Chad, vientos de cambio

El país saheliano, a pesar de su pobreza, cuenta con uno de los ejércitos más poderosos de la región, entrenado y armado por Francia; la antigua metrópoli colonial, que ha usado a Chad, como contrapeso a cualquier inestabilidad política en la región.

Por Guadi Calvo | 27/04/2024

Tras las dilaciones impuestas por el Consejo Militar de Transición, encabezado por el general, Mahamat Idriss Deby, que se hizo del poder, el abril del 2021, tras la muerte en combate, del presidente y padre de Mahamat, Idriss Déby (Ver. Chad, la tormenta perfecta.), el próximo seis de mayo, se realizarán, las tantas veces demoradas elecciones presidenciales en Chad.

Los cerca de ocho millones de votantes, tendrán la opción de elegir una, de las diez propuestas electorales. Aunque a pocas semanas de la elección, solo aparecen dos candidatos con posibilidades reales de imponerse: el propio general Mahamat Déby, que encabeza una alianza de 227 partidos y más de mil asociaciones, bajo el sello de Chad Unit. Según distintos observadores, el actual presidente, sería el ganador. Por lo que muchos líderes opositores, han calificado al proceso electoral, de farsa, ya que los militares controlan todas las instituciones electorales, como la recién creada, Agencia Nacional de Gestión de Elecciones, (ANGE).

Por lo que quedarían pocas posibilidades para quien, desde el primero de enero pasado, es el Primer Ministro, Succès Masra, líder del partido Les Transformateurs, quien había abandonado el país, tras la brutal represión del veintidós de octubre del 2022, día que quedará en la historia del país, como el Jueves Negro, donde cientos de manifestantes fueron asesinados, aunque la cifra oficial habla de cincuenta muertos (Ver: Chad, la masacre anunciada).

Masra, retornó del exilio en noviembre del año pasado, habiendo llegado al cargo tras un acuerdo político entre el gobierno y los partidos de la oposición, que se conoce como el Acuerdo de Kinshasa, qué monitorio, el presidente de la República Democrática del Congo (RDC), Félix Tshisekedi.

Otro de los tantos puntos oscuros que ha debido sortear el proceso electoral, ha sido la muerte del principal referente de la oposición, Yaya Dillo Djérou, el pasado febrero, cuando las fuerzas de seguridad, se disponían a detener a Dillo, quien se encontraba en la sede de su partido, el Partido Socialista Sin Fronteras (PSF) en N’Djamena, acusado de haber atacado, junto a otros militantes, el edificio de la oficina de inteligencia del Estado. (Ver: Chad, una trama Shakespeariana)

Chad, uno de los países más pobres del continente, con poco más de 17 millones de habitantes, de los que el noventa por ciento, es analfabeto; sufre un aumento generalizado de precios, por el incremento de los costos del combustible. Lo que han llevado a la ciudad capital, con un millón cien mil habitantes, estar viviendo, una de las peores crisis de electricidad e hídrica, de su historia.

N´Djamena, al igual que diecinueve de las veintitrés provincias del país, había sufrido entre diciembre del 2022 y enero del 2023, grandes inundaciones, que obligó al desplazamiento de más de 300 mil personas, además de haber arruinado, 350 mil hectáreas de sembradíos, la perdida de veinte mil cabezas de ganado y la destrucción de más de ochenta mil viviendas, además de un importante número de edificios públicos (escuelas, centros de salud) e infraestructura.

El país saheliano, a pesar de su pobreza, cuenta con uno de los ejércitos más poderosos de la región, entrenado y armado por Francia; la antigua metrópoli colonial, que ha usado a Chad, como contrapeso a cualquier inestabilidad política en la región, cuyo punto más alto ha sido la Guerra de las Toyotas, que Chad con el apoyo de París y Washington, libró contra la Libia, del Coronel Mohamed Gaddafi, entre diciembre de 1986 y septiembre de 1987, la que se saldó con casi diez mil muertos.

En estos últimos años, el país se convirtió en una barrera, que impidió, que se conectaran las khatibas integristas que operan en área del lago Chad, al suroeste del país, en la frontera con Nigeria, (Boko Haram y Provincia de África Occidental del Estado Islámico o ISWAP) con las que operan en el Sahel, Jama’at Nusrat-ul-islām wal-Muslimin (Grupo de Apoyo al islam y a los musulmanes (GSIM), la franquicia de al-Qaeda, y el Estado Islámico para el Gran Sahara.

Chad, también está siendo afectado, desde hace exactamente un año, por la llegada de más de un millón de sudaneses, desplazados a consecuencia de guerra civil de su país, habiendo ya desbordado los campamentos de refugiados y dado que el conflicto está lejos de su resolución, se espera la llegada de todavía más desplazados. (Ver: Sudán, una guerra sin horizonte). Chad con Sudán, comparten frontera de 1360 kilómetros, que corresponde a La Región de Darfur, uno de los frentes más activos del conflicto, donde se reedita el genocidio de 2003-2005, que dejó medio millón de muertos.

Estados Unidos, sin caminos en el Sahel

En la primera semana de abril pasado, el gobierno chadiano informó, por medio de una carta a los Estados Unidos, su voluntad de revisar el Acuerdo sobre el Estatuto de las Fuerzas, (SOFA), instrumento por el que establecen las normas y condiciones, para que el personal militar estadounidense, pueda operar en el país.

La carta menciona específicamente al Grupo de Trabajo de Operaciones Especiales de Estados Unidos (SOTF) que es un centro operacional clave para la región, que, sumado a la posible pérdida de sus bases en Níger, donde en los últimos días se han producido importantes manifestaciones contra la presencia norteamericana y militares rusos llegados a principios de abril, han entregado un sofisticado armamento que incluye baterías antiaéreas, complica toda la estrategia norteamericana en el continente, más cuando, tanto China en lo comercial y Rusia en lo político y militar están barriendo a occidente en grandes sectores del continente. Por lo que debemos sí o sí, prever un incremento de las khatibas rigoristas, que tienen presencia en la mayoría de los países africanos, el estallido guerras civiles o entre países vecinos.

En el actual contexto del Sahel, donde ya, Burkina Faso, Malí y Níger, han obligado al retiro tanto de los efectivos franceses y norteamericanos, al tiempo que han estrechado vínculos nada menos que con la Federación de Rusia, aunque en el caso de Níger, todavía Washington, se encuentra negociando con el gobierno del general, Abdourahamane Tchiani, su permanencia en el país, donde cuenta con aproximadamente mil efectivos, en dos bases, para la operación de drones. (Ver: Níger, la primera batalla del fin del mundo).

Con esta última jugada del gobierno chadiano, también pone en jaque la presencia militar francesa, que dispone de tres bases y unos mil quinientos efectivos, occidente está a punto de perder la cuarta nación saheliana, que procurará, incorporarse al bloque ya conformado por Burkina Faso, Malí y Níger, con profundos lazos con la Federación de Rusia.

Tras la visita, a finales de enero pasado, del general Mahamat Déby a Moscú, donde tuvo importantes reuniones con el presidente, Vladímir Putin, el mandatario chadiano se refirió respecto a Rusia, como “un país hermano”.

Por lo que la carta de principio de abril, ha puesto a trabajar toda la maquinaria del Departamento de Estado, para no agregar un nombre más a la ya preocupante lista de reveses africanos, mucho más en vista de las elecciones presidenciales norteamericanas del próximo noviembre. De concretarse la salida norteamericana de Chad, París tendría que aprontarse casi de inmediato a otra nueva expulsión; ya no solo una excolonia, sino estratégicamente, la principal base de sustentación en el continente.

Más allá de los avances antioccidentales en la región del Sahel, no se puede ignorar lo que pueda implementar tanto Washington como París, con los países miembros de la CEDAO (Comunidad Económica de Estados de África Occidental), que, tras el golpe en Níger en julio del año pasado, había amenazado con intervenir militarmente para restablecer el “orden constitucional”, con una operación encabezada por Nigeria y Costa de Marfil, posibilidad que fue descartada, pero que al calor de los nuevos reagrupamientos podría ser activada, para disipar los vientos de cambio.


Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central.

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