Voto inútil

Por Jesús Ausín | Viñeta de ElKoko

Gervasia es una trabajadora nata. Nunca ha necesitado que su padre o hermanos, cuando los tenía, le echaran una mano para salir adelante. Nunca quiso someterse a la tutela de ningún hombre. Por eso, conociendo como estaba el percal legal, decidió no casarse nuca y vivir en la intimidad amancebada, siempre por amor y sin pensar en criterios de perpetuidad.

A lo largo de sus cuarenta y ocho años muy bien llevados, ha tenido dos parejas, dos hijas, un hijastro y un bar en el que también dan pernocta y que les ha dado de comer desde que Gervasia se fue de casa hace ya casi treinta años.

Su primera pareja, Geromo, era un tipo desgarbado, enclenque y muy simpático. Un tipo de los que siempre se las apaña para caer de pie. Haragán y flojo, un escaqueador profesional que sin embargo, y debido a su labia, tenía fama de lo contrario y caía bien a todo el mundo. Pero Gervasia le caló al segundo mes y acabo poniéndole en la calle. Dos semanas más tarde tuvo el infortunio de ser atropellado por una carreta de mulos. Gervasia, por pena, se hizo cargo del hijo de este, Felipe. Un muchacho de apenas siete años sin familia, ni parentesco al que acudir.

Con su segundo cohabitante, Mucio, ha vivido los últimos veintiséis años. Con él ha tenido sus dos hijas. Con él fue prosperando en el negocio de la hostelería y la restauración hasta convertir la tasca de pueblo que alojaba viajeros esporádicamente, en un hotel de carretera muy considerado por las guías de viajes. Con él ha sido feliz hasta que un cáncer se lo llevó en diez días y sin aviso.

Felipe, el hijo de Geromo, salió a su padre. Mal estudiante, pifiero, jugador, vago y simpático, muy simpático. Abandonada la escuela, con catorce años y sin estudios consolidados, Gervasia, por pena, lo instaló en el desván, en un cuarto abuhardillado, un poco caluroso en verano, pero confortable y sobre todo reservado y alejado de la dueña y de sus hijas como para no llevarse constantes berrinches con su conducta. Felipe se encargaba de las pequeñas chapuzas del hotel y sobre todo, debido a la labia heredada de su padre, de atraer y fidelizar a los clientes. En eso era un hacha. Y como tal, le pedían consejo de vez en cuando para emprender nuevos caminos que no estancaran la economía del negocio.

Cada vez que alguien nuevo entraba a formar parte de la empresa familiar, Felipe era consultado por Gervasia quién le solicitaba opinión. Casi siempre, acababan coincidiendo y el elegido por la dueña era también el preferido por el charlatán de su hijastro. Estando la madre gravemente enferma, las hijas recurrieron al hermanastro para que les ayudara a contratar a un gestor. De mutuo acuerdo le dieron la confianza a un tipo que resultó ser un trilero. Cuando se dieron cuenta, fue Felipe el que llevó la negociación para contratar a otro. Lo hizo bien. O eso pensaban. Más tarde, con la necesidad de contratar dos camareras de piso, volvieron a pedir a Felipe opinión y este busco dos personas. Ante la jubilación del barman del restaurante, Felipe se adelantó y contrató a un joven amigo suyo. Más tarde despidió a la cocinera y contrató a otro amigo suyo. Cuando la madre regresó de su larga enfermedad, en plenas facultades, y ante la necesidad de contratar a una nueva recepcionista, Felipe volvió a adelantarse. Pero Gervasia que calaba a los caraduras a la legua, le paró los pies. El puesto lo daría ella. El solo podría dar parecer, nada más.

Entonces comenzaron los problemas. El Gestor, el barman, el cocinero y las nuevas camareras mostraron su disconformidad con que fuera la dueña la que diera las órdenes. Gervasia tenía ante sí la disyuntiva de tener que despedir a todos los amigos de Felipe a la vez, incluido el propio Felipe, y empezar de nuevo o dejar que su negocio fuese controlado por alguien que únicamente trabajaba en su beneficio.


Voto inútil

En España se ha tomado un peligroso camino dominado por el miedo. Por miedo a la extrema derecha se ha vuelto a confiar en este vendehumos y en su partido que, a lo largo de los últimos cincuenta años de posfranquismo, que primero llamaron transición y ahora democracia monárquica, ha vendido tomando medidas contrarias al común del pueblo y siempre a favor de la banca, los poderosos y del sistema de hijoputismo que llaman liberalismo económico.

Como antes en los pueblos, donde crecían los malos rollos y los enfrentamientos entre vecinos a consecuencia de los chismosos correveidiles que, más falsos que un duro de madera, decía apoyar a unos y a otros, cuando en realidad iban de acá para allá, contando y agrandando las maledicencias de unos contra otros, de otros contra unos, con el único fin de disfrutar del mal ajeno, mientras todos se despellejaban vivos, ahora, los nuevos correveidiles, los grupos empresariales de la prensa y la televisión, son los que alimentan las simpatías y las antipatías, los que manipulan, sesgan, desinforman y adoctrinan tomando partido en beneficio propio. De ahí sale que Venezuela tenga más incidencia en la opinión pública española que la desastrosa sanidad gallega de Feijoó, las infinitas en el tiempo listas de espera de la sanidad madrileña y su exceso de coste por la externalización o el demencial sistema de especialidades de Castilla y León, o que un tipo como Leopoldo López, golpista por triplicado, implicado en las muertes del levantamiento del 2002 (el caracazo), amnistiado por el propio Hugo Chávez, al que quería eliminar y nuevamente implicado en el asesinato de 43 personas en un nuevo intento de golpe de estado en 2014, sea considerado como un mártir en España y se le esté dando cobijo y manutención en la embajada, mientras que diez políticos catalanes son calumniados como golpistas y personas de la peor calaña por preparar un referéndum sea o no alegal.

Una de las últimas manipulaciones informativas la publicaba El Confidencial en su edición digital del día 2 de mayo al asegurar, para criticar una acción perfectamente legal de Pedro Sánchez, que este se salta el protocolo establecido en la Constitución ya que, según ese artículo, corresponde al rey proponer candidato a la Presidencia del Gobierno de España. El prestigioso constitucionalista Joaquin Urías, contestaba en Twitter con este hilo:

Que además de dejar claro que no es al rey, sino a las Cortes a las que les corresponde proponer el candidato a la corona, pone además énfasis en la principal cuestión, de mayor enjundia, como es la de quién está detrás de los fantoches fascistas de la Coz y el Caudillo.

El voto útil nunca puede ser aquel que impide que no gobiernen los fascistas si lo que estás votando es al mayor partido del régimen del 78.

Como viene siendo habitual, desde llamar CONSTITUCIONALISTAS, a aquellos a los que la Constitución solo les vale para ser arrojada contra los demás, para usarla como espada con el 155 o como martillo con el 135 o como cruz con el 16.3 o como pleitesía de siervo interpretando a gusto el Título II o para considerar peligrosos antisistema, comunistas consagrados a los que defienden el Título I que define los derechos y libertades, que como tales deberían ser de obligado cumplimiento y que todos ellos parecen olvidar; la prensa se encarga de sesgar la información y de algo que solo es verdad en su fase última y menos importante, darle la vuelta para convertirlo en generalidad o interpretación normativa. La base es la misma que la de las Fake News, porque este artículo lo es.

Empezamos pintando en la Constitución la figura del rey como algo decorativo, símbolo de imparcialidad, y la propia corona y sus correveidiles acaban asignándole el papel de sumo redentor, garantista democrático y máximo exponente del estado, como en las monarquías absolutistas. Ahora, hasta votan y dan opinión sobre conflictos internacionales. Empezamos por delimitar la independencia judicial y acabamos convirtiendo al poder judicial en un monstruo oligárquico impune que delimita a su juicio y sesgo ideológico que los derechos no son importantes y que no es necesaria una sentencia firme para dejar a un ciudadano sin ellos. O como en el caso de las listas electorales de Puigdemont, Comín y Ponsatí, que solamente puede ser elegido o ser elector aquel que está empadronado en el lugar donde vive. Hoy es esto y, con este mismo criterio, mañana echarán por tierra la esperanza de la marea roja de que los más de dos millones de españoles que han sido expatriados a la fuerza, por falta de oportunidades, puedan decidir con el voto sobre las políticas que quieren en España. Políticas que pueden condicionar su vuelta. Que solo un 6,16 % (130 000 frente a 2 000 000) hayan podido ejercer su voto no parece preocupar a la Junta Electoral. Que haya colegios electorales situados en un primer piso sin ascensor, tampoco. Sin embargo, con su doctrina sobre Puigdemont, pueden dejar sin voto a todos aquellos estudiantes o trabajadores que viven circunstancialmente en Madrid o Barcelona y están empadronados en sus pueblos.

El miedo nunca es buen consejero. Como decía José Luis Sampedro, si a uno le dicen que le van a matar, y después únicamente le cortan un brazo, tendrá la sensación de que su situación no es tan mala. Pero le habrán metido miedo suficiente como para no seguir protestando.

La prensa se encarga de sesgar la información y de algo que solo es verdad en su fase última y menos importante, darle la vuelta para convertirlo en generalidad o interpretación normativa.

Muchos dicen que España es de izquierdas. Permítanme que lo ponga en duda. Cuando uno vota constantemente a un partido que se ha lucrado con su esfuerzo, que le ha dejado sin derechos y sin poder establecer un mínimo de futuro, cuando uno vota una y otra vez a quién promete políticas sociales que acaban siendo retazos sin importancia o solo aplicables a una mínima parte de la población, mientras se regalan empresas públicas a grandes consorcios internacionales, se restringen los derechos laborales, se acaba constriñendo el gasto público social hasta poner en peligro la educación, la sanidad o las pensiones, cuando se vota a quien quiere acabar con las pensiones públicas, ampliar el desfalco social, acabar con cualquier derecho laboral o bajar los impuestos a los salarios de más de 130 000 euros mientras se eleva el IVA y demás impuestos indirectos, el votante, que mayormente elige votar contra sí mismo, no puede ser considerado de izquierdas. Acordarse de Santa Bárbara solo cuando truena, no es ser de izquierdas, sino de interesados a los que únicamente les importa su ego. Y aquí, la mayor parte del pueblo exclusivamente trina cuando le duele a él.

El voto útil nunca puede ser aquel que impide que no gobiernen los fascistas si lo que estás votando es al mayor partido del régimen del 78. Un régimen que cada día demuestra más su absolutismo, su oligarquía y su engreimiento. El voto útil hubiera sido aquel que te eleva el salario, te devuelve los derechos y quiere acabar con la oligarquía y la injusticia. Todo lo demás es un quiero y no puedo, un no me atrevo, o un sí pero no. De nada sirve gritar “no es no” a la puerta de Ferraz o “con Rivera no”, si lo que has votado es un “no, es un puede ser, ya veremos o depende de quién” y “un nosotros no ponemos cordones sanitarios. Rivera sí, pero que no se note”.

Si has votado a la izquierda cobarde que ni siquiera es izquierda y además eres consciente de ello, eres tan culpable de lo que pase con tus derechos como si hubieras votado a los de la COZ.

Salud, feminismo, república y más escuelas (públicas y laicas).


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