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De la sangre de los 130 cuerpos que regaron la fosa burgalesa, surgieron melodías tan desgarradoramente bellas como las que dieron forma a este disco
Por Angelo Nero | 6/10/2026
“45 cerebros y 1 corazón” (2017) fue el primer disco de Maria Arnal i Marcel Bagés, uno de esos artefactos sonoros que al escucharlo por primera vez se te mete bajo la piel y se queda ahí, latente, para ponerle música a tus sentimientos. El título del LP tiene una de esas historias que también te atrapan, porque forma parte de nuestra propia historia, como lo contaba la misma María Arnal en una entrevista: “El origen del nombre del título de nuestro primer disco es el nombre de una canción que figura en el disco y que para nosotros era muy importante y explica bien nuestra manera de relacionarnos con las músicas de tradición oral. Es una canción que hace referencia a un tabú muy instalado en la historia de nuestro país que hace referencia a la situación de las fosas comunes del franquismo. 45 cerebros y 1 corazón no son una metáfora, ni es un título bonito; son 45 cerebros y 1 corazón que se encontraron en la exhumación de una fosa común del franquismo cerca de Burgos, en La Pedraja.” De la sangre de los 130 cuerpos que regaron la fosa burgalesa, surgieron melodías tan desgarradoramente bellas como las que dieron forma a este disco.
“Canción total”, un tema original del grupo valenciano Las víctimas civiles, que dibuja una ácida crítica a la sociedad de consumo donde hasta las relaciones humanas y los deseos están mercantilizados, a través de la propaganda nos obligan a consumir y a ser consumidos, a ser dependientes y explotados -también emocionalmente-, y para ello utiliza una metáfora bélica que nos desarma desde la primera estrofa: “Si pudiera prevenir con una guerra / Clasificarte como amenaza extranjera / Disparar el fuego publicitario sobre tu cabeza / Condenarte a la ignorancia ya la pobreza / Con créditos bancarios”. La dramática tensión vocal de Maria Arnal y la experimentación a la guitarra de Marcel Bagés, nos sumerge en un paisaje sonoro del que ya no queremos emerger: “O en una cárcel olvidarte si yo pudiera / Verte extinguirte en esta tan cómoda celda / De una casa de un trabajo de una pareja / Destinada a la socialdemocracia y a la tibieza.”
“Me podrían contestar / Si alguien, entre tanta gente / Incluidas las videntes / Con sus visiones nacientes / Ven en la historia reciente / De oriente y occidente / Una razón que alimente/ Esta dimensión demente / Si mi mente no me miente / Alguien entre los oyentes / Me podría contestar”, dice la letra de “Bienes”, el segundo track del disco, un poético manifiesto anticapitalista, que pone sobre la mesa el derecho a la propiedad de los recursos naturales de la humanidad y la incapacidad intelectual para combatirlo: “Si es que el agua tiene dueño / ¿Quién manda sobre la luz? / ¿Quién manda sobre este suelo? / ¿Quién gana con nuestro cielo? / ¿Quién gana con nuestro sol?”. Y es que María Arnal no necesita entonar la clásica canción protesta para que se te cierre el puño y lo alces mientras te dejas acariciar por su voz.
“Jo no canto per la veu” es otra muestra de la alfarería vocal de María Arnal, de como moldea las palabras, les da forma y textura, y las mezcla con la guitarra distorsionada de Marcel Bagés. “Jo no canto per la veu / Ni tampoc per la seguida / Canto per un amic meu / Que per mi donaria la vida” canta al principio en catalán, para acabar en castellano: “Amor mío si te vas / Avísame un día en antes / Yo te enramaré el camino / De flores y diamantes”, cambiando de lengua con la naturalidad con la que dos lenguas se encuentran en un beso, porque esta, sin dudas, es una canción de amor, o de amores… de la misma forma que mezclan tradición y vanguardia.
Es el cuarto corte del disco el que se dispara hacia otra galaxia. “Tu que vienes a rondarme” es una de esas canciones para tatuarse en el corazón, una melodía perfecta, como el ritmo del sístole y diástole, fabricado a base de puntear cuerdas, y María disparando versos de una belleza dolorosa: “Magia negra entre mis formas / Suben hormigas, se enraman / Romeros de sierras altas / Fresco el aire que me cantas / Se han abierto las ventanas / Beben cientos de gargantas / Mientras alzas con la mano / El vino que todo sana.” Los que hemos tenido la suerte de escucharlo en directo, podemos asegurar que es una canción que puede detener el tiempo… Además tiene un origen muy especial, como contaba María Arnal en una entrevista: “En ese momento acababa de leer Promethea, de Alan Moore. Y me encantó por el imaginario cósmico que tiene. Un poco mágico pero a la vez crítico, que resuena mucho.” Y continúa: “Trata sobre un encuentro que puede ser un flechazo, o algo más físico como un orgasmo, o una atracción muy fuerte. Que todo ello pudiera tener este espacio, desde lo más pequeño a lo más grande.” Una mágica alineación de planetas, una lluvia de cometas o dos cuerpos que colisionan y se confunden sobre una sábana.
En la parte central del disco, en el centro de su corazón de vinilo, una adivinanza construida con capas de voces y de cuerdas, “Desmemoria”, ese pecadillo nacional sobre el que se cimienta nuestra frágil e incompleta democracia: “Adivina / Adivinanza / Como una denuncia falsa / La más fiel historia / No siempre es memoria / Rueda esta noria / Puerta giratoria / Que no hay gloria / Si queda memoria.” El tema hace una impugnación en clave de vanguardia al relato oficial, construido a base de silencios. Parece una canción infantil, pero es un manifiesto. La noria de la impunidad, narrada con una voz que tropieza, que encuentra resistencia, que es parte de esa resistencia. “Más vieja que la esperanza / Más común que la achicoria…”
El sexto track de este trabajo de Maria Arnal i Marcel Bagés, “Ball del vetlatori”, un desgarrador canto fúnebre para una vida breve, con ecos de habanera, que versionea un tema tradicional valenciano: “Vida breu, mort petita / La teva veu deixa el cos / La prenen vents que arriben / I la canten pels volts”, con la guitarra de Marcel abriéndose paso entre el duelo, y la voz melancólica de María Arnal rescatando el antiguo ritual popular en el que se cantaba y se bailaba durante el velatoriao de los albaets, los niños pequeños, que transformaba así el dolor de la muerte por un canto de vida y de memoria. Esta canción tiene un significado especial para el dúo, ya que Maria y Marcel se conocieron durante el rodaje de la película de Marc Sempere, El ball del vetlatori, estrenada en 2014.
“Mil trencaments de viure / Mils i mils d’enemics / Tot contra tota vida / Cops amagats / Muntanyes de paranys / Enganys i més enganys / Paraules sense lletra / Imatges sense vida / I un arma prop la mà / Pel que passi demà” dice un fragmento de “A la vida”, un poema musicado original del cantautor y actor alicantino Ovidi Montllor, que fue un destacado miembro de la Nova Canço, y actor en más de una veintena de películas. El tema es un chute de vitalidad, de hacer burla de los relojes y disfrutar de cada una de las estaciones, donde el registro vocal de Maria Arnal cabalga sobre la línea de guitarra distorsionada de Marcel Bagés.
Y en el octavo corte del disco, el temazo que le da nombre: “Encontraron / Donde siempre supieron / Que estaban / 45 cerebros y un corazón / Ante tal descubrimiento / Y estupor de los presentes / Vieron la luz, conservados / Cual cuerpos de faraón / Aquí sin mito ni rito / Abandonados al tiempo / Arropados por el lodo / Cerca de alguna urbanización / 45 cerebros y 1 corazón”, canta Maria Arnal a pecho descubierto, como el que recorre heridas que no le son ajenas, acompañada por un sublime guitarreo de Marcel Bagés. María con todo el dramatismo que puede dibujar su voz, llama también al silencio, y nos pone delante de una fosa, para mezclar memoria y folclore cantando: “Siguen ahí en silencio / Suspendidos sus anhelos / Sucia suerte / Sus sueños susurran / Sucio silencio, si / Siguen ahí.” Sublime ejercicio de reivindicación de las víctimas del franquismo, una valiente y vanguardista denuncia del olvido sobre el que se edificó este simulacro de democracia. Para escuchar en bucle una y otra vez: “Después de ocho décadas / Mientras yo canto / Mientras él toca / Mientras me escuchas / Mientras respiras / Mientras, durante, después / Siguen ahí / En silencio.”
Una capa de voces y una línea de cuerdas electrificadas sirve de intro a “La gent”, en el que María Arnal i Marcel Bagés convierten en canción el poema de Joan Brossa, “La gent no s’adona del poder que té: amb una vaga general d’una setmana / n’hi hauria prou per a ensorrar l’economia, / paralitzar l’Estat i demostrar que / les lleis que imposen no són necessàries.” Y si, la gente no se da cuenta del poder que tiene, pero tal vez coreando canciones como esta se puedan derribar muros, en principio mentales, que los otros son más fáciles de echar abajo… “Con una huela general de una semana, bastaría para hundir la economía, paralizar el estado y demostrar que las leyes que se imponen no son necesarias…”
El penúltimo tema adapta también un poema, en este caso del escritor valenciano Vicent Andrés Estellés, “No he desitjat mai cap cos com el teu / Mai no he sentit un desig com aquest / Mai no el podré satisfer és ben cert / Però no puc desistir a oblidar-te / És el desig de la teva nuesa / És el desig del teu cos vora el meu /Un fosc desig vagament de fer mal / O bé el desig simplement impossible”, un arrebatador canto al deseo imposible dibujado en una atmósfera de guitarra y electrónica, donde el folclore vuelve ha ser, más que pasado, futuro. “Al final todo es político, y una canción de amor también es política. Eso no nos tiene que asustar. Lo político es un planteamiento, una manera de estar en la vida, y eso en nuestras canciones está, y desde lugares distintos”, reflexionaba María Arnal a propósito de temas como este.
Y para poner broche de oro a este sugerente paisaje sonoro, “Tu saps”, con una guitarra desnuda en la intro, da pie a la voz de María Arnal que suena evocadora y mágnetica como el viento moviendo los rastrojos de Comala, construyendo un inquietante final para este conjunto de melodías que se fijan en nuestro corazón y en nuestro cerebro.
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