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Crónica del concierto «Cantos de Abril e Liberdade» con Luis Pastor, Lourdes Guerra & Uxía, celebrado en la Sala Rebullón, en el Centro Cultural As Pedriñas de Mos (Pontevedra).
Por Angelo Nero | 13/05/2026
Decir Luis Pastor es hacer un viaje en tres tiempos, en el pasado, en esa España en blanco y negro donde irrumpieron los cantautores como Hilario Camacho, Pablo Guerrero o Javier Krahe, para quitarle los colores al régimen, pero también al presente, con ese Extremadura fado que aún quema en las manos con sus melodías fronterizas, y al futuro, porque muchas de sus canciones ya son inmortales. Tal vez por lo inabarcable de su atemporalidad llevaba yo un año demorando su entrevista, que me había propuesto mi buen amigo Alfonso Domingo, pero el anuncio de su concierto en la Sala Rebullón, en Mos, me animó a contactar con el vallecano de Berzocana, y a programar un encuentro antes del recital que ofrecería junto a Lourdes Guerra y a la cantante gallega Uxía.
Llegué nervioso a nuestra cita en el Centro Cultural As Pedriñas, con un papel en la mano con un cuestionario improvisado, y me colé en la prueba de sonido, como un fan adolescente, aunque ya se me asomara al pelo el gris, como decía otro gran músico de Carabanchel. Venían los tres con la resaca de un concierto multitudinario en una población cercana, en Goián, con más de ciento cincuenta entradas vendidas, y no disimulaban el cansancio, reclamando un sofá en el camerino, así que dejamos la entrevista para mejor ocasión. Estaba inquieto también porque había comprado cuatro entradas (últimamente me salen caros los conciertos) y aún no habían llegado mis invitados. El resultado es que llegué una hora antes para sentarme en la última fila, en una sala llena hasta la bandera.
Tres silla y una guitarra, una puesta en escena minimalista, que se llenó de aplausos cuando se apagaron las luces y aparecieron sobre el palco Luis Pastor y Lourdes Guerra. “Soy memoria de un tiempo de barrio / Ciudad de extrarradio de lata y cartón / Soy un verso lanzado al futuro / Proyecto seguro, guitarra y canción”, decía una estrofa de la primera canción, “Soy”, una hermosa declaración de intenciones, en la que reivindica sus raíces, que se extienden desde Berzocana a Vallecas, y recorrían los suelos arbolados de Mos. Y para desnudar esas raíces, Luis Pastor nos regaló el hermoso fado de “Cáceres y Badajoz”, una canción que nace de un profundo amor a su tierra: “Extremadura por su belleza / Dura la fuerza y el ser / Quien de ti no se enamora / Quizás no sabe querer.” Aunque también nos contó que el disco nació de una historia de amor en tiempos de WhatsApp y pandemia, de esos amores virtuales y un poco ridículos, en los que se adelgazan las edades y se pone filtros a las imágenes que van sumando ilusiones a nuestro imaginario.
“Soy el más portugués de los cantautores españoles, también soy el más africano”, afirmaba Luís Pastor antes de ofrecernos “Ausencia” una canción inspirada en las melodías de Cabo Verde, en ese ritmo de morna, que universalizó la gran Cesária Évora, donde el extremeño demostraba, una vez más, que la música no entiende de fronteras: “Tengo las manos vacías / De tus manos que no están / Soy un fado que te canta / Desde esta tierra sin mar”.
En “Despedida”, a ritmo de «chula», una danza portuguesa propia de las verbenas, Luís se reía de ese amor virtual, y le daba un final festivo, con mucha sorna y despecho: “Aquí se planta mi fado / canción que no te mereces / la memoria de los peces / son cien gigas a tu lado”. Como en aquellas “Coplas de ciego” que popularizó el cantautor en los ochenta, utiliza la sátira para burlarse hasta de si mismo y, a la vez, para hacernos reflexionar sobre esas relaciones en las que no llegamos a sentir la piel de la persona amada.
Pero esa historia virtual todavía dio para unas “Cartas de Amor”, otra delicado derroche de nostalgia y de velada crítica social, cantado a la limón por Luis y Lourdes, y que despertaban a la vez nuestra ternura y nos dibujaban una sonrisa: “Las cartas que escribe mi amor / no van al cartero / que van del whatsaap a la nube / sin pisar el cielo. / Respuestas que son corazones, / muñecos bailando, / y caritas con más corazones / que vienen volando.”
En el siguiente tema, Luis Pastor nos llevó a un disco anterior “La paloma de Picasso” (2020), esa paloma que simboliza una paz que el cantautor extremeño reivindicó para los pueblos de Palestina, Líbano, Irán y Ucrania: “Tráeme la paz en tus ojos / Tráeme la luna en tus brazos / La paloma de Picasso / Que anida en tu corazón / Tráeme la flor en tu boca / Tráeme la miel en tus labios / Ven y desanda el calvario / De la cruz de este dolor.”
En 1988 Luis publicó uno de sus discos referenciales: “Aguas abril, flores de mayo”, que alberga a uno de los temas más hermosos de su cancionero, que ha tenido varias versiones a dúo, con también extremeña Bebe, o con el gaditano Javier Ruibal: “No sé de qué compás te deslizaste, / ni en qué estación de metro te perdí. / No vi llegar al lobo y me avisaste, / las tiendas se han cerrado para mí. / Aguas abril, flores en mayo, / beso una estatua de sal. / Se fue mi tren, también mi barco, / solo en mi puerto de mar.” Esta es una de esas canciones que te hacen volver a aquel tiempo en el que eras inmortal. Fue, sin duda, uno de los momentos mágicos de la noche.
Pero todavía había mucha magia por delante. Lourdes abandonó el escenario, y entró Uxía Senlle, nuestra Uxía, cuya trayectoria musical he seguido desde que, a mediados de los ochenta, entró a formar parte de Na Lúa, para continuar luego su carrera en solitario. La sintonía con Luis Pastor, la complicidad entre arraianos, se manifestó desde los primeros acordes de “Ángel caído”: “Hay un sueño que ronda mi casa / y aparca en mi frente / Hay un ángel caído en mi cama / que quiere cogerme.” El tema, del álbum “Diario de a bordo” (1996), que también cantó a dúo con Pedro Guerra, llenó la sala Rebullón con un rumor de alas, soltando polvo de estrellas para sepultar nuestras monotonías.
Pero lo que nos iba a terminar por inundar nuestras venas de ternura era ese ejercicio de Memoria que es “Los olvidados”, con el regreso de Lourdes al escenario, y que los tres cantaron para desbordarnos de emoción. Hacía poco más de un mes que Uxía se había subido a este mismo escenario para cantar con este tema con Pedro Pastor, hijo de Luis y Lourdes, y además había sido gracias al documental de Uxía, “Acordamos” que descubrí este tema que se te tatúa en el corazón, cantado por Luis Pastor y Antía Muíño. En castellano y en gallego cantaron: “Los olvidados / Los que retumban en la memoria, los perseguidos / De anochecida en mitad del cerro, los exiliados / Los que jamás volvieron a ver correr a sus hijos / Las olvidadas / Las que escondían pan en el mimbre, las perseguidas / Y señaladas en todo el pueblo, las exiliadas / Las que jamás volvieron a ver correr a sus hijas.”
A continuación fue Uxía quien reivindicó a Zeca Afonso, el músico portugués que puso banda sonora a la revolución, y que en Galicia encontró reconocimiento y complicidad. “Afirmo a minha grande amizade com a terra e o povo galego, com quem mantenho as melhores relações há anos, e expresso também a minha total solidariedade com a luta pelo reconhecimento efetivo da língua e cultura galegas”, fue el mensaje con el que agradeció a los más de 20.000 gallegos que, en 1985, asistieron en Castrelos al concierto homenaje al músico de Aveiro. Uxía y Luis Pastor entonaron las “Cantigas de maio”, y el público del Rebullón recordó también al Zeca cantando: “Eu fui ver a minha amada / Lá p’rós baixos dum jardim / Dei-lhe uma rosa encarnada / Para se lembrar de mim.”
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El espíritu de Zeca siguió sobrevolando el escenario con “Menino do bairro negro”: “Menino sem condição / Irmão de todos os nus / Tira os olhos do chão / Vem ver a luz”, y con “Adeus ó Serra da Lapa”, escrito sobre la dura vida de los campesinos portugueses que intentaban huir de miseria y de la dictadura: “Moirar a terra insegura/ fugir da serra e do mar/ meus companheiros de aventura/ tudo farei para salvar”. También cantaron la preciosa nana de Jose Afonso “Canção de embalar”, uno de esos temas que parecen acariciarte el alma: “Dorme meu menino a estrela d’alva / Já a procurei e não a vi / Se ela não vier de madrugada / Outra que eu souber ser p’ra ti.” Y acabaron el sentido homenaje al Zeca con otro tema que hizo cantar al público, “O que faz falta”: “Se o patrão não vai com duas loas / O que faz falta / Se o fascista conspira na sombra / O que faz falta / O que faz falta é avisar a malta.» Un himno que sigue sonando en las luchas sociales y políticas del país hermano, apelando a ese “agitar a malta”, animar a la gente a luchar contra las injusticias.
Tras habernos sumergido en la lusofonia, Uxía y Lourdes abandonaron el escenario, y Luis Pastor nos quiso contestar a la pregunta: ¿Que fue de los cantautores?, con un largo poema que dejó admirado a un público acabó de conquistar con su capacidad de memoria: “¿Que fue de los cantautores? / Éramos tan libertarios, casi revolucionarios / Ingenuos como valientes, barbilampiños sonrientes / Lo mejor de cada casa, oveja negra que pasa de seguir la tradición / Balando a contracorriente de la isla al continente, era la nueva canción./ Éramos buena gente, paletos inteligentes / Barbudos estrafalarios, obreros chicos de barrio / Progres universitarios soñando en una canción / Y viviendo la utopía convencidos de que un día vendría la revolución.” Luis Pastor decía que aquellos trovadores acabaron en el 79, sepultados por la Transición y la Movida, pero sin embargo sentencia: “¿Qué fue de los cantautores? / ¿De los muchos que empezamos? ¿de los pocos que quedamos?/ ¿De los que aun resistimos? ¿de los que no claudicamos? / Aquí seguimos, cada uno en su trinchera / Haciendo de la poesía nuestro pan de cada día.”
Parecía que las melodías de Jose Afonso habían quedado atrás, pero volvió Uxía al escenario, y trajo consigo el “Cantar galego ao Zeca”, que escribió hace unos años: “Zeca sempre na memoria / flor do noso pensamento / versos que mudan a historia / e nos bateron no peito / ha tantos camiños novos / sen muros e sen ameias / utopías a nascer non son cantos de sereia / Na Galiza, casa túa / o teu pobo a cantar / nas rúas de Compostela / terra da fraternidade.” Al envite de Uxía, contestó Luis con su “Grândola de mi querer”, otro delicioso homenaje a la revolución que disparó claveles y acabó con la dictadura más longeva del continente: “Brota mi pecho un abril / brota un clavel en mi piel / cojo otra vez mi fusil / Grândola de mi querer / Ronda mi pecho un clavel / brota un abril en mis labios / cojo otra vez mi fusil / para vengar los agravios.” Otra de esos temas imprescindibles de la larga lista de canciones de Luis Pastor que vuelan sobre la frontera como nubes de tormenta y descargan versos sin importarle a que lado de la raya caigan.
Y cruzando fronteras y océanos, como una “Mariposa de noviembre”, para recordarnos a esa cantante inmortal que es Violeta Parra: “La voz de mi corazón / Es un pájaro que canta / Gorrión del pueblo cantor / Como fue Violeta Parra / Su nombre, color y flor / Su apellido de uva y vino / Del canto de su dulzor / Al dolor de su destino”. Un tema que cantaron a capella Luis y Lourdes, utilizando como único acompañamiento la percusión de su pecho. Aplausos y puños alzados cuando gritaron: “La voz de mi corazón / canta para que mañana / España vuelva a ondear / bandera republicana.”
Para despedir estos “Cantos de Abril e Liberdade”, que nos habían sembrado de estrellas rojas el corazón, no podía haber mejor despedida que cantar todos juntos, en pie, el “ Grândola vila morena” que inmortalizó el Zeca, y derribó los muros de la dictadura gracias al coraje de hombres como Otelo Saraiva de Carvalho, Salgueiro Maia o nuestro Capitán Vieira.
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