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Muchos europeos tienen la convicción de que, voten a quien voten, las políticas de la UE en materia social o económica, en el apoyo al régimen de Zelenski o al de Netanyahu, no van a ser muy diferentes si hay una mayoría conservadora o progresista en la Eurocámara.
Por Angelo Nero | 14/06/2024
Cerca del 60% de los polacos también han ignorado la llamada de las urnas para elegir a sus representantes en el Parlamento de Estrasburgo, un porcentaje similar a Eslovenia, Finlandia o Grecia, por lo que el proyecto europeo parece no despertar demasiados entusiasmos entre sus ciudadanos, y en los países que pesan en la Unión Europea, solo Alemania tiene una participación que sube al 64,8%, siendo Luxemburgo y Bélgica, los estados donde estas elecciones tienen más poder de convocatoria, con un 82,3% y un 89,2%. Tal vez porque muchos europeos tienen la convicción de que, voten a quien voten, las políticas de la UE en materia social o económica, en el apoyo al régimen de Zelenski o al de Netanyahu, no van a ser muy diferentes si hay una mayoría conservadora o progresista en la Eurocámara.
Polonia no escapa a esta deriva y sólo el 40,6% de sus ciudadanos con derecho a voto han ido a las urnas este domingo, otorgando la victoria a la formación del primer ministro polaco, Donald Tusk, la Coalición Cívica (KO), una formación atrapalotodo que se formó en la oposición a la derecha polaca (PiS), y que está formada por un amplio espectro de partidos que van desde la democracia cristiana a la socialdemocrácia, pero que apoyan decididamente el proyecto europeo, el liberalismo económico y la adhesión a la OTAN y a sus políticas bélicas contra Rusia. Con el 37,1%, han logrado 21 de los 53 escaños en liza, mientras que en 2019, en la lista de Coalición Europea, liderada por Włodzimierz Cimoszewicz, consiguieron la segunda plaza con un porcentaje ligeramente superior, el 38,47 % y 22 diputados. Esta era una prueba de fuego para Donald Tusk, que, precisamente, había regresado del Parlamento Europeo, para ponerse al frente de su coalición en la escena nacional.
Lo que realmente ha cambiado es la línea descendente que lleva el ultraconservador Ley y Justicia (Pis), el partido liderado por Jarosław Kaczyński, que perdió el poder tras ocho años de gobierno autoritario, el diciembre del año pasado, a pesar de ser la lista más votada. Realmente estas son las primeras elecciones que pierden unas elecciones de manera clara en una década, aunque apenas un punto por debajo de la coalición de Tusk, con un 36,2%, pero la caída es importante si comparamos con el porcentaje logrado en 2019, cuando se impuso con un 45,38 %. Los de Kaczyński pierden, además, 6 escaños, y se quedan con 20 diputados en el Parlamento Europeo.
Quien entra con fuerza y por primera vez en la Eurocámara es la formación ultraderechista Konfederacja (Confederación de Libertad e Independencia), presidido por el paleolibertario Janusz Korwin-Mikke, que ha llegado a cuestionar el papel de Hitler en el exterminio de los judíos o el sufragio femenino, y que inició su carrera política en el sindicato Solidarność. Konfederacja logra un 12,1%, lo que le da 6 diputados en Estrasburgo, en el parlamento donde la ultraderecha tendrá la mayor presencia en su historia. En 2019 sólo habían conseguido el 4,55% y no habían conseguido ningún escaño.
Entra también en la Eurocámara Trzecia Droga (TD), la Tercera Vía de Szymon Hołownia y Władysław Kosiniak-Kamysz, una formación que aglutina a conservadores, democristianos y liberales, formada en 2023, y que forma parte del gobierno de coalición de Donald Tusk, consigue el 6,9% y 3 diputados.
El tercer socio del gobierno, la formación socialdemócrata Nowa Lewica (Nueva Izquierda, NL), liderada por Włodzimierz Czarzasty y Robert Biedroń, compuesta por diversos partidos como el Partido Socialista Polaco (PPS), la Unión del Trabajo (UP) y el Partido Socialdemócrata de Polonia (SDPL), que recoge el voto del espacio de la izquierda polaca, logra el 6,3% de los votos y entra también en el parlamento con 3 diputados.
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