no way”. En el epílogo de la canción se oyen voces de políticos de la época en medio de sonidos de helicópteros y cánticos de manifestantes. Hasta sale un fragmento de un discurso a la nación de Ronald Reagan.
«Don’t Shoot Shotgun» sigue calentando el ambiente, que a estas alturas del disco está que arde. Empieza con una voz armonizada que da el paso a la batería, mientras se suman voces al coro y los primeros acordes de la guitarra que se marca unos riffs efectivos y sinceros durante todo el tema y explota en un solo de los que marcan cátedra. “Run for cover / Don’t shoot! Shoot! / She’s so dangerous / Shotgun, gun / Don’t shoot shotgun”. Una canción que encaja perfectamente en la línea de “Pyromanía”.
El noveno tema del disco “Run Riot”, es la canción más acelerada del álbum, con Joe Elliot mostrando su lado más salvaje, muy bien arropado por los coros y por esas líneas cruzadas de guitarras y bajo que crean una melodía compuesta de varias capas. Notable el solo de guitarra de Phil Collen, que se luce con un comienzo lento, para acelerar con un riff musculado. La letra anima a romper las reglas, aunque sea por una sola noche, “Living by the law is a bloody necessary bore / Everybody are you gettin’ what you’re lookin’ for / Livin’ by the rule is somethin’ that you gotta do / But does it matter if we break a rule or two / Get up, break out, don’t be the odd one out”, y ahora que me paro en letras como esta, era exactamente lo que hacíamos, aunque entonces no las entendiéramos.
Y comenzando la recta final del disco, la canción que le da título “Hysteria”, una power-ballad, que tenía todos los elementos para triunfar, y que se colocó en el puesto 10 de la lista Billboard nada más ser lanzada. Una canción que es pura seda, ideal -entonces y ahora- para escuchar acompañado, porque rezuma amor por todos los coros, con unas guitarras que parecen enloquecer de deseo, y con un Joe Elliot destilando magia por la boca: “Oh I get hysterical, hysteria / Oh can you feel it? / Do you believe it? / It’s such a magical mysteria / When you get that feelin”. La banda metalcore inglés Asking Alexandria grabado una versión de este tema en su Under The Influence: A Tribute To The Legends Of Hard Rock EP.
El penúltimo tema es “Excitable”, otra canción que hace bailar a los más jevis, imposible no mover los pies con la percusión de Rick Allen, y con una línea del bajo de Richard Savage sublime, y con unas voces, una vez más, impecables, guitarras limpias y un riff sobre el estribillo que hace a este tema algo realmente excitable.
Y para cerrar, otra power-ballad, “Love And Affection”, para que te vayas para la cama calentito. Un tema que llamaba a gritos ser sacado como single, aunque el disco ya había exprimido lo suyo, nada menos que siete sencillos. La guitarra y la percusión parecen contenerse, para mayor lucimiento de Elliot, “I got the heart, baby / You got the beat, take a chance on me / We got the night baby / We got the dream, oh imagine it” aunque la sección rítmica es impecable. Hasta el solo de Phil Collen parece una explosión controlada. Un broche de oro para un disco que llevaría a los Def Leppard a la primera línea de las bandas de rock de la época.
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