COEDUCACIÓN: antídoto contra las violencias machistas, el machismo, el sexismo y el sistema patriarcal (Parte 2: Qué es, y evolución histórica de la Educación de las mujeres)

"La igualdad de oportunidades ha quedado relegada a un segundo plano por esa falsa creencia de que ya se ha conquistado la Igualdad".

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Por Laura Isabel Gómez García
En la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, en su artículo 1 se reclama la Igualdad entre hombres y mujeres; en España en la Constitución del ‘78 también se contempla el Principio de Igualdad; así como en las posteriores leyes del Estado español: Ley Orgánica para la Igualdad Efectiva entre Mujeres y Hombres, de marzo de 2007; y la Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, de diciembre de 2004; todos estos textos legales concretan que la Educación ha de ir encaminada a lograr la Igualdad real, evitando todo tipo de discriminación por razón de sexo en España. Para ello, el abordaje adecuado de la Educación debe hacerse desde un enfoque educativo donde los esfuerzos se centren en medidas de intervención, pero sobre todo haciendo especial hincapié en medidas de prevención, donde el ámbito escolar en sus contenidos curriculares y extracurriculares, y el ámbito familiar estén conectados siendo así partícipes activos de la educación de niños y niñas, dentro y fuera del aula. Esta cooperación es necesaria durante todas las etapas educativas: la escuela infantil, Primaria, Secundaria, Bachillerato, ciclos FP y Universidades, y por supuesto en casa. Por todo ello el Modelo de la Escuela Coeducativa es el modelo educativo que se ha demostrado más adecuado y eficaz.

¿Qué es la Coeducación?

La Coeducación es la educación integral de mujeres y hombres en convivencia, recibiendo la misma educación dentro de una misma escuela/Instituto/Universidad, sin ningún tipo de discriminación por razones de sexo, durante todo el proceso educativo; garantizando así la igualdad real, efectiva, de trato y de oportunidades para alumnos y alumnas. En una frase, Coeducación es educar en igualdad real. Se trata de una propuesta pedagógica en la que la formación y la educación se imparten en condiciones de igualdad para ambos sexos y en la que no se ponen límites a los aprendizajes a recibir por cada uno de ellos. La Escuela Coeducativa tiene como objetivo la eliminación de estereotipos entre sexos superando las desigualdades sociales y las jerarquías culturales entre niñas y niños, dándoles plena libertad para desarrollar todas sus aptitudes y capacidades, aunque para ello es necesario aprender a romper con las creencias entorno a los roles de género masculino y femenino, que debido a la construcción social se han instaurado en la Sociedad y por ende en la Educación hasta nuestros días. Solo con una educación en igualdad real se conseguirá terminar con estas barreras que roles y estereotipos de género levantan entorno a las personas limitándolas desde que nacen.

Aun hoy en las escuelas se perpetúan y reproducen el sexismo, el machismo y el trato diferenciado por razón de sexo entre mujeres y hombres, aunque a veces esto nos pase desapercibido, pero que ciertamente subyace. Además, no es algo que solo suceda entre profesorado-alumnado, sino que también se produce dentro del mismo equipo docente, a veces de manera sutil, y subliminal. Es aquí donde la Coeducación tiene mucho que decir y aportar, porque cabe añadir que la Coeducación no solo se practica dentro de las aulas para con el alumnado, sino también dentro de los equipos de docentes. Esto establece algo muy importante y es que los alumnos y alumnas ven en sus propios maestros y maestras personas sin actitudes discriminatorias, ni machistas, ni violentas. Para ello es necesario aprender y enseñar en un ambiente de respeto mutuo entre el alumnado, pero también entre todo el equipo educativo.

Como profesionales de la docencia, de los equipos de igualdad de género que formamos Promotores/Técnicos y Agentes, todos y todas debemos conocer y llevar a la práctica las indicaciones del plan de convivencia y prevención de la violencia de género que los centros educativos por ley están obligados a tener. Además, de la importancia de informarse si en el centro educativo en el que estamos dispone de un Plan de Igualdad, y de así serlo, la relevancia de conocerlo y ponerlo en práctica, pero en caso contrario también exigirlo para así cumplir con lo establecido por ley. En consecuencia, es muy importante que seamos capaces de hacer autocrítica y crítica constructiva acerca de los métodos y recursos utilizados durante las clases en las aulas, y de nuestras actitudes fuera de ellas con nuestros colegas de profesión para tomar conciencia de que realmente en la inmensa mayoría de los casos estamos cayendo en el error de perpetuar y reproducir el sexismo y las diferencias por razón de sexo entre nuestras alumnas y alumnos, y entre nosotros mismos.

Debemos tomar conciencia como sociedad en conjunto que, sin una coeducación real y efectiva, dentro y fuera del aula, no sirven de nada leyes contra la violencia de género, la violencia sexual, el bullying, el racismo, la homofobia; ni campañas, anuncios, debates, etc. Ya que la Educación es la base de absolutamente todo. 

Los motivos por los que aún estamos en esta situación es porque la igualdad de oportunidades ha quedado relegada a un segundo plano por esa falsa creencia de que ya se ha conquistado la Igualdad en la sociedad española actual desde la promulgación de la Constitución del ’78; y porque se han introducido en la enseñanza muchas otras materias a las que se les ha dado prioridad: la ecología, el inglés, la informática, la interculturalidad, etc. aunque también esto se ha hecho mal, porque no solo se ha relegado a un segundo plano la igualdad de oportunidades, sino que todas esas nuevas materias se han intentado impartir sin perspectiva de género, y he ahí el error.

La Coeducación, en cambio, subsana ese error y hace que todos esos valores se enseñen sin sesgos de género y desde el respeto entre sexos. Solo cuando hacemos un análisis detallado de la situación nos damos cuenta de que estamos muy lejos de alcanzar ese objetivo, y que a día de hoy es prácticamente una utopía, dado que nuestros niños y niñas en las escuelas e institutos siguen aprendiendo y formándose en un modelo de enseñanza sexista y desigual.

Dentro del Modelo Coeducativoencontramos dos principales teorías o enfoques educativos sobrelos que se han sustentado las diferentes prácticaseducativas en los últimos años.Son dos los principales enfoques a partir de los quese pueden entender las políticas educativas: el enfoque liberal y el enfoque radical. El elemento diferenciadormás relevante entre ambos es laconcepción de la Igualdad y la diferencia en lo que respectaa la Educación. Estas diferencias entre uno y otro enfoque han dado lugar a distintas políticas y estrategias educativas desde el punto de vista de la igualdad de oportunidades para alcanzar el cambio educativo.

Seguramente quienes estén leyendo pensarán que ya existe la igualdad entre niñas y niños en las escuelas, pero ciertamente no es así. Existe una “Igualdad en el acceso a la Educación” (Igualdad formal) pero no una “Igualdad real de oportunidades”. Esto es algo que las personas lectoras de los tres artículos que voy a dedicar a la Coeducación verán que es cierto, y que la delgada línea entre igualdad de oportunidades e igualdad real es tan fina que a menudo nos pasa tan desapercibida que no nos damos cuenta que una igualdad formal no basta. Para una sociedad igualitaria, libre de violencias machistas, violencia racista y homófoba, libre de bullying, etc. necesitamos coeducar desde la más tierna infancia.

La evolución histórica de la educación de las mujeres

A mediados del S.XVIII en Europa empiezan a establecerse las bases del Sistema Educativo actual. Las ideas educativas vigentes por aquel entonces, defendían que hombres y mujeres fueron creados por Dios para desempeñar distintos papeles y funciones sociales, por lo tanto, también su educación debía ser diferenciada.

En España, mediante el Informe Quintana de 1813, se impone la idea de que todos los ciudadanos, deben recibir educación escolar, aunque se mantiene la polémica sobre la conveniencia de que las niñas se beneficien de ella, por lo que las propuestas y directrices se centran explícitamente sobre lo que debe ser la educación de los niños, mientras que la educación de las niñas se articula siempre en torno a los rezos, el aprendizaje de labores domésticas y del cuidado de la prole. Se argumenta que las niñas ni deben estudiar ni necesitan una cultura profunda, porque ello las puede “distraer” y alejar de su función principal, la de ser esposas obedientes y madres amorosas. La posibilidad de tener acceso a una Educación General Básica para el conjunto de las mujeres es escasa mientras que el acceso a estudios medios y superiores les está totalmente prohibido. Sólo las niñas y las jóvenes de clase alta pueden ser “instruidas” en nociones de música, dibujo u otras materias, con el fin de poder entablar una conversación, pero en ningún caso para que puedan realizar a partir de ellas un uso más allá de su ámbito doméstico.

La justificación teórica de esas limitaciones al acceso de las mujeres a la cultura ha sido elaborada por diversos pedagogos varones, destaca entre ellos especialmente Rousseau, quien es considerado como “el padre” de la Pedagogía moderna. Sus ideas tendrán una influencia decisiva sobre las propuestas pedagógicas de los siglos XVIII, y XIX. En sintonía con la idea de la diferencia de papeles sociales, Rousseau plantea unos principios totalmente diferenciados para la educación de niños y niñas: mientras que para los varonesla educación se basa en el respeto a su personalidad y en proporcionarles los conocimientos para convertirse en un sujeto con criterios e ideas propias, libre y autónomo; la educación de las mujeresdebe ir encaminada a hacer de ella un sujeto dependiente y débil, cuyo único destino es servir al hombre. Porque una educación igualitaria para niños y niñas, convertiría a las mujeres en seres autónomos, y las perjudicaría para el resto de su vida. Esto es lo que llamamos la pedagogía de la subordinación de la mujer, cuya principal directriz es que mientraspara el varón la educación es un proceso en el que éste despliega “su naturaleza”; para la educación de la mujer han de emplearse todos los medios posibles para forzarla a aceptar su papel subordinado. En sus propias palabras Rousseau dice: “Habrá que contrariarla a menudo, negarle su voluntad y desorientar sus criterios, puesto que, en el caso de que se creyera capaz de tenerlos, no asumiría la condición subordinada para la que ha sido creada”.

En España, no es hasta bien entrado el siglo XIX, en 1821, que no se determina en el ordenamiento legal que las niñas también deben aprender a leer, escribir y contar; avanzando así muy lentamente en la escolarización de las niñas, en la formación de las maestras y en el derecho de las mujeres a realizar estudios superiores, aunque si bien es cierto que el modelo legitimado y predominante continúa siendo la separación escolar, en el que, para las niñas, la oración y la costura son la base. No fue hasta finales del XIX cuando empiezan a plantearse algunas propuestas serias que defienden decididamente la necesidad de que las mujeres deben recibir una educación escolar más sólida y equivalente a la de los varones. Conseguir la igualdad educativa de niñas y niños significa para las mujeres poder tener acceso a estudios medios y superiores, y que ambos sexos puedan educarse en los mismos centros.

La práctica de la Escuela Mixta se implanta en la mayoría de los países europeos vinculados al catolicismo, como España, a principios del siglo XX, pero con una encendida oposición desde los sectores más conservadores.

En España, las primeras defensas de la Escuela Mixta y de la Coeducación se realizan desde las corrientes del pensamiento racionalista e igualitario, que considera que la igualdad de todos los individuos es a su vez, la igualdad de hombres y mujeres en la Educación; estas corrientes de pensamiento están influenciadas porla lucha por la emancipación de la mujer lo que convierte esta propuesta pedagógica en la más progresista de la época, conocida como la Escuela Nueva, que respondía a las aspiraciones y a la concepción del mundo de la burguesía liberal, que proponía la Coeducación como uno de los elementos más significativos para conseguir una sociedad democrática e igualitaria. 

Las argumentaciones esgrimidas a favor de la Coeducación estaban muy vinculadas a la visión de un nuevo rol para la mujer en una nueva sociedad. Emilia Pardo Bazán, como consejera de Instrucción Pública, propone en el Congreso Pedagógico de 1892 la Coeducación a todos los niveles para superar la división de funciones asignadas al hombre y a la mujer. Esta propuesta representa un cuestionamiento de la aceptada naturalidad determinista de la división de roles por razón de sexo, por lo que no es aprobada en las conclusiones finales del Congreso.

A principios del siglo XX, entre 1901 y 1906, la Escuela Moderna de Ferrer i Guàrdia, practica la Coeducación, y extenderá su influencia sobre 34 escuelas más, y serán las ideas pedagógicas del movimiento de la Escuela Nueva el antecedente de la organización del Sistema Escolar en la Segunda República, siendo éste un modelo de Escuela Mixta para ambos sexos.

Todas estas experiencias coeducativas se llevaron a cabo por los sectores progresistas, pero contaron con la fuerte oposición la Iglesia y otros sectores conservadores. Argumentaban que era un modelo de escuela “peligroso”, amoral y pernicioso para la integridad moral de niños y niñas, sobre todo para las niñas ya que iban “contra natura” puesto que las “funciones naturales” de la mujer en la familia y en la sociedad exigían una educación distinta a la de los niños, y por ello necesitaba ser separada. 

Con la proclamación de la Segunda República, la Coeducación fue admitida y se consideraba necesaria, pero solo una minoría de escuelas llegaron a ser mixtas; aunque breve, este periodo de tiempo demostró que este modelo de escuela era muy beneficioso para las niñas y las jóvenes, aumentando con ello de manera notable sus tasas de escolarización.

Tras la Guerra Civil, la Iglesia asumió otra vez parte del control imponiendo sus postulados retrógrados en materia de Educación, mientras que las leyes franquistas prohibieron la escolarización conjunta de niñas y niños en Primaria y Secundaria. Todo esto supuso una inflexión hasta la Ley de Educación de 1970.

La Dictadura franquista supuso para las mujeres que esta escuela diferenciada con contenidos académicos diferentes para niños y niñas, se tradujera en una desvalorización profesional y de su formación escolar. Además, parte de la educación de las niñas se confió a la “Sección Femenina de la Falange”, que utilizó infinitos medios para difundir un modelo pedagógico que inculcaba a las mujeres que su única finalidad de su educación se limitaba a las funciones de ser buena madre y abnegada esposa, cuyos valores a cultivar eran la dulzura, la obediencia, la prudencia, el recato, y el trato amoroso a su familia; lo que produjo el regreso a los principios educativos para con las niñas, formulados en el S. XVIII. Mientras que a los varones se les daba oportunidad de pleno desarrollo de sus capacidades con marcado carácter “muy masculino”, fuerte, valeroso, ilimitado, de trabajo (siempre remunerado y regularizado), reconocimiento y prestigio en la esfera pública de la sociedad. Fue La Falange a través de sus campamentos la que también tomó parte en la formación de los varones, inculcando en ellos los principios e ideas fascistas.

A partir de los años 70, con la legislación educativa de la España democrática la idea de dos naturalezas distintas que determinan dos funciones sociales diferentes, decae y es cuando se implanta la Escuela Mixta y la Igualdad formal de oportunidades entre mujeres y hombres. 

En 1983, se crea el Instituto de la Mujer, con el objetivo ayudar a fomentar la igualdad social de ambos sexos, favorecer la participación de la mujer en la vida política, cultural, económica y social, así como para reconocer la necesidad de introducir medidas encaminadas a poner fin a la discriminación por razón de sexo. Es durante esta década cuando se consolida la presencia de las mujeres en todas las etapas de la enseñanza, aunque si bien es cierto que los análisis e investigaciones llevados a cabo dentro de la Educación y sus Instituciones, a través un enfoque con perspectiva de género, puso en evidencia que el Sistema Educativo seguía reproduciendo, y legitimando las discriminaciones por razón de sexo enmascaradas tras una aparente Igualdad formal del modelo socializador de las escuelas mixtas. La perpetuación de los roles de género tradicionales de pasividad y dependencia en las mujeres, y de agresividad y dominación en los hombres también resultaron evidentes e innegables, así como la influencia del lenguaje sexista y del androcentrismo que impregnaba todo el Sistema Educativo, masculinizando de este modo la sociedad y en consecuencia dificultado la eliminación de los estereotipos de género.

Fue al final de los años 90 y a partir del año 2000 cuando realmente comenzaron a desarrollarse iniciativas coeducativas y preventivas de la violencia de género por parte de organismos y centros educativos. Recordemos que no hasta fue 2003 cuando empezaron a registrarse las víctimas de violencia de género, y en 2004 la aprobación de la Ley de Igualdad. De este modo, el Principio de Igualdad de mujeres y hombres se integró en los currículos de todas las etapas educativas, así como el rechazar contenidos sexistas, y estereotipos de género, en libros de texto, materiales didácticos, además de empezar a ser frecuente el uso de conceptos como “coeducación”, “perspectiva de género” o “violencia de género”, y “transversalidad”, en el articulado de las normativas.


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