Andeka Larrea: ‘El Guggenheim es el símbolo del capitalismo del turismo, del capitalismo vinculado a la arquitectura’

Entrevistamos al filósofo y escritor vasco Andeka Larrea, sobre su último libro ‘Una caída titánica’, publicado en Txalaparta, donde, a ritmo de thriller, hace una ácida crítica del modelo cultural que en Bilbao tiene al Guggenheim como bandera.

Por Angelo Nero | 9/06/2026

Andeka Larrea, licenciado en filosofía y antropología, se ha dedicado a la docencia, pero también se ha involucrado en numerosos proyectos culturales, tanto radiofónicos, teatrales, audiovisuales como editoriales. Ha publicado los ensayos, “Bilbao y su doble. Regeneración urbana o destrucción de la vida pública” (Likiniano Elkartea, 2007), “Euskal Hiria” (Ex Liburuak, 2015) y “Pandemia y periferia. El vasquismo que no fue” (Uno Editorial, 2022). Ahora acaba de salir a la luz su primera novela “Una caída titánica” (Txalaparta, 2026), un thriller político, donde a través de un desastre que remueve los pilares de la sociedad vasca, el derrumbe del Guggenheim en el inicio del siglo XXI, recrea la transformación de Bilbao y las tensiones generadas en el mundo político, social y periodístico, a través de una galería de personajes, algunos imaginados y otros reales, que ofrecen un ácido crisol de esta sociedad.

En ‘Bilbao y su doble’ ya hacías una reflexión sobre las luces y las sombras de la transformación urbana de una ciudad industrial a un destino turístico, que no ha parado de crecer en las últimas décadas, y que tiene como referencia proyectos como el Guggenheim, que incluso llegó a planearse una nueva sede. ¿Querías a través de esta novela impugnar la historia oficial de esta transformación urbanística, pero también social y cultural?

Impugnar igual no es la palabra adecuada, pero si que me he servido de la ficción para hacer una continuación de “Bilbao y su doble”, pero por otras vías. Aquello que señalábamos en ese libro sobre la transformación de Bilbao y las consecuencias que ya entonces se anunciaban y que parecían profecías prácticamente. El ciclo de Bilbao se incorpora relativamente tarde a este movimiento global del capitalismo del turismo. Entones, como se estaba poniendo en marcha, parecía que hacer escenarios negativos, o señalar los aspectos negativos de la turistificación de las ciudades, en 2006, de cuando es el libro, parecía algo casi de política ficción.

El caso que con “Una caída titánica” he de reconocer que en lo personal me he dado el gusto de continuar por ahí, y si no de impugnar, si de alguna manera de imaginar una historia alternativa, por eso plantea una ucronía: que hubiera ocurrido si -como está en la primera página se puede decir- se produjera un accidente grave en el Guggenheim, y hubiera puesto en solfa todo ese proyecto urbano que era un poco la estrella. Pero después hubo muchas transformaciones y muchos edificios singulares que se construyeron.

Y, siguiendo el registro de la novela, que es un registro un poco más agradecido que el ensayo, porque el ensayo siempre se enfrenta contra la realidad, a partir de los análisis que hace, de los contrastes que hace de la realidad. Porque pasado el tiempo he tenido que reflexionar mucho sobre lo que digo el ensayo y sin embargo la literatura de ficción permite unas alegrías, que yo he querido darme, acordándome también bastante de ese libro, “Bilbao y su doble” y lo que nos planteábamos entonces, o lo que imaginábamos que podía llegar a ser Bilbao, efectivamente casi se ha convertido en realidad.

Hablamos unos que nos quedábamos pasmados ya en el 2006 y en los años siguientes con las maquetas que se expusieron en la gran exposición que hubo al principio del proyecto urbanístico de Bilbao, y años después se convirtieron tal y como estaban en realidad, y que era un poco un efecto de extrañamiento, ver maquetas que se convierten en realidad, tal cual, a mi es algo que me sigue sorprendiendo.

Sitúas la acción de la novela en el cambio de siglo, cuando comenzaba el primer mandato de Iñaki Azkuna, con el conflicto armado todavía activo, el plan Ibarretxe, y la sombra de la ilegalización sobre la izquierda abertzale. ¿Porqué decidiste escoger este espacio temporal y cuanto hubo de investigación histórica para darle credibilidad a la historia?

Investigación histórica hay bastante, porque una de las premisas de la novela es que mezcla ambientación histórica, del año 2000, y quiere ser verosímil por el contexto socio-político del primer mandato de Azkuna, con Ibarretxe en la Lendakaritxa, el fracaso de Lizarra-Garazi, y el clima emocional y social que había en aquellos años. En la parte histórica, de investigación ha habido un trabajo muy interesante y profundo, sin ser mi rama del conocimiento, porque yo soy filósofo, no historiador.

El año me interesaba mucho porque cuando uno lo mira en el registro político de la alcaldía de Azkuna, que fue el gran transformador de Bilbao, cuando él accede en su primer mandato, estaba en minoría, veníamos de esa frustración que provocó la ruptura del pacto de Lizarra-Garazi, y el fin de la tregua, con un lehendakari Ibarretxe que también estaba en una situación política de minoría para sacar presupuestos adelante, con lo cual me planteé hacer una retrospectiva de esto. El año 2000 fue muy intenso y además el decurso de la historia pudo haber sido otro a nada que las cosas se hubieran inclinado hacia un lado o hacia otro.

El caso de que el alcalde estuviera en minoría, las dificultades que tenía de sacar adelante los proyectos, con esa imagen que queda para la posteridad del gran alcalde de la ciudad que la transforma y la cambia, a la vez con un Ibarretxe que también es recordado por otras cuestiones, pero que aquel año estaba defendiendo una vía, un entente entre abertzales para tratar de terminar con el conflicto y que, por desgracia, no pudo salir adelante, y la sensación de fracaso.

Me interesaba mucho en este sentido por su viveza, y porque ocurrieron tantos acontecimientos en Euskalherria y en concreto en Bilbao, que para una ficción, para inventar una historia alternativa, pero partiendo de un relato que es verosímil en sus elementos, en el ambiente histórico y político, daba lugar a un juego que es al que se invita al lector. Al juego de donde acaban los acontecimientos reales y donde empiezan los inventados que subvierten un poco los primeros, o el futuro que se imagina.

Hace poco entrevistamos en NR al periodista y escritor Txema García, que en su novela ‘La maleta de Urdaibai’ imagina un futuro distópico, en el proyecto de la segunda sede del Guggenheim se ha materializado. En ‘Una caída titánica’ también haces una ficción alternativa, una ucronía, partiendo del derrumbe del museo bilbaíno. ¿Qué fuerza simbólica tiene el Guggenheim, como para generar historias que impugnan su relato de modernidad y bonanza económica? Y por otra parte ¿qué crees que aportan proyectos como este museo a la cultura vasca?

El Guggenheim lo que tuvo y lo que tiene son dos momentos distintos. Tuvo una fuerza simbólica que ha ido de alguna manera conquistando dentro de la narración en la transformación de Bilbao, que es una narración que hacen quienes la protagonizan y quienes la ganan también, es decir, los grandes capitales, los responsables políticos de aquella aventura. No solo el ayuntamiento, que durante el mandato de Azkuna era él mismo, en la que estuvieron las administraciones vascas, y hay que recordar también algunas administraciones del estado. Entonces, en primer lugar, es el símbolo de esa victoria, del capitalismo del turismo, del capitalismo vinculado a la arquitectura. Sobre una ciudad que en esa narración, e ese relato consensuado, ha alcanzado el fin de su ciclo industrial y que se encuentra deprimida, que no tiene un horizonte de esperanza, y que, de alguna manera, esperaba como llovido del cielo esta salvación. Hay tiene un elemento importante de símbolo.

Con el paso del tiempo creo que ese símbolo, aunque se ha consolidado, ya no representa tanto el triunfo del capital multinacional o del capital global sobre el espacio urbano, sino simplemente una imagen icónica en el sentido de atrayente de flujos turísticos y de flujos de capital. De alguna manera, en el mundo de los negocios es su tarjeta de presentación, un icono cultural que se presenta habiendo perdido quizá algún elemento que ese simbolismo económico y narrativo que tuvo durante los primeros años de todo este proceso, que hay que recordar por el año 2000 tuvo también sus fragilidades, aunque desde fuera lo viviésemos los que nos estábamos oponiendo a él como muy hegemónico, y con mucha fuerza, haciendo mucha investigación, y en la novela así se presenta, las fragilidades y las dudas con este y hubo muchas improvisaciones. El hecho de que fuese un edificio recubierto de titanio no era una gran idea del arquitecto original Frank Gehry, que era el acero, y por una cuestión económica o por falta de material no se hizo.

En cuanto a la aportación a la cultura vasca, yo diría que es bien poca o ninguna. Cuando uno piensa en la contribución que debería hacer una institución museística, hay que recordar que esto es una anomalía, no es museo público que tiene una financiación pública. Tendría que ser, al menos, una muestra del arte contemporáneo vasco, y ayudar y acompañar a los artistas, pero no lo veo. Hago la reflexión: pasadas dos décadas largas, vamos para tres, y cuanto y en que ha ayudado la Fundación Guggenheim, a que artistas, al desarrollo de que tendencia del arte, y hablamos solo de artes plásticas. No encuentro un ejemplo de esto. Es verdad que los escultores y las esculturas vascas organizaron una exposición muy importante en este sentido, pero no hay ningún elemento, más allá de que cumple su función de espectáculo, ya que el atractivo que tiene es el contenedor, el propio museo como escultura, y completa también la obra que se ve desde fuera.

Lo que contiene, básicamente, son fondos de esta fundación neoyorquina, más algunos artistas vascos que tiene la suerte de ser expuestos alguna vez en el Guggenheim, pero , en general, y lo digo además como vecino de Bilbao, como persona implicada en la cultura vasca contemporánea, no veo que se haya hecho ninguna contribución, y que en este momento de la historia alguien pueda defender que efectivamente está institución museística ha hecho algo por ayudar, por crear tendencias, dentro de la cultura vasca actual, más bien diría al contrario, me parece que su aportación se acerca prácticamente a la nada.

También encontramos en el libro referencias a otro Bilbao, más alternativo, el de otros modelos culturales alejados de las élites y de las subvenciones, el que se refugia en gaztetxes y espacios autogestionados, en pequeños proyectos editoriales o radiofónicos, ¿Cómo ha subsistido este tejido cultural alternativo al que se promociona desde las instituciones?

Fue un proceso históricamente lento, que no solo se debe a una voluntad política de hacer desaparecer, todo el sustrato no sólo cultural, social, político, del Bilbao de los años 60 y 90, un sustrato que estaba en la confrontación directa con el sistema político, y también con el sistema cultural. Ahí ha habido siempre una parte de búsqueda de eliminación directa de esos lugares de la cultura. En el caso de nuestra ciudad, muy claramente con una obsesión, que compartió el alcalde Azkuna, con los gaztetxes. Hay que recordar el cierre del Gaztetxe Kukutxa, en Rekalde, después de que se manifestara una voluntad popular en mantenerlo, además de los vecinos y de la propia asamblea. Si que había una voluntad, pero, poco a poco, una vez que Bilbao entra en ese circuito de la atracción turística o que hace una apuesta claramente por una parte por el turismo con sus matices, con el turismo de negocios, con el Palacio de Congresos, y luego con el turismo general, que gusta de ser llamado turismo cultural, pero que de cultural tiene poco.

Poco a poco la presión de estos turistas que viene a conocer una ciudad de la cual se dice que tiene un ambiente sociocultural interesante, independiente, activo, y sin embargo estos procesos como ha ocurrido en muchas otras ciudades, en todo el mundo, por esa presión van desapareciendo. Sabemos la influencia que tienen estos flujos en el precio de la vivienda, sabemos que la especulación también va desplazando, haciendo que los gaztetxes, los locales ocupados, los espacios que puedan tener las asociaciones, o el movimiento popular, en el Casco Viejo de Bilbao, van siendo abandonados ante la subida de los precios.

También hace que esos agentes políticos, y culturales, desaparezcan del barrio y su acción política también, que deje de ser visible, y poco a poco se va produciendo ese desplazamiento, de lo social y de lo político, y yo me atrevería a decir, porque además sería injusto no hacerlo, a día de hoy todavía en el Casco Viejo de Bilbao y su alrededores hay una vida cultural, hay una vida política, hay una vida asociativa, que además hay que defender, y hay que reivindicar. Pero es cierto que se encuentra en una situación de permanente acoso por estas fuerzas de penetración y de cuñas que van siendo también de estos capitales que entran en la ciudad y que quieren espacios. Y de algún modo para ofrecer a sus consumidores, productos de consumo rápido, y esto hace que, con otros factores sociales, que no podemos analizar en este momento, porque es un momento distinto a los 80 y 90, que los posteriores 2000 y hoy en día, una serie de corrientes que cambian los modos de lucha también.

Todo eso influye de alguna manera en que el pulso de la ciudad socio-cultural underground, reivindicativo, pierda un poco la intensidad.

A través de uno de los personajes principales, Alberto Azaldegi, nos hablas de esa cultura que se ha mantenido en los márgenes. Un editor que creyó cambiar el mundo a través de la cultura, que también sufre un derrumbe personal, en paralelo al derrumbe del museo, y que está ligado a otro personaje central, Txus Conde, una suerte de poeta maldito. Ambos mantienen en cierto modo vidas paralelas, hasta que convergen al final. ¿Cómo fue la construcción de estos dos personajes, que son los que más matices tienen en la novela?

Son una especie de diada, que llevan una vida paralela, los dos comparten una juventud, los dos comparten una serie de luchas, los dos participan en la ocupación del gaztetxe del Casco Viejo de Bilbao, y creo que son dos personajes complementarios. La inspiración en el caso de Txus Conde he de confesar que fue personal, hay una conexión, existió un poeta con ese nombre, que ya murió, y yo lo conocí, y sirviéndome de este conocimiento he querido convertirlo en un personaje de ficción, también para rendir un cierto homenaje a la manera de vivir el arte, que es la manera radical como la vive Txus Conde, completamente arriesgada, sin ningún tipo de barreras.

Barreras que si tiene Azaldegui, que aunque también está conectado con la cultura, tiene esos sueños y esas esperanzas, en su juventud. Es un poquito más apegado a la realidad. Así como Txus Conde vive para lo dionisíaco, para el placer permanente y por la creación del arte por el arte, Azaldegui de alguna manera es su contraparte.

Son dos personajes que se están señalando mutuamente sus propias contradicciones a través de una relación de amistad, que se mantiene en el tiempo, que también es una relación intelectual, colaboran juntos, hacen o tratan de hacer proyectos, sin mucho éxito en el caso de Azaldegui, que intenta ser un editor de libros y no llega a alcanzarlo.

Pero en esa lucha entre la realidad y el sueño, es donde se encuentra el quiz de la relación que tienen ellos dos, y como en esa relación también hay alguno elementos de violencia entre ellos, van abriendo el campo de como esa relación, llevada a un extremo, produce una consecuencia en la vida de los dos.

También me gustaría que nos hablaras de los personajes femeninos, como Begoña Izagirre, una ambiciosa fontanera del PNV, e Idoia Goikoetxea, una periodista que se debate entre sacar a la luz las sombras del poder o ceder a las presiones de este.

En el caso de Begoña es, como dices, una fontanera, una mujer que entra en el PNV muy joven, que hace su carrera como persona de mucha confianza, y poco a poco va alcanzando cotas de poder hasta convertirse en una persona de confianza del alcalde y que maneja muchos recortes de poder. Me parecía que también a la hora de pensar en la propia historia de la ciudad, en sus épocas democráticas, contar la historia de alguna mujer que en la política haya sido importante, y reivindicar el papel de las mujeres, era importante.

Creo que las dos, tanto Izagirre como Goikoetxea, todo ese trabajo de investigación como periodista, como va descubriendo esa trama corrupta y de relaciones personales, donde se mezcla lo personal con lo político, me parecía de justicia ponerlo en la novela, donde es verdad que tiene unos protagonistas masculinos principales, también en los secundarios hay muchos hombre, y pensé que era un ejercicio que yo como escritor debía hacer. Sobretodo porque el personaje de Begoña va tan vinculado al de Azaldegui, porque tienen vinculo familiar y porque también viven en una ciudad relativamente pequeña como es Bilbao, donde el ámbito de las relaciones políticas y de poder es mucho más pequeño de lo que podíamos imaginar.

Estas relaciones personales, familiares, de conocimiento e intimidad, a veces tiene una importancia vital en determinadas decisiones en el devenir de la política de la ciudad y son absolutamente desconocidas, nunca salen de lo íntimo, sin embargo en la novela se revela que esas relaciones familiares y personales muchas veces influyen de manera casi decisiva en la política y he querido hacerlo con estas dos mujeres, que en el caso de Begoña lo entiendo como un camino de redención, todo su decurso en la novela desde que se le presenta como una fontanera del PNV hasta el final. Y en el caso de Goikoetxea, lo que sería una contraparte de Begoña al principio, una mujer que trabaja en GARA, que hace un periodismo de investigación contra el poder, y finalmente, ambas mujeres encuentran un nexo común, una posibilidad de colaborar en algo distinto de lo que han sido sus trayectorias personales, en lo que sería imprevisible en sus carreras.

Uno de los temas del libro es la relación entre el poder político, el mundo empresarial, y los medios de comunicación, ese entramado en el que están la adjudicación de obras públicas, la subvenciones a la prensa, el reparto de cargos institucionales y toda una red subterránea de corrupciones. Tu fuiste portavoz de Podemos y de Sumar en Euskadi, ¿escribes sobre este entramado de poderes a partir de tu experiencia política?

Un poco me he servido de mi experiencia política y de mi conocimiento del mundo de la política y de la comunicación, en este caso, de Euskadi. Creo que era importante contar con una verosimilitud, pero también abrir al lector esa posibilidad de acceder a un cosmos que suele permanecer en la sombra de lo político, en general, y no solo con las tramas de la corrupción, de los favores, de favorecer a unos medios de comunicación, sino con otros muchos elementos. De alguna manera, si, mi experiencia en la política me ha servido para construir el paisaje o para tener conocimiento de como son esas relaciones políticas y personales dentro de la política vasta, que es la parte que me tocó conocer, y servirme de eso para hacer un empuje en el realismo que busca la novela, y para hacer creíbles esas historias que se cuentan y que explican estos entramados, estas reuniones, estos palcos de la opera, estas cafeterías discretas donde dos personas hacen un acuerdo, y se pasan un sobre con documentación que va a desvelar una presunta trama corrupta.

Eso yo lo he conocido, no todo, evidentemente, hay cosas que me he inventado y que las he ficcionado, pero si no hubiese tenido esa experiencia política y profesional en mi vida, hubiera resultado más complejo entrar en ese mundo y construir esas escenas, esos diálogos, esas relaciones interpersonales.

Hay también referencias a una memoria que ha permanecido oculta, la de una sexualidad diversa que entonces comenzaba a manifestarse abiertamente, a ocupar espacios públicos e incluso a implicarse activamente en la lucha social y política, con colectivos como Ehgam. ¿Todavía es un tema que sigue siendo muy poco explorado en la literatura vasca actual?

Tengo la impresión que es así, no me atrevería tampoco a hacer una afirmación grandilocuente, pero me da la impresión de que si bien desde el punto de vista de la literatura más ensayística, de la sociología, estos movimientos de liberación gay en Euskalherria ha sido estudiada. En el ámbito de la ficción no tengo muchas referencias, de alguna manera se haya narrado o se haya contado en la ficción no solo la parte de la lucha, como se organizan los colectivos de gays y lesbianas en la Transición, especialmente a partir del año 1977, y en los ochenta cuando viven un momento de exposición pública y de reivindicación y de lucha concreta, sino como esas narrativas de las vidas de los protagonistas de aquella historia de lucha se han visto integradas en una ficción que, al menos ha sido el intento en la novela, en la que esta dimensión de la sensualidad es un elemento importante, pero es un elemento más de las vicisitudes que tienen estas personas y personajes. Es algo que les define, define sus identidades, pero que acompaña también a otros acontecimientos que están ocurriendo en ese momento y que hacen que estas personas participen de las tramas, de las relaciones personales y políticas, sin que la narrativa vinculada a los estereotipos del hombre gay o de la mujer lesbiana, limiten un poco esa narrativa, que por ser un personaje del colectivo las cosas que puedes y debes decir va limitado, de alguna manera, por ese estereotipo que se construye después.

Es algo que a mi me parece interesante pensarlo, y mirarlo, estudiarlo, y en la literatura vasca contemporánea los personajes del colectivo, y las referencias históricas a sus vidas en los años setenta y en los años ochenta, se enfocan desde esta manera o, si algo hay objetivo, original, o que tenga algún tipo de interés en la novela, yo me daría por satisfecho porque si, era una voluntad y una vocación también. Así como hay homenajes por otros aspectos, en este sentido, me parecía oportuno no solo la reivindicación de la lucha, sino también la reivindicación de que esas personas no solo eran militantes, de Ehgam o de otros colectivos, sino que además actuaban, llevaban unas vidas que estaban imbricadas en todo lo demás que acontecía alrededor que, evidentemente, en aquellos años era de una intensidad política enorme.

Se el primero en comentar

Dejar un Comentario

Tu dirección de correo no será publicada.




 

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.