Robar la palabra no es una torpeza social, sino una práctica política de exclusión. Cada interrupción, cada idea robada, cada explicación innecesaria es una forma de reafirmar quién manda y quién escucha.
Para los liberales extremos, el verdadero problema de la democracia no es su existencia, sino su capacidad para redistribuir recursos e imponer regulaciones que afecten el libre funcionamiento del mercado.
El capitalismo es un sistema que tiene una tendencia innata a entrar en un callejón sin salida, y la única forma que conoce de salir de una crisis es mediante una mayor explotación de la clase trabajadora.
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