Anti-Squat, el problema de la vivienda en Francia

En 2023 había 330.000 personas sin hogar en Francia, un 10% más que el año anterior. Además, hay un total de 4,1 millones de personas en situación de precariedad habitacional.

Por Angelo Nero | 14/09/2025

El director francés Nicolas Silhol, que ya exploró la falta de escrúpulos de las grandes empresas a la hora de utilizar sus “recursos humanos”, en su notable “Corporate” (2017), vuelve a sumergirse en la precariedad laboral de la clase trabajadora, añadiendo una vuelta de tuerca más, con el elemento del problema habitacional, que afecta especialmente a los más desfavorecidos, pero que también alcanza, como en el área de París, a esa clase media a la que ya no le alcanza para pagar los elevados alquileres. A pesar de que el parque público de vivienda social está más desarrollado que en España, “según la Fundación Abbé Pierre, en 2023 había 330.000 personas sin hogar en Francia, un 10% más que el año anterior. Además, hay un total de 4,1 millones de personas en situación de precariedad habitacional.”

La protagonista de “Anti-Squat”, Inès (Louise Borugoin, a la que vimos en Monsieur Spade), es una madre soltera de 35 años, agente inmobiliaria en paro y amenazada de desahucio por su casero, que vive con su hijo adolescente, Adam (Samy Belkessa), por lo que con urgencia necesita encontrar una nueva vivienda, tarea complicada al carecer de una nómina que la respalde. La oportunidad de salir del atolladero donde se encuentra se le presenta con una oferta de trabajo para una empresa, Anti-Squat, para que gestiones un edificio de oficinas donde alojar a residentes temporales, para evitar la ocupación ilegal. Inès deberá mudarse durante dos meses al edificio para vigilar que se cumplen las estrictas normas de la empresa que no permiten animales ni niños (por lo que oculta la existencia de Adam), se prohíben las fiestas, comer en las habitaciones o cerrar las puertas, a la vez que se espera que los residentes contribuyan a adecentar los espacios comunes.

Según su director, en la película “hay un enfoque político ante un problema social, como hemos dicho, pero sobre todo quiero contar historias de ficción, en las que también incluyo mi lado más íntimo. Y es cierto que la relación generacional, la relación madre-hijo, inspirada en la relación que tengo con mis hijos adolescentes, fue realmente importante, central. ¿Cómo nos enfrentamos hoy a la mirada de nuestros hijos, que nos ven tomar decisiones difíciles y que se ven llamados a tomar decisiones a medida que crecen? Ahí es donde incluyo mi lado más íntimo.”

El drama al que se enfrenta Inès no solo el de tomar decisiones que afecten a los residentes del edificio gestionado por Anti-Squat, como Claire (Adèle Wismes), una joven actriz, Marko (Sâm Mirhosseini), un obrero de origen búlgaro, o el profesor Guillaume (Arthur Choisnet), siguiendo las presiones e imposiciones de sus jefes Aurélie (Gabrielle Atger) y Thomas (Antoine Gouy) -”Tienes que ser implacable. Es parte del trabajo. Si no tienes el valor necesario para despedirlos, entonces tendrás que irte tú”-, sino que estas decisiones las deberá tomar bajo la mirada de su hijo Adam, Hay una escena de la película, una conversación entre el chico y Guillaume, sobre los deberes del colegio, en el que sale el tema de la ocupación nazi de Francia, donde se preguntan si hubieran sido parte de la Resistencia o colaboracionistas. “La mayor parte no fueron ni una cosa ni otra, simplemente trataron de subsistir”, dice el profesor. Quizás esta sea la clave del film. Inès trata también de subsistir, aunque a costa de dejar la ética a un lado.

El problema habitacional es el escenario sobre el que orbita este drama, como señala su director: “Es algo que desconocía. Investigué sobre vivienda porque quería hablar de la crisis de la vivienda, un problema importante que preocupa a mucha gente. Y fue al conocer a gente de DAL (el derecho a la vivienda), que descubrí este principio de protección mediante la ocupación, que en su momento se incluyó en la ley ELAN de forma experimental y que se ha perpetuado en la ley antiokupación que lleva el mismo nombre que la película y que acaba de aprobarse. En aquel entonces, era algo nuevo, que ahora es muy concreto y está en desarrollo. El principio consiste en alojar a los residentes en edificios vacíos o estructuras desocupadas, protegerlos de posibles okupaciones y mantenerlos con un alquiler muy bajo.”

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