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Los bares, amparados en la moda del ocio de la nostalgia, se ha convertido en un espacio muy útil para reactivar la transmisión de valores ideológicos neofranquistas.
Por Lucio Martínez Pereda | 19/11/2024
En España, los bares han sido tradicionalmente lugares de encuentro y socialización. En muchas ocasiones han sido lugares para discutir ideas políticas. Durante la Guerra Civil Española (1936-1939) y la posterior dictadura, algunos bares y restaurantes se convirtieron en refugios para opositores al régimen, mientras que otros eran utilizados por simpatizantes del franquismo. Algunos bares han mantenido una carga simbólica como lugares de resistencia cultural contra el fascismo, donde se promovía la libertad de expresión y se discutían ideas progresistas. Estos espacios han sido muy relevantes como lieux de memoria histórica.
Desde el inicio de la segunda década del XXI el ocio ligado al consumo de alcohol y comida barata se ha convertido en un espacio de diversión apropiado para la fácil y “entretenida” penetración del nuevo fascismo en España. Los bares, amparados en la moda del ocio de la nostalgia, se ha convertido en un espacio muy útil para reactivar la transmisión de valores ideológicos neofranquistas: antiguos cánticos y banderas de la dictadura, un variado repertorio de viejos fetiches fascistoides, restos patrióticos de artilugios de guerra, nostálgicas postales del frente, saludos fascistas, y viejos platos y menús renombrados con nombres que indirectamente incitan al odio y la violencia pero sin incurrir en ilícitos legales.
Estos bares y restaurantes funcionan -con el apoyo de famosos del espectáculo y algunos líderes ultraderechistas- como escenario propagandístico empleado por los partidos ultraderechistas y las asociaciones neofascistas españolas para la transmisión de fotos, memes, pequeños vídeos e inclusos entrevistas de apología de valores antidemocráticos. Sus propietarios han encontrado en esta estrategia un recurso de marketing comercial para conseguir relevancia mediática y aumentar el número de clientes.
Una enorme tolerancia con la simbología fascista se extiende en España por bares, tabernas y restaurantes, contribuyendo a normalizar la dictadura, la represión y el asesinato de miles de personas. Pasemos ahora al terreno de lo concreto y tras leer la siguiente noticia comparemos lo sucedido en Alemania con lo que pasa en España. Hagamos un repaso de algunos de los muchos locales de ocio que en España contravienen la Ley de Memoria democrática.
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Casa Pepe
Ubicado en el kilómetro 243 de la Autovía A-4 entre Madrid y Cádiz. Considerado uno de los «templos franquistas» más conocidos. Decorado con banderas franquistas, merchandising preconstitucional y todo tipo de símbolos del régimen de Franco. Su decoración exterior está pintada de rojo y gualda. Hay carteles rojigualdos anunciando el local desde la carretera.
Un viejo camión militar con la inscripción «¡¡Héroes!! 1941-1944» está presente en el exterior. En la decoración interior hay múltiples banderas con el escudo franquista, Óleos y bustos de Francisco Franco, insignias preconstitucionales y símbolos del partido fascista Falange. Abunda el Merchandising y objetos a la venta -tazas, platos, llaveros, camisetas y gorras- con simbología franquista. Los calendarios tienen imágenes del Caudillo y las galletas se decoran con el rostro de Franco.
Con los elementos y utensilios para la comida sucede lo mismo: las banderitas de la Falange son usadas como palillos en las tapas. Casa Pepe es descrito como un «templo del fascismo» y un «museo» que rinde homenaje a los casi 40 años del régimen franquista. A pesar de la legislación que prohíbe la exhibición de simbología fascista en espacios públicos, el local continúa operando con impunidad, argumentando que es un negocio privado.
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La taberna de Manzanares
Situada en Madrid, en una zona obrera. Su dueño, Chen Xiangwei, se define como franquista. Exhibe símbolos y retratos de Franco, botellas con la cara de Francisco Franco en la etiqueta, imágenes y retratos de Franco en las paredes. El hijo del dueño se llama Franco, en honor al dictador. El local es descrito como un «templo a la figura de Francisco Franco». El dueño ha sido nombrado «Caballero de Honor» por la Fundación Francisco Franco.
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El Mirador de Pelayos
Ubicado en Pelayos de la Presa, Madrid. Cuenta con múltiples imágenes y bustos de Franco, banderas preconstitucionales y símbolos religiosos. Siete imágenes de Francisco Franco se sitúan en el interior del local, varios bustos del dictador, banderas preconstitucionales y retratos de Primo de Rivera, el fundador del partido fascista español. El local es orgullosamente descrito como un «mausoleo franquista» y un lugar de «parada obligatoria para nostálgicos». El propietario del local es el hermano del ex-alcalde Herminio Cercas y se ha resistido a retirar símbolos franquistas del pueblo. Esta exhibición de simbología fascista ha generado polémica, especialmente cuando el establecimiento fue elegido por el ayuntamiento local (gobernado por el PP) para celebrar eventos como el Día de la Mujer.
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Casa Eladio
En Ávila, con vistas a la muralla medieval. Forma parte de la llamada «Ruta del 36». Ofrece platos con nombres como «chorizos rojos» o «huevos rotos fusilados». Decorado con banderas franquistas y símbolos del régimen: un busto de Franco en la barra del bar, imágenes de Francisco Franco por todas partes en el interior del local, banderas franquistas y preconstitucionales, mesas con la cara de Franco pegada o con la bandera franquista, decoración con colores rojigualdos emulando la bandera de la dictadura , simbología y merchandising con simbología franquista. En el exterior se sitúa un cartel indicando que forma parte de la «Ruta del 36”, una pizarra, también exterior, con ofertas culinarias con nombres que indirectamente inducen a la violencia machista como «revolcona amargadas del 36». El local es descrito como un «templo franquista». El dueño, Eladio Blázquez, ha ido acumulando esta decoración con entusiasmo de coleccionista desde que abrió el bar en 2005.
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Casa Olga
Una marisquería ubicada en A Garda, Pontevedra. Exhibe múltiples retratos y fotografías de Francisco Franco en las paredes del comedor: Franco con uniforme de capitán general, Franco sentado en su despacho de El Pardo, Franco en familia. Tiene un “altar» dedicado a Francisco Franco que se acompaña con fotografías y eslóganes de miembros del Partido Popular. La dueña, Olga, lleva un reloj de pulsera con los colores rojigualdos de la bandera de la dictadura española. Habitualmente se canta el «Cara al Sol» (el himno del partido fascista la Falange) Se describe el local como un lugar donde entusiasmadamente «se canta y se celebra con consignas preconstitucionales».
Asador Guadalmina
Dejo para el final este restaurante no directamente encajable en la tipología de estos locales. El Asador practica una suerte de neofascismo a-legal afín a Vox y otros grupos ultraderechistas. Su dueño ha sido bien asesorado para no incumplir la ley de la memoria histórica y evitarse así la imposición de multas que pueden llegar hasta los 150.000 euros.
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La Ley de Memoria Democrática en España permite multar a empresas privadas. La ley establece sanciones de hasta 150.000 euros por el incumplimiento de sus disposiciones, que incluyen actos como la destrucción de fosas comunes, el menoscabo a lugares de memoria democrática o la exaltación del franquismo. Estas sanciones aplican tanto a entidades privadas como a personas físicas que realicen actos contrarios a la memoria democrática. La Ley de Memoria Democrática establece sanciones específicas para empresas privadas que incumplan sus disposiciones. Las infracciones muy graves pueden conllevar multas de entre 10.001 y 150.000 euros, y pueden incluir el cierre de entre seis meses a dos años de locales donde se practique la exaltación del franquismo. Ya es hora que el Ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, el señor Ángel Torres Pérez, se ponga a trabajar y cumpla sus obligaciones legales con esta gentuza.
En vez de hacerle publicidad prendemosle fuego a estos sitios de mierda con la chusma dentro