![]()
En los últimos años se está visibilizando otro fenómeno preocupante: el incremento de mujeres mayores que sufren violencia machista.
Por Isabel María Durán Báez | 13/08/2025
Cada verano, las cifras se disparan. Las altas temperaturas, las vacaciones escolares, la convivencia prolongada y el aumento del consumo de alcohol configuran un escenario propicio para que la violencia machista se intensifique. Los datos lo confirman: según el Ministerio de Igualdad, julio y agosto concentran históricamente un pico de asesinatos machistas. No es casualidad, es patrón.
En los últimos años, además, se está visibilizando otro fenómeno preocupante: el incremento de mujeres mayores que sufren violencia machista. Muchas de ellas han vivido décadas de maltrato, silenciadas por una cultura que normalizó la sumisión y por la falta de recursos especializados para su edad. Otras se convierten en víctimas por primera vez en esta etapa de su vida, en contextos de dependencia económica, enfermedad o soledad.
Las cifras oficiales apuntan a que el grupo de mujeres de más de 65 años víctimas de violencia de género ha crecido de forma sostenida. Sin embargo, son las grandes invisibles: pocas denuncian, muchas no identifican lo que viven como violencia, y las políticas públicas apenas han adaptado recursos y protocolos a sus necesidades. ¿Cómo se enfrenta una mujer de 75 años a abandonar un hogar que ha sido prisión durante medio siglo? ¿Dónde encuentra refugio si la red de casas de acogida no está pensada para sus condiciones físicas o de salud?
En verano, este drama se agrava. La reducción de personal en servicios sociales, el cierre parcial de centros de atención y el aislamiento en entornos rurales dejan a muchas sin apoyo. A ello se suma que, durante las vacaciones, familiares y amistades que podrían detectar señales de maltrato están ausentes o desconectados.
No podemos permitir que el calendario marque la seguridad de las mujeres. Urge reforzar los servicios de atención durante los meses estivales, garantizar la formación específica en violencia machista hacia mujeres mayores, y diseñar recursos adaptados: desde pisos tutelados accesibles hasta programas de acompañamiento y apoyo emocional.
La violencia machista no es una cuestión de temporada ni de edad. Pero si ignoramos los momentos y grupos más vulnerables, perpetuamos la impunidad y condenamos al silencio a quienes llevan demasiado tiempo callando. El verano no puede ser un territorio hostil para las mujeres, y la vejez no puede ser una condena a sufrir en la sombra.
Se el primero en comentar