![]()
Belén María se imaginaba un futuro que no fue, sus versos se quedaron adolescentes para siempre, en aquel día fatídico.
Por Angelo Nero | 17/07/2025
“Hay miles de cosas
Que me pueden prohibir
Y miles que me pueden reprochar.
Pueden atraparme y atarme con cadenas.
Pueden acusarme y condenarme.
Pero no saben que hay cosas en las que las cadenas no actúan, las llaves no cierran.
Sí, hay miles de cosas en las que nada ni nadie me va a poner cadenas. No pueden, es imposible.
Mis pensamientos, el Amor, mis sentimientos. Yo puedo pensar lo que quiera y en quien quiera, que por mucho que quieran no pueden percatar lo que pienso, siento y vivo. Nadie puede amar, sentir o pensar por mí, pues lo mío sólo es mío y mi vida es mía.
Por mucho que quieran atarme seré libre. Porque, aunque encadenen mis manos, mi mente es libre para lo que quiera sentir, es impenetrable para las cadenas.”
La autora de estos versos, Belén María Sánchez Ojeda, hacía cinco días que había cumplido los 16 años, cuando el 25 de julio de 1980 le fue arrebatada la vida, en el transcurso de una manifestación de trabajadores portuarios en el puerto de Las Palmas. Ella había acudido con su padre, estibador, para apoyar la lucha por un convenio colectivo, y por el reconocimiento de la Coordinadora Estatal de los Estibadores, a la Plaza de Manuel Becerra, junto con miles de trabajadores y sus familias, con la intención de cortar el tráfico en la paellera -la rotonda que ahora lleva su nombre-, en medio de un ambiente caldeado por un despliegue de la Policía Nacional y de la Guardia Civil, que quería impedirlo. Según la crónica del diario El País: “los sucesos comenzaron al ser prohibida la entrada a los muelles de Las Palmas a las mujeres e hijos de los trabajadores en huelga, que, como en días anteriores, hicieron acto de presencia para mostrar su solidaridad con la postura mantenida por los estibadores”.
En principio los coches, por solidaridad o por la presión de los estibadores, se detuvieron, pero un guardia civil se adelantó y ordenó a uno de los coches que circulara. Este, un Alfa Romeo, aceleró y se llevó por delante a dos personas. Una de ellas era Belén María, a la que arrastró un centenar de metros. Después emprendió la fuga por la cuesta del Sebadal. Algunos manifestantes corrieron tras el coche, intentando detenerlo. Las fuerzas del orden comenzaron a cargar sin piedad contra los estibadores, y otros cuatro trabajadores fueron heridos, uno de ellos perdió un ojo por el impacto de un bote de humo.
El autor del atropello, Antonio Herrera Antona, continuó conduciendo hasta la empresa donde trabajaba como administrativo, donde su jefe le dio refugió hasta que llegó la Guardia Civil. Al día siguiente ingresó en prisión, según una información de Europa Press.

“¿Nunca te has detenido a pensar en el futuro?
Yo, muchas veces. Miles, diría yo.
Me he imaginado en millones de situaciones y no he sacado nada en claro ¿Qué me ocurrirá en el futuro? Una pregunta interesante y a la vez sin sentido.
Porque mientras tenga vida, siempre habrá un futuro. Y esa incógnita siempre quedará en el aire. Buscando respuestas que no encontrará.
Pero lo importante es vivir el presente, exprimir cada minuto. Procurando que todo sea lo más bonito y agradable posible.
Así seré feliz yo y haré felices a los demás. Pues el tiempo se nos escapa de las manos.
Y los recuerdos, si son dulces, se guardan siempre con cariño. Pero, si son tristes, los guardas con desprecio, pensando lo lindo que podría haber sido.”
Belén María se imaginaba un futuro que no fue, sus versos se quedaron adolescentes para siempre, en aquel día fatídico. Su madre, Fefa Ojeda, se acercó a la clínica Santa Catalina, donde se había pedido voluntarios para donar sangre, sin saber que una de las personas atropelladas había sido su hija. Fue el líder sindical Remigio Vélez, quién dio la terrible noticia en la sede de la Organización de Trabajadores Portuarios: “la niña ha muerto”. A su entierro, al día siguiente, fueron 30.000 personas, caminando desde el puerto de Las Palmas hasta el cementerio de San Lázaro, acompañando al cuerpo de la joven, en un ataúd cubierto con la bandera de las siete estrellas verdes, en una demostración de dolor y de rabia de todo un pueblo, que de esta forma dramática asumió las reclamaciones de los trabajadores portuarios.
“Los estibadores italianos, holandeses, ingleses y suecos iniciarán un boicoteo contra todos los barcos españoles que arriben a sus puertos con mercancía, como medida de presión para solicitar la libertad de los detenidos en La Coruña y para protestar por el suceso ocurrido en Las Palmas.” Informaba el diario El País, dos días después de la muerte de Belén María.
El gobernador civil, Manuel Fernández-Escandón Álvarez, de la UCD, que había sido el último delegado del Sindicato Vertical en la isla, se vio obligado a presionar a los empresarios para que firmaran el convenio que ya habían rubricado otras empresas en la península, para aplacar los ánimos de los estibadores. “Me he preguntado muchas veces por qué no se sentaron a negociar antes de que tuviera que morir alguien, que en este caso le tocó a mi niña, pero podía haberle pasado a cualquiera”, declaraba Fefa Ojeda en el libro “Belén María, historia de un símbolo”.
También el periodista canario José Luis Morales escribió varios artículos en la revista Interviú, donde era redactor-jefe, sobre el caso, por lo que tuvo que sentarse dos veces en el banquillo de los acusados. Otro libro recoge la historia de otra de las víctimas de la democracia, “Belén María, verano del 80”, del sociólogo Juan Antonio Delgado Santana. En el se albergan los versos de aquella adolescente canaria, que se sumó a la nómina de proletarios muertos o encarcelados por participar en manifestaciones y huelgas de una democracia en la que la protesta siempre ha estado reprimida.
“Se me va el tiempo de las manos, rápidamente, sin darme absoluta cuenta. Y me da miedo, pena. Pues la vida es tan bella y a la vez malvada.
Son estos unos años lindos, jóvenes y llenos de vida. Se despiertan en mí miles de sentimientos y deseos de vivir. Voy a cumplir 16 años, y me parece incierto. Pero es real. Me siento joven y me gustaría sentirme siempre así. Llena de ansias, pasiones, ganas de amar; compartirme con los demás y hacer trizas el odio.
Pero la vida pasa de improviso. Y yo quiero vivir. Vivir al máximo mi vida. Cada minuto, cada instante. Y marcar páginas en mi corazón, porque mi vida es mía, sólo mía y nadie puede vivirla por mí.”
Se el primero en comentar