Veliko Tarnovo

Por Fernando Salgado

La vida y la muerte, el poder y el dolor, la gloria y la esclavitud, la fe y el heroísmo, las luces y las sombras, la victoria y la derrota están pintados con unos trazos modernistas que contrastan con los frescos ortodoxos esparcidos por templos, santuarios e iglesias de Bulgaria.

Impacta el fervor que transmite un grupo de guerreros robustos y serios, con sus torsos desnudos, arrodillados, mirando hacia el suelo e iluminados por una vela durante una ceremonia religiosa en la que parecen agradecer a dios la victoria que celebran con expresiones adustas.

Sobrecoge un coro rezando una plegaria mientras arden las velas y un hombre eleva su mirada hacia lo alto para dirigirse a los santos, que observan a los fieles con indulgencia. La madre y el hijo, escenas paternales, rostros barbados que se superponen, ojos hundidos, lanzas, caballos, escudos, cuerpos torturados, manos atadas.

La sangre, el terror y la piedad.

Iglesia de los Patriarcas

Son unas obras de arte sorprendentes por haber sido realizadas durante la época en que este país se encontraba bajo la dictadura de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, y singulares porque también representan los episodios más grandiosos y trágicos del Segundo Reinado Búlgaro, impulsado tras el levantamiento contra el Imperio Bizantino, encabezado por los hermanos Iván Asen II y Teodoro Peter, en el año 1185, que se prolongó hasta la invasión otomana, a finales del siglo XIV.

Aquellos que imploran a santos, vírgenes y deidades para solicitarles favores o expresarles su agradecimiento por alguna concesión celebran que el artista hubiese logrado esquivar la inspección inquisitiva del censor mediante representaciones que pueden dar lugar a distintas interpretaciones.

El emplazamiento más adecuado de las pinturas parecería ser cualquier museo, pero la monumental e inédita obra de Theophanes Sokerov se encuentra en las paredes y los techos de la Iglesia Patriarcal de Veliko Tarnovo.

Cerca de la iglesia se encontraba la residencia del Patriarca, cuyo aspecto puede observarse a través de representaciones gráficas porque de esta construcción solo permanecen los cimientos. Lo mismo sucede con otros edificios del mismo complejo, como la Sala del Trono. Ambos, estuvieron cercados por una muralla con dos torres de defensa y dos entradas.

En un plano inferior de un terreno en pendiente se levantaba el Palacio Real, y las excavaciones realizadas entre los años 1930 y 1981 sacaron a la luz 470 edificios residenciales, posadas, una veintena de templos y cuatro conventos. En este lugar hallaron vestidos elaborados con tejido de oro, joyas y ornamentaciones variadas.

Es la Fortaleza de Tsarevets, una auténtica ciudad rodeada por una robusta muralla de piedra de mil cien metros de longitud y diez de alto, con tres puertas de acceso; la principal estaba protegida por torres; la segunda, llamada Puerta de Asen, está en la fachada noroeste, mientras que la tercera, la Puerta de Frenkjisarska, se encuentra en el sudeste.

Tsarevets

En el norte de Tsarevets sobresale una roca de la colina. Es conocida con el nombre de Lobnata Skala. Entre los siglos XI y XIV arrojaban desde este lugar a aquellos que eran declarados traidores, cuyos cuerpos acababan destrozados en el río Yantra. En el siglo XVI construyeron un convento en este emplazamiento.

Tras la victoria sobre Bizancio, Veliko Tarnovo fue proclamada la capital de Bulgaria, convirtiéndose durante varios siglos en la residencia de los zares y en una de las poblaciones más importantes del sudeste europeo. “Una ciudad muy grande, hermosa y rodeada de murallas, con doce mil o quince mil habitantes”, describió el clérigo Gregory Tsamblak.

Además de la protección que le otorgaban sus altos muros, Tsarevets, estaba fortificada con una segunda barrera para defenderse de las invasiones, su emplazamiento, porque uno de los numerosos meandros del Yantra (el río que gira) convertía la fortaleza en una península conectada con la tierra firme por un único paso.

Y como acontece habitualmente con las ciudades amuralladas, disponía de un túnel que se prolongaba por debajo del cauce fluvial.

El río traza la estructura de la ciudad después de haber horadado en las montañas hasta abrir decenas de gargantas a través de las rocas desde su nacimiento, en el pico de Hadzhi Dimitar, situado en Stara Plania (Montaña Antigua), a 1.340 metros de altitud.

Cúpulas de la Iglesia de Shipka

Esbelta y elegante, con las cúpulas doradas reflejando el sol de la tarde, no lejos de las orillas del Yantra observamos la Iglesia Rusa Ortodoxa de Shipka, con su planta de cruz, nave cuadrada, tres ábsides y un campanario con diecisiete campanas, en cuya construcción cuentan que fueron utilizadas treinta toneladas de proyectiles disparados durante la guerra entre los soldados rusos y los voluntarios búlgaros contra los turcos en el año 1902. 

En su oscura y fresca cripta pueden verse los sarcófagos de unas pocas víctimas de la guerra, mientras que en la galería exterior llaman la atención treinta y cuatro losas de mármol con los nombres de otros tantos oficiales muertos en el combate.

El río circula por los parajes de Gabrovo, una antigua ciudad cuyo origen atribuyen a un maestro herrero en la que llama la atención la figura de Don Quijote y su fiel escudero, Sancho Panza. Los personajes creados por Miguel de Cervantes Saavedra dan la bienvenida a quienes visitan el Museo del Humor y la Sátira.

Y los vecinos más atrevidos de esta población se lanzan al agua del Yantra para recuperar una cruz de madera que los sacerdotes lanzan al río durante la procesión con la que culminan los actos para celebrar el Día de la Epifanía.

Serpenteando a lo largo de siete kilómetros, la fuerza constante del agua a través de los siglos buscando su camino dibuja su estela azul en un paraje por el que se extendían cuatro colinas: las de Tsarevets, Trapezitsta. Steva Gora y Momia Krepost, y la ciudad que recorremos en la tercera semana del mes de septiembre del año 2018 surgió entre ellas, siguiendo la orilla.

Las casas del centro histórico de Veliko Tarnovo se asoman al precipicio escalando por las laderas empinadas. Desde las ventanas y las escaleras de caracol amarradas a sus fachadas traseras se extiende una panorámica de tejas, puentes, vegetación y perfiles montañosos.

En los miradores, murales de arena y grava de grandes dimensiones narran escenas del pasado a los viandantes.

Calle de los Artesanos

Una arteria es la columna vertebral de la ciudad, que cambia de nombre en función del tramo: ahora es Nezavisimost y después Stefan Stambolov, se llama Nikola Pikolo y también Stevi Kliment Ohridski. Su intensa vida diaria discurre por esta avenida.

Basta con caminar unos pocos minutos para alejarse del bullicio diario, del ir y venir de una ciudad dinámica y universitaria, fundada por los tracios, que antes de los bizantinos tuvo como pobladores a eslavos, griegos y romanos, en la que la presencia de estudiantes procedentes de varios países permite escuchar distintos acentos e idiomas y anima las noches en bares y discotecas.

La primera estación del tren fue construida en Sofía en el año 1888, y en el trazado inaugural ya figuraba Veliko Tarnovo. Superando la cadena montañosa de los Balcanes, fue abriéndose camino hasta llegar a Varna y Nesebar, en el Mar Negro, y a través de la línea trazada por el centro del país se conectó con Plovdiv para alcanzar el mismo destino, con Turquía en el horizonte, mientras que otras líneas desembocan en las fronteras con Rumanía y Grecia.

(Cuatro décadas antes había sido inaugurado el primer camino de hierro, entre Amberes y Colonia (1843). Poco después era posible viajar en tren entre París y Bruselas en doce horas, cuando hasta entonces eran necesarios dos días en una diligencia tirada por caballos. Lille, Dunkerque, Calais, Niza, Viena, Praga, Varsovia, Edimburgo, Londres, Roma, Berlín, Frankfurt, Hanover, Múnich, San Petesburgo o Barcelona se conectaron a través de un medio de comunicación que iba a convertirse en el germen de la Europa cosmopolita).

Llegamos al Barrio de Asenova, el antiguo zoco, con su Samavodska Charshiya (calle de los artesanos).

Los bajos de buena parte de las casas están ocupados por talleres y tiendas donde se venden objetos de artesanía elaborados en cerámica, metal o cuero, y no faltan en la amplia y variada oferta los dulces ni las bebidas tradicionales. Son los continuadores de una saga de vendedores de fruta, verdura o quesos, que ofrecían sus productos esparcidos sobre las alfombras extendidas en la calles.

Y si en lugar de internarnos en el centro de la ciudad nos desviamos hacia el río por la empinada y adoquinada Ultisa Gurko, nuestros pasos nos llevan a la zona más antigua de la ciudad, con sus casonas, pérgolas, parras y escaleras. Asomándose desde la fachada de su vivienda nos saluda una mujer, que pregunta de dónde venimos y levanta el dedo en señal de aprobación y complicidad después de percatarse de que se encuentra ante dos seguidores del Barcelona Fútbol Club. Nos recomienda el restaurante de su hijo para cenar.

El tren redujo las distancias y el fútbol es el esperanto del tercer milenio también en una ciudad en la que durante el Renacimiento (siglos XVIII-XIX) se concentraron historiadores, filósofos e intelectuales que no se resignaban ante el dominio del Imperio Otomano. Fueron los impulsores del primer distrito revolucionario, en 1876, y tras la liberación, dos años después, Veliko Tarnovo se convirtió en la capital provisional del nuevo estado.

Mural situado en uno de los miradores sobre el río Yantra

Aquí fue convocada la Primera Asamblea Constituyente, encargada de redactar la Constitución, y la primera Asamblea Nacional, que eligió al príncipe Alexander Battenberg como gobernante.

Con los pies en el suelo empedrado, la Iglesia Steva Bogoroditsa enfrente y los acontecimientos históricos revoloteando por la cabeza, cae la noche y en la penumbra surge una sorprendente visión: la que depara el neón iluminando con tonos dorados las murallas de Tsarevets, y nos permite evocar un acontecimiento que se repite el 22 de marzo, día en el que se celebra la victoria del zar Iván Asen II.

La colina se convierte en el escenario de un espectáculo de luz y sonido en el que se combinan los destellos de los rayos láser con el tañido de las campanas de las iglesias para recrear uno de los pasajes más significativos de la historia de Bulgaria.

Después de haber dejado atrás Gabrovo y Veliko Tarnovo, el Río Yantra avanza sinuoso hacia Gorna Oryahovitsa y Polski Trambesh y alcanza Byala, donde desemboca en el Danubio, que antes concluir su periplo a través de Europa en el Mar Negro, atravesó diez países: Alemania, Austria, Eslovaquia, Hungría, Croacia, Serbia, Moldavia, Bulgaria, Ucrania y Rumanía.

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