Amenaza de tormenta, cuando el ayer es ahora

Películas como la alemana Amenaza de tormenta nos hace reflexionar como ese virus del fascismo es capaz, en poco tiempo, de infectar a toda una comunidad, abonando el terreno para instalarse a través del odio y del miedo.

Por Angelo Nero | 18/05/2026

Ahora que el fascismo ha vuelto a normalizarse en nuestras calles, en las fábricas y en las bares, en nuestras escuelas y en nuestros hogares, ahora que se ha normalizado escucharles, votarles, obedecerlos, ahora que conquistan tertulias televisivas, comidas familiares, gobiernos autonómicos, ahora que nos ofrecen soluciones fáciles, como la de culpar al diferente, para problemas complejos, ahora que vuelven a apelar a la raza, a la historia, a la fuerza, ahora es más necesario que nunca armarse de razones, volver la vista atrás, a nuestro pasado más reciente, para darnos cuenta de que todo tiene un comienzo, aunque el final, si no lo evitamos, puede ser el mismo. Por eso es necesario que sigan surgiendo libros y películas que pongan sobre la mesa como germina el fascismo, como, un buen día, el pasado regresa, como farsa o, posiblemente, como tragedia. Películas como la alemana Amenaza de tormenta, un film de 180 minutos, dividida en dos capítulos, basada en una novela de Oskar Maria Graf, que nos hace reflexionar como ese virus del fascismo es capaz, en poco tiempo, de infectar a toda una comunidad, abonando el terreno para instalarse a través del odio y del miedo.

La película, dirigida por Matti Geschonneck, nos sitúa en un pequeño pueblo de la Alta Baviera, en el periodo de entreguerras, cuando la crisis económica que sacudió a Alemania, tras perder la Primera Guerra Mundial, agudizó las diferencias políticas entre la socialdemocracia y el nacionalsocialismo. El protagonista del film, Julius Kraus (interpretada por el austriaco Josef Hader), es un apacible zapatero, solitario pero buen vecino, que evita meterse en conflictos, al que ayuda en las tareas del hogar una madre soltera, Elies Heingeiger (Verena Altenberger), que vive en la granja de su padre junto con su hijo, Peter (Max Jung), fruto de la relación con un soldado enemigo. Tras la muerte del alcalde del pueblo muchos piensan en el zapatero como alternativa, pero este rehusa optar al cargo, y es nombrado el padre de Elies, mientras su hermano, Silvan Heingeiger (Frederic Linkemann) adepto a la causa nazi, acosado por importantes deudas de juego, intenta sin éxito que su padre lo ponga al frente de la granja familiar. Este es el caldo de cultivo donde los conflictos de la débil República de Weimar, con una gran depresión económica y numerosos episodios insurrecionales a la izquierda, como el levantamiento espartaquista, y a la derecha, como el Putsch de Kapp, derivaron en el ascenso del nazismo.

En unos pocos años, el apacible pueblo bavaro es un escenario donde el odio lo ha contaminado todo, la comunidad y la familia, mientras una minoría, como el zapatero, intentan mantenerse al margen. Pero la corriente de abierta rivalidad política, y también personal, personificada en el líder socialista (Sebastian Bezzel) y el ambicioso líder nazi, Silvan, arrastraran a todo el pueblo a una lucha que alcanzará a toda Alemania. Este ilustrativo fresco rural, sobre como el fascismo se alimenta de las conversaciones del bar y de la iglesia, en cada alteración de las relaciones vecinales (hasta que el crimen se normaliza), es una buena herramienta para ayudarnos a reflexionar no solo sobre nuestro pasado, sino sobre lo que está pasando ahora mismo. La tormenta que amenaza es una espiral violenta que, una vez iniciada, ya no puede detenerse: cuando ves a tu vecino como un enemigo, es inevitable luchar contra él.

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