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Entrevistamos a la escritora y periodista asturiana Aitana Castaño, autora de la ‘Trilogía Minera’, está presentando actualmente su última novela, ‘Las madrinas’.
Por Angelo Nero | 12/06/2026
Después de la formidable Trilogía Minera, escrita por la escritora y periodista Aitana Castaño, compuesta por “Los niños del humo” (2018), “Carboneras”(2020), y “Rastros de ceniza” (2022), con unas fantásticas ilustraciones de Alfonso Zapico, la autora de Langreo publicó su, hasta ahora, última novela “Las Madrinas”, una obra atravesada por la memoria histórica, la solidaridad femenina y la lucha antifranquista. Ambientada en aquellos años sesenta que muchos recordamos en blanco y negro, sigue la historia de Gloria Montes, una joven de la cuenca minera asturiana que se rebela contra su destino y que es ayudada a dar un nuevo rumbo a su vida gracias a una red de mujeres que la ayudan a forjar un nuevo futuro y a reconstruirse.
Después de esa Trilogía Minera que te dotó de una voz propia, y con la suma de las voces de aquellas mujeres que fueron silenciadas, ignoradas, invisibilizadas, pero que también formaron parte de la cultura de la minería asturiana, ¿cómo surge esta historia en la que las protagonistas salen de esa geografía emocional y son capaces de desafiar a la sociedad de la época?
Mi intención con Las Madrinas fue seguir indagando en la figura de las mujeres en una sociedad en concreto, la de la dictadura franquista de los años 60. Su papel en la lucha antifranquista y en la defensa de los valores democráticos, pero también el papel de muchas mujeres que, sin pedir nada a cambio, ayudan a los que más lo necesitan cuando más lo necesitan. Las mujeres han sido y siguen siendo fundamentales porque su labor es, en muchos casos, tan empática y altruista que no piden nada a cambio. Solo dan. Gloria, la protagonista de esta novela, está “abandonada” y sola, pero en ese camino triste encuentra la mano de amigas que la ayudan a salir adelante. Y eso pasa tantas veces, en tantas vidas.
Detrás del concepto de “madrinas” está ese apoyo mutuo entre mujeres, esa sororidad que, a veces, incluso está por encima de la clase social, y que, en tu libro, es clave en la historia de Gloria, ¿tienes alguna madrina en la que te hayas inspirado para escribir tu novela?
Por suerte tengo muchas madrinas. Dentro de mi familia, mis abuelas, mi tía, mi madre… ellas siempre me han dado ejemplo de integridad y de bondad, de que ayudar sin pedir nada a cambio es bueno para el espíritu. Pero además, en este camino que es la vida he ido encontrando madrinas sin las que, desde luego, no hubiera llegado a donde estoy. Amigas como María que confía en mí más que yo misma y que ha sido fundamental para que yo escribiera estos libros. Y mujeres como Ángels Barceló, una gran periodista que sin conocerme de nada me ha dado una oportunidad irrepetible, la de poder participar en un programa de radio como el “Hoy por hoy” de la Cadena Ser. Y muchas más por el camino, algunas con más presencia que otras pero muchas. Tengo mucha suerte.
Alfonso Zapico, autor de novelas gráficas imprescindibles como “La balada del norte”, “Café Budapest” o “Dublinés” (por el que recibió el Premio Nacional de Cómic), vuelve a ilustrar otro de tus libros, ¿las ilustraciones de Alfonso forman parte, de alguna manera, de tu imaginario particular? ¿cómo fluye ese diálogo entre el dibujo y la palabra?
Alfonso y yo trabajamos que ya parecemos la pareja de la Guardia Civil. Lo cierto es que Las Madrinas, a priori, no la iba a ilustrar él, íbamos a buscar otro ilustrador con la idea de romper un poco con lo anterior. Pero cuando el editor leyó el libro me dijo: Esto lo tiene que hacer Zapico. Y yo opino lo mismo porque sí, efectivamente sus dibujos ya forman parte de mi imaginario. Somos amigos desde hace muchos años y el diálogo es muy fácil. Nos conocemos y además tenemos los mismos referentes vitales porque ambos nos criamos en el mismo lugar, lleno de las mismas imágenes, sonidos…
En tu libro reivindicas a la escritora Luisa María Linares, citando expresamente su novela “Esta semana me llamo Cleopatra”, una autora que gozó de bastante éxito -una veintena de sus obras fueron llevadas al cine-, pero que ha caído en el olvido, ¿por qué quieres recuperar a una escritora de novelas románticas?
Por varias razones, la primera y fundamental es que escribe de maravilla, sus historias son chispeantes, graciosas, rocambolescas y preciosas. No se escriben tantos libros y sobre todo no se venden tantos libros si no eres buena escritora. La segunda, y no menos importante, porque el ámbito literario desprecia a las escritoras de literatura romántica y lo hace, simplemente, porque son mujeres, no encuentro otra razón. Y la tercera porque Luisa María como muchas otras como la gran Corín Tellado fueron la lectura de millones de mujeres durante muchos años. Una lectura que no solo hacía feliz a las que la llevaban a cabo, además les daba ilusiones, les provocaba emociones muy guapas que a muchas de esas mujeres les negaba la vida real. ¿No es eso lo mejor de la vida? Cuando Gloria se viene abajo piensa en la protagonista de la novela “Esta semana me llamo Cleopatra” y eso le da fuerzas para vivir. Luisa María Linares se merece que la conozcamos y la leamos sin prejuicios. Con los libros hechos por mujeres siempre hay muchos. A mi, que soy lectora desde muy pequeña, nunca me han dicho que existiera una “literatura para hombres” y los he leído y me he emocionado muchísimo leyéndolos. Por cierto, muchos de ellos, la mayoría, también hablaban de amor y de romance en sus escritos…
La conciencia de clase que se palpa en tus novelas te viene de familia. Tu padre es un militante histórico del Partido Comunista de España en Asturias, tu madre es activista del movimiento asociativo, solidario y feminista. ¿Qué queda de ese orgullo de clase que tuvo en Asturias uno de los movimientos políticos y sindicales más activos del estado? ¿es importante escribir sobre sus luchas para que esa conciencia proletaria no se pierda?
Los dos, mi padre y mi madre, siguen ejerciendo el activismo asociativo, solidario, feminista y político. Y nos queda su ejemplo diario, el de ellos y el de muchos otros. Todas las luchas en las que están inmersos tienen como objetivo la mejora del conjunto, nunca el beneficio propio o individual. Claro que es importante hablar de las luchas para que no se pierda la conciencia proletaria, para que no se pierda la conciencia colectiva. Ya nos lo enseñó hace años La Bola de Cristal: Solo no puedes, con amigos sí.
Tu protagonista, Gloria Montes, tras sufrir una violación, decide emprender un viaje, que no solo es físico, sino también emocional, e incluso político, ¿cómo diseñaste su hoja de ruta, los peajes que tiene que pagar, y la estación de destino a la que se propone llegar?
Mi intención primera era que Gloria se fuera de casa y el destino, de verdad, iba a ser Bruselas donde hay una gran comunidad de asturianos desde los años 40 y 50 del siglo pasado. Pero la escritura tiene sus ritmos y escribe sus propias rutas así que, de repente, ella llega a La Franca, un pueblo que tiene mucho que ver conmigo porque de ahí es parte de mi familia materna, y cambia el rumbo para irse a Madrid. Los ojos asustados y curiosos de Gloria en la capital madrileña son los mismos que tuve yo cuando llegué a estudiar en 1999.
A pesar de tener una protagonista principal, esta es una novela coral, en la que hay muchas voces, en escenarios diferentes, ¿qué desafíos se te presentaron a la hora de trabajar con tantos personajes y con diversas localizaciones? ¿Hay alguno de estos personajes al que le tengas un cariño especial?
Tengo una amiga, la escritora Eva Cruz, que dice que mis lectores entran en los libros leyendo una historia pero por el camino van apareciendo y desapareciendo cientos de historias. Yo creo que eso es la vida misma, personas que aparecen de repente y desaparecen, que puede que no tengan ningún efecto en tu vida, pero por ahí, de repente, aparece alguien que aunque breve, es importante en tu devenir. El desafío a la hora de escribir sobre tantos personajes y tantas localizaciones es el de conectar unos con otros sin que pierda el lector. ¿Cariño especial? A todos pero tengo especial debilidad por Pilar la modista.
Uno de los temas de la novela es el de aquellos que tuvieron que dejar su tierra, para buscar un horizonte mejor, ya sea en Madrid o en Bruselas, empujados por la violencia, por la represión política o por la miseria, ¿cómo es posible que, unas décadas después, en territorios donde tanta gente tuvo que irse fuera, surja -afortunadamente no en la mayoría de la población- un mensaje de odio para los que vienen de fuera?
Con el tema de la emigración en esta sociedad hay un doble rasero que a mi me espanta. Depende de si la emigración es tuya o no lo es. Si es tuya, está bien, si no lo es, es horrible, al menos así lo promulgan desde posiciones de ultraderecha. Yo tengo familia que es la tercera generación nacida en Bélgica, y sienten España y Asturias como algo propio, les encanta la comida, viven sus tradiciones como propias (lo son) y si juega la selección española de fútbol enarbolan la bandera como los más aficionados. Y sin embargo, vemos a Lamine Yamal con una bandera de Marruecos y nos molesta. Decimos: Ay, qué desconsiderado si España es el país que le dio la fama. No puede ser que nos parezca bien que mis primos, insisto, la tercera generación de mi familia nacida ya en Bélgica, sientan y quieran España y nos parezca mal que un chaval cuyo padre es marroquí, saque una bandera de su origen. ¿Y sabes qué? Que los nuestros, cuando se fueron hace décadas pero incluso ahora cuando se van (que los hay) también fueron despreciados por hablar mal un idioma, por comer comidas “raras”, por vestir distinto y hasta por rezar distinto. Sí, eso les ocurrió a ellos y ellas. ¿Os suenan esos reproches?
También señalas el papel que jugaron las mujeres en la lucha antifranquista, en la clandestinidad, y que no fueron suficientemente reconocidas. ¿Todavía queda mucho por escribir sobre la Memoria de las Mujeres en relación con la Memoria Antifascista, para darle voz a las silenciadas, para poner cara a las invisibles?
En la base de la clandestinidad, de la lucha antifranquista, estaban ellas. Ellas eran las que desde la inmediata posguerra llevaban la comida a los fugaos, ellas eran las que guardaban en casa pasquines, cuando no a militantes y dirigentes, las que les daban de comer, las que escribían cartas a Radio Pirenaica. Ellas eran la base y sí, hay que contar mucho aún sobre ellas que además, sufrieron una importante represión.
Junto a personajes de ficción también hay personajes reales, como el fotógrafo italiano Ivo Saglietti, ¿es deliberado el juego de saltar a la rayuela entre la ficción y la realidad, haciendo guiños al pasado, pero también a los caminos que surgen de la propia imaginación?
Sí, claro. La historia de Ivo, la de su padre brigadista, es real. Bueno, medio real porque en la realidad no termina como en la novela. Y sí, claro, es deliberado. Creo que tiene que ver con mi profesión de periodista, que veo que en las vidas, y en el día a día, hay mucha narrativa y quiero usarla, me parece preciosa.
Libros como “Las madrinas” hablan de heridas que no se han cerrado, porque no se han podido airear y nunca han curado, y aún así, todavía molesta en algunos sectores de la derecha que se siga invocando una Memoria Antifascista como la que surge de tus libros, ¿qué papel desempeña la literatura en la lucha por la recuperación de nuestra memoria colectiva? Y ¿crees que las nuevas generaciones conocen que pasó en la dictadura y en la Transición?
Las historias que no se escriben desaparecen con los que la conocen. Y esas historias pueden ser en mayúsculas, hablar de guerras, de revoluciones, de decisiones políticas que cambian el devenir de los países, pero también pequeñas, la de los mis güelos, la de los mis vecinos, la de todas y cada una de nuestras familias. Saber de dónde venimos, quiénes fueron los que nos trajeron hasta aquí es fundamental para saber quiénes somos, ¿y sabes por qué? Porque nadie se esperaba que la nieta de un barrenista al que todos llamaban Sevilla y de un chaval al que conocían como Chuchu que entró en la mina con 13 años, estuviera hoy aquí respondiéndote a estas preguntas. Hace menos de un siglo, sería ciencia ficción. A los chavales hay que explicarles, lo primero, quienes son ellos, de donde vienen sus padres, sus abuelos, sus bisabuelos… Así verán que sus historias minúsculas están marcadas, generalmente, por guerras, por exilios, por humillaciones por intentos de salir adelante, por hombres y mujeres que se partieron los cuernos para que estemos hoy aquí. Cuando se dan cuenta de eso, les cambia la cara y la cabeza.
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