Alianzas y coaliciones políticas en la Historia: la táctica política de la Segunda Internacional (1904)

Pablo Iglesias, en nombre de todas estas delegaciones, protestó enérgicamente contra lo defendido por Anseele, porque le parecía que su argumento era inexacto y antidemocrático, algo que vulneraba los principios del socialismo internacional.

Por Eduardo Montagut

El Congreso de Ámsterdam, celebrado en el mes de agosto de 1904, planteó un intenso debate sobre la táctica política que debían seguir los partidos socialistas en relación con las otras fuerzas políticas, habida cuenta de la creciente presencia que estaban teniendo en sus parlamentos, sobre todo, alemanes, franceses, austriacos y belgas.

Esta cuestión fue analizada por la Comisión de Táctica y debatida en la séptima y octava sesiones del Congreso. La discusión fue abierta por el socialista Vandervelde de dicha Comisión haciendo un resumen. Intervino el francés Jaurès defendiendo la conducta seguida por los denominados “socialistas ministeriales”, y criticó el proyecto de resolución que se basaba en lo aprobado en el Congreso de Dresde de los socialistas alemanes sobre el proyecto autónomo socialista sin entrar en los gobiernos. Bebel le replicó defendiendo la posición alemana y criticando que el sector socialista francés de Jaurès hubiera abandonado la lucha de clases al apoyar a Alexander Millerand. El político socialista había entrado en 1899 en el Gobierno del radical Pierre Waldeck-Rousseau como ministro de Comercio, provocando, eso sí, la oposición de la parte del socialismo francés liderada por Jules Guesde. Bebel criticaba que se formara bloque con los partidos republicanos en perjuicio del proletariado. Por su parte, el austriaco Adler quería una resolución menos contundente, en la misma línea que planteaba Vandervelde. Ferri y Vaillant apoyaron el proyecto de resolución como estaba, frente a Anseele que defendió la postura de Jaurès. Curiosamente, Anseele opinó que los delegados de Polonia, Japón, Rusia, Bulgaria, Rusia y España no debían votar sobre esta resolución porque no les afectaba. Pablo Iglesias, en nombre de todas estas delegaciones, protestó enérgicamente contra lo defendido por Anseele, porque le parecía que su argumento era inexacto y antidemocrático, algo que vulneraba los principios del socialismo internacional. En esta posición de Anseele se pude aventurar que estas delegaciones censurasen a Jaurès. Los socialistas españoles seguían siendo muy críticos con los republicanos.

Se procedió a la votación y se aprobó la resolución que mantenía el espíritu de Dresde y no la más moderada de Adler-Vandervelde. Salió por veinticinco votos a favor, cinco en contra y doce abstenciones.

En la resolución se decía que la socialdemocracia no podía aspirar a ninguna participación en gobiernos burgueses, conforme a la resolución defendida por Kautsky en el Congreso de la Internacional de 1900, recogiendo casi fielmente lo aprobado en Dresde el año anterior.

Los dos delegados españoles votaron a favor de la resolución, en línea con su táctica política en España frente a los republicanos. Todavía faltaban unos años para que se produjera el acercamiento entre ambas fuerzas, a raíz del terremoto que se produjo por la Semana Trágica, para formar la Conjunción republicano-socialista.

Este debate debe enmarcarse en el producido a raíz del revisionismo, y de la defensa por parte de algunos sectores del socialismo, especialmente en una parte del francés, de comenzar a entablar relaciones con las fuerzas políticas republicanas y progresistas en parlamentos y gobiernos. En este sentido, podemos consultar el número 965 de “El Socialista”, y la parte de la obra dirigida por Jacques Droz, Historia del socialismo, De 1875 a 1918, en relación con la Segunda Internacional, y también del socialismo francés. Las resoluciones de Dresde y de Ámsterdam pueden consultarse directamente en la red en el Marxist Internet Archive. Por fin, parece muy sugestivo el análisis que Antonio Robles Egea emprende en “La Conjunción Republicano-Socialista: una síntesis de liberalismo y socialismo”, en Ayer (2004) porque enmarca el acercamiento entre socialistas y republicanos españoles en un contexto europeo de concertación de las fuerzas liberales-democráticas con las socialistas con la finalidad de culminar el proceso de democratización de los Estados liberales decimonónicos, siguiendo los planteamientos que el propio autor hizo en un trabajo anterior de 1990, titulado “Socialismo y democracia: las alianzas de izquierdas en Francia, Alemania y España en la época de la II Internacional”, en Historia Contemporánea.

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