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La omisión del periodo franquista de los contenidos históricos escolares deja a las nuevas generaciones desarmadas frente a las narrativas revisionistas que circulan con total impunidad.
Por Lucio Martínez Pereda | 10/03/2026
El conocimiento del franquismo ha desaparecido, en la práctica, del currículum real del sistema educativo español. Esta amputación del pasado implica un vaciamiento de la conciencia histórica, un desmontaje de las coordenadas críticas con las que una sociedad interpreta su origen. El resultado se percibe en la generación que hoy alcanza la mayoría de edad política. Jóvenes educados en un relato de desconocimiento convierte a los nuevos votantes en un grupo diana ideal para la manipulación propagandistica ultraderechista . En la ausencia de memoria, la propaganda funciona como sustituto de la historia.
Las sucesivas reformas —de la LOGSE a la LOMCE y la LOMLOE— diluyeron la enseñanza de la historia contemporánea en un mar de generalidades competenciales. El franquismo quedó reducido a un epígrafe terminal que rara vez se imparte con profundidad comprensiva . En la práctica, la dictadura perdió densidad histórica para convertirse en “un tema más”, desconectado de la experiencia del presente político español. La limitación temporal y espacial del franquismo en el currículum resulta especialmente reveladora: solamente en 4º de ESO el franquismo aparece de forma obligatoria para todos los alumnos, esquinado temporalmente al final del curso en una asignatura con únicamente tres horas semanales de impartición.
Las consecuencias son visibles. Una parte importante de las nuevas generaciones desconoce la naturaleza represiva del régimen, la lógica económica del nacionalcatolicismo o la continuidad de las élites franquistas durante la democracia. Esa ignorancia deja abierto el espacio para que la ultra derecha reconstruya una memoria invertida del siglo XX español. En ella, el franquismo ya no aparece como una dictadura larga y brutal sino como mito de salvación frente al caos republicano o la amenaza “marxista”.
En términos más amplios, el problema remite a la debilidad estructural de la cultura democrática española: su dificultad para integrar el examen crítico del pasado reciente como pilar educativo de fortalecimiento democrático . Mientras la historia siga tratándose como un inventario de fechas esquinado y no como un aprendizaje de conocimiento histórico , el franquismo sobrevivirá en su forma ideológica renovada como tentación autoritaria pero bajo nuevos relatos reloaded que la ultraderecha activa para beneficio electoral propio.
La omisión del periodo franquista de los contenidos históricos escolares deja a las nuevas generaciones desarmadas frente a las narrativas revisionistas que circulan con total impunidad. Cuando un joven accede a la mayoría de edad electoral sin haber interiorizado qué fue el golpe de Estado de 1936, qué mecanismos de terror se desplegaron en la retaguardia, cómo se construyó un régimen sustentado en la represión, el hambre como arma de control social, la depuración masiva de funcionarios, maestros y opositores, la alianza orgánica entre Iglesia y dictadura, o la pervivencia de un nacionalcatolicismo que sacralizaba la violencia contra el “enemigo interior”, ese joven se convierte en presa fácil de cualquier relato que presente el franquismo como un “mal menor”, un “orden necesario” o una etapa de “estabilidad” frente al supuesto “caos” previo.
Reactivar y privilegiar curricularmente el conocimiento escolar de la dictadura no significa adoctrinar en sentido contrario, sino dotar al alumnado de herramientas historiográficas, fuentes primarias y análisis crítico para que pueda discernir por sí mismo entre hecho y bulo, entre memoria documentada y propaganda política ultraderechista interesada.
Esta es una cuestión -la reforma curricular de la enseñanza de la historia- que el actual gobierno debería incluir en el conjunto de decisiones necesarias para dotar a la democracia de instrumentos institucionales de autoprotección.
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