Arabia Saudí, la visita del príncipe Salmán y el “revolucionario” derecho a conducir de las mujeres.

 Por Teresa Domínguez 

Me llamo Rocío, mi hermano es ahora mi tutor, él quiere que yo lo dé autorización de la herencia que nos dejó mi padre al morir y si no lo hago, obligará a mi madre a que me denuncie por ser rebelde y que me metan en la cárcel hasta que renuncie a ella. Estoy obligada a hacer lo que él quiera. Sin embargo, pronto podré conducir en mi país.

El príncipe heredero Mohámed Bin Salmán visita España como parte de una gira con la que pretende, entre otras cosas, que los líderes internacionales le conozcan, mejorar su imagen, la economía, mermada por la baja del precio del petróleo y por la guerra de Yemen, y atraer inversores a su país. En España firmará un contrato por unos 2.000 millones de euros para la fabricación de cinco corbetas que se usarán para seguir sembrando el terror en otros países.

blog_saudi_did_you_voteUna buena forma de mostrar el cambio y la “apertura” del país es usar el argumento de las mujeres y dar a conocer su plan de modernización y reformas “Visión 2030”. El lugar de las mujeres en el corazón de las reformas de Arabia Saudí, afirma el príncipe heredero. Y para ello, hace alarde de su medida más espectacular y llamativa: que las mujeres podrán conducir en el reino. Además acaba de permitirles establecer un negocio sin tener que pedir permiso a un tutor. Asistir a eventos deportivos en tres estadios del país. Unirse a determinados puestos de la vida militar. O tener derecho a pedir la custodia de sus propios hijos si se divorcian. Al menos a partir de ahora “podrán ejercer su derecho al voto”.

A las mujeres se les ha otorgado el derecho de conducir en Arabia Saudí, y lo harán a partir del mes de junio, después de la firma del decreto de Bin Salman en septiembre de 2017. Ya no necesitarán permiso de un tutor legal para obtener una licencia, ni tampoco un guardián dentro del automóvil cuando conduzcan. Muchos argumentan, con razón, que no les está prohibido conducir bajo la ley saudí, sin embargo, las autoridades locales se han negado sistemáticamente a emitirles permisos de conducir, con la justificación de que permitir a las mujeres los medios para viajar sin supervisión significaría inevitablemente el contacto con hombres no relacionados, y por lo tanto iría contra los principios de segregación de sexo del país

Hay que reconocer que es una verdadera “revolución” si recordamos lo que sucedió en los últimos años, a principios de la década de los 90, las mujeres saudíes hicieron campaña por el derecho a conducir en su país y 47 de ellas fueron arrestadas. En 2011, Manal al-Sharif, una joven que se había grabado conduciendo y lo publicó en YouTube, pasó varias semanas en la cárcel. Y a finales de 2014, dos activistas fueron acusadas y encarceladas por terrorismo por reclamar el derecho de las mujeres a conducir. El día que se anunció el Decreto Real que permite conducir a las mujeres, las autoridades telefonearon a varias destacadas feministas para advertirles que no hicieran comentarios sobre la decisión, o se enfrentarían a consecuencias legales.

Clarence Rodriguez, periodista y ex-corresponsal en Arabia Saudi contaba en un medio francés que esta decisión tiene que ver más con el contexto económico que está experimentando el país, que con la liberación de las mujeres, y desde este punto de vista, la prohibición de que las mujeres conduzcan tiene un coste para el reino y para las familias, que hace que cada vez se hace más difícil financiar el empleo de un conductor privado para transportarlas. Pero ellos saben que tampoco será sencilla su implantación. Hasta su entrada en vigor, las autoridades saudíes tendrán que establecer infraestructuras específicas como autoescuelas, mujeres policías: porque, por ejemplo, un policía hombre, no podría ejercer un control policial a una mujer.

#StopEnslavingSaudiWomen  

 

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Rocío es activista, una de las fundadoras del digital @alamal_news periódico de lucha feministas que reivindica sus derechos y denuncia la violencia ejercida contra las mujeres. También es una de las protagonistas que lanzaron la campaña  contra la tutela masculina en Arabia Saudí.

Rocío es su nombre en español, tiene 32 años y no veremos su rostro. Es cercana, valiente, amable, inteligente y muy expresiva. Es una mujer con las ideas claras. Ella es saudí, se licenció en filología y literatura Árabe. También en este país, en las universidades, las mujeres son mayoritarias, como en el resto del mundo. Trabajan en fábricas, practican la medicina, enseñan a las niñas y tienen un poder legal, todo esto mientras son segregadas por sexo. Le interesa mucho el papel de la mujer en todo el mundo, pero en especial la situación de desigualdad en su país. Para ella el feminismo significa tener valentía para luchar y defender sus derechos y lograr la igualdad.

“El feminismo es la voz del derecho y es el espejo que refleja la realidad y la verdad.”

El sistema de custodia masculina

Una de sus grandes reivindicaciones, es el sistema de custodia masculina que deja a todas las mujeres saudíes bajo la tutela legal de un hombre por el resto de su existencia. Las priva de la capacidad de tomar decisiones sobre sus propias vidas sin la aprobación de su guardián masculino que puede ser un padre, un marido, un hermano, e incluso un hijo. Los derechos de una mujer quedan, en manos de hombres que en muchos casos son abusivos y están obsesionados con el poder.

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Mariam Alotaibi, activista, salió de la cárcel pero el juez la obliga a volver a vivir con su hermano machista que es su tutor.

El feminismo es muy necesario, afirma, las mujeres en muchos países viven una vida muy dura sin derechos, ni dignidad. Rocío se enciende cuando cuenta que por ejemplo en su país, las mujeres no pueden decidir nada, ni hacer nada en sus vidas sin el permiso y la firma de su tutor masculino. Aunque la tutela no es una ley escrita, los funcionarios gubernamentales, tribunales, empresas y los saudíes en general actúan de conformidad con ella, lo que significa que, en la práctica, las mujeres necesitan el consentimiento de su tutor para realizar cualquier actividad importante, como viajar, obtener un pasaporte, casarse o divorciarse o firmar contratos. En mayo de 2017, gracias a la presión obtuvieron una victoria pequeña, pero significativa, cuando el príncipe heredero emitió una orden que especificaba que las mujeres no necesitaban permiso de su tutor para realizar algunas actividades, como entrar en la universidad, aceptar un trabajo y someterse a una cirugía.

“Ser mujer en Arabia Saudí es como ser una esclava”

Los grupos de derechos de las mujeres en el país, siempre desde el anonimato, o desde el más riguroso respeto hacia las instituciones, siguen presionando para que se ponga fin a la tutela en la sociedad saudí. Porque la situación sigue siendo una vulneración absoluta de los derechos de las mujeres en muchos otros órdenes de sus vidas. La situación llega a tal extremo, cuenta Rocío, que si la mujer sufre violencia doméstica y huye a casa de un familiar, o se esconde, su tutor puede denunciarla a la policía y puede ser encarcelada, lugar del que no saldrá sin el permiso de su propio guardián, que probablemente sea quien la maltrata.

Existen mujeres en las cárceles saudíes, que por diversas razones ya han terminado el período de sus condenas, y sin embargo sus tutores rechazaron firmar la autorización para que salgan de la misma, podrían permanecer en ellas hasta la muerte.

Realmente las mujeres aquí viven sin libertad, sin sueños, sin derechos, sin dignidad.”

Rocío nació en el seno de una familia tradicional. Desde pequeña observó el trato distinto que recibían ella y sus hermanas respecto de su hermano mayor. En casa él era llamado “el señor de la casa” lo que conllevaba una serie de privilegios materiales y personales. “Yo siempre quedaba relegada a un segundo plano. Creo que ese fue uno de los momentos que empecé a sentir que el feminismo despertaba en mi vida. También cuando mis padres me obligaron a llevar la abaya y cubrir mi cara cuando tenía 13 años. Sentía que todo es muy injusto para mi.” Haber vivido un tiempo en España la hizo plantearse muchos interrogantes, impulsó su lucha, su deseo de igualdad entre hombres y mujeres. Incluso ver la serie “Las seis hermanas” que por cierto le encanta, y ve por youtube, sobre feminismo en los tiempos de Franco.

Aunque carecen del derecho de manifestación, entre sus hermanas y algunas amigas, aún con las dificultades de pertenecer a familias muy conservadoras, han intentado fomentar y expandir entre ellas el feminismo en su entorno. Con charlas, reuniones, lecturas. Incluso firmaron una carta al Rey Saudí para reclamar sus derechos. Otra de las facetas del colectivo es la denuncia de la violencia ejercida hacia mujeres y niñas, la reivindicación de su lucha y la publicación de noticias y artículos sobre feminismo en su periódico electrónico Alamal News siempre desde una perspectiva “respetuosa” que nunca pueda ser objeto de ataque al gobierno. Las mujeres que exigen reformas y realizan campañas para acabar con el sistema de tutoría son silenciadas, y a menudo sufren interrogatorios y arrestos por su labor reivindicativa.

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Arabia Saudita 1980 estudiantes sin abaya y sin hijab en público y mayores de 12 años. Mientras 40.000 universitarias se graduarán, sin embargo se les prohibe el contacto con los hombres.

Cuando hablamos de la posición internacional de su país, Rocío se siente indignada con occidente ante hechos como que Arabia Saudí presida el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas o que ocupe un cargo en el Consejo de Mujeres de la ONU hasta 2022, siendo uno de los países más machistas del mundo. Afirma que a los países de occidente lo que les importa son las relaciones económicas, y que esa premisa se antepone a los derechos de las mujeres y a los derechos humanos en general. Admite que existe un feminismo global pero también reconoce que existe un gran sector de mujeres que no se solidariza con ellas.

Cuando menciono la palabra machismo, Rocío reacciona, y lo primero que menciona es la palabra religión. Una cultura religiosa y unas costumbres que se transmiten a través de las mezquitas, de los padres, de las escuelas y las leyes. “En las mezquitas, en los programas de televisión, la misma religión habla que la mujer es mentalmente inferior y que son el gran motivo de provocaciones sexuales, es por ello que tienen que cubrirlas y se les impide salir de casa.” Las niñas son educadas desde pequeñas hasta la universidad en inferioridad respecto a los niños. Y son las que han de ocuparse de las tareas del hogar. “Son obligadas a rezar y ayunar en Ramadam. Han de cubrirse, no pueden usar piscinas públicas, no pueden interactuar con hombres, han de ir segregadas, no pueden salir solas, ni competir en deportes, tampoco probarse ropa en probadores o leer revistas de moda. Necesitan la autorización masculina para cualquier decisión importante. Y son maltratadas y encarceladas si se niegan.

Arabia Saudí es uno de los 125 países que no tipifica la violencia doméstica. No existen leyes que protejan ni a la mujer, ni a las hijas, ni de violencia de género, ni de agresión sexual.

“Realmente en la vida de mi padre no sufrí mucho porque mi padre no era de mentalidad muy cerrada y me ayudaba a seguir mis estudios en España donde sentí por primera vez lo que significa la libertad y aprendí a ser fuerte e independiente como las mujeres allí, pero me dolía sentir que mi padre trataba a mi hermano mucho mejor que a mí. Sin embargo, desde que se murió mi padre estoy sufriendo mucho el machismo porque mi tutor ahora es mi hermano el mayor, él es muy cerrado y radical, intenta controlarme usando el maltrato y las amenazas así que yo no puedo decidir nada en mi vida sin su permiso.”

Rocío se siente impotente, piensa que es muy difícil derrotar al machismo en su país, porque el origen real del machismo es la religión islámica y la sociedad vive su religiosidad de manera muy radical. Y el ateísmo ha de vivirse en absoluto secreto. Ella está convencida de que el feminismo es la única solución para vencerlo y que los medios de comunicación y las redes sociales son fundamentales para enviar un mensaje de verdad a las organizaciones de Derechos Humanos porque “el gobierno aquí intenta cubrir el papel de la mujer y la realidad vergonzosa de la vida de las mujeres saudíes usando a los medios de comunicación con informaciones falaces.”

Rocío apela al feminismo global, “porque es necesario ser una fuerza conjunta que apoye a las mujeres en todos los países del mundo que lo necesiten“. Un número creciente de mujeres saudíes afirman silenciosamente su autoridad en su lugar de trabajo, en los tribunales, en sus hogares e incluso en el gobierno, defendiéndose por sí mismas y demostrando que su intelecto y fortaleza son iguales que el de los hombres. Y demostrando al mundo que tienen voz y necesitan del esfuerzo común.

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En Arabia Saudí, las mujeres aún enfrentan fuertes restricciones y son totalmente dependientes de los hombres. Muy lentamente, las cosas están cambiando. Ya bajo el liderazgo del Rey Abdullah, las mujeres han ido ganando el derecho a trabajar en sectores distintos a la educación y la medicina, incluso en sectores como las finanzas o el mercado. Sin embargo hoy por hoy, solo representan el 22% de la fuerza laboral y siempre segregadas.

A lo que aspiran las mujeres saudíes hoy es a una liberación efectiva, especialmente a no estar atadas a un guardián masculino. Solo cuando se suprima la tutela masculina saudí, ganarán su libertad.

Dicen que el feminismo de Arabia Saudí puede no parecerse al feminismo occidental, puede que tenga sus propias variantes, pero es igual de poderoso y se centra como todos en el cambio sistémico y estructural. Y necesita del apoyo del feminismo global.

Termino con un precioso poema de Nora* y mi agradecimiento y abrazo a Rocío, una amiga y hermana en la lucha por la igualdad.

If My Rights Were Clothes…

“If my rights were clothes, then I stand here naked before the men who’ve stripped me of my fabric and then told me to cover when the sight of my skin burned their immoral eyes.

They can’t look too long at the bruises that gleam on my arms that they’ve tied. They can’t bear to let me see their eyes that burn, not just with lust that they try hard to hide, but with fear of the woman they’ve stripped of her rights.

So they cover and they silence because even our voices ring with a strength that they can’t stand to hear. And they whisper that we’re precious- So precious, they’ll protect us from the burning eyes and the fearful ears that they think we don’t know are their own as well.

And they’ve built the ceiling of fear so low. We’re afraid now to say what we’re allowed to think- In case we upset the wrong man, in case our words fall into the hands of a coward who fears dissent so fiercely, he would have our skin stripped now that he’s taken the rest.

So I’ll stand here naked, before the men who crave and fear. Who claim to love but don’t know how. I’ll stand, back straight, arms outstretched, and I’ll bask in my nudity until their eyes burn so much they throw rights on me to cover the woman they can’t bear to see.”


*Nora (@noraj27) is a Saudi Arabian LLM candidate at the LSE specialising in Public International Law. She completed her LLB at King’s College London. Her main interests are public international law with an emphasis on human rights, and counter-terrorism. 

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