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La retórica del ‘gen rojo’ no fue un desvarío marginal, sino un intento de traducir la represión al lenguaje de la biología.
Por Lucio Martínez Pereda | 4/07/2026
Hay decisiones políticas que llegan con décadas de retraso. Esta es una de ellas. Retirar la Gran Cruz de Sanidad a Antonio Vallejo-Nájera no es un gesto valiente sino la tardía corrección de una anomalía que llevaba demasiado tiempo considerándose normal y naturalizada en el paisaje institucional español.
Vallejo-Nájera no fue un excéntrico aislado, sino una pieza funcional en el engranaje de una dictadura que necesitaba dotarse de legitimidad científica para clasificar, excluir y castigar.
La retórica del “gen rojo” no fue un desvarío marginal, sino un intento de traducir la represión al lenguaje de la biología. En ese desplazamiento -de la política a la patología- se jugaba algo más que una teoría aberrante: se construía una justificación para la persecución sistemática del adversario, convertido ya no en enemigo, sino en anomalía.
Siento decirlo asi: pero la verdad no debe ser ocultada. Que una figura tan importante en la brutal represión franquista haya conservado honores oficiales durante más de cuatro décadas de democracia habla menos de olvido que de continuidad.
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