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En la ciudad viguesa quedan varios lugares de memoria que -incumpliendo la Ley de Memoria del año 2022- aún no han sido reconocidos tal y como establece este texto legislativo.
Por Lucio Martínez Pereda | 9/11/2025
La Ley de Memoria Democrática de 2022 introdujo de forma explícita la categoría de “Lugares de Memoria Democrática.” La Ley, tras definirlos -no es cuestión de aburrir con su explicación- protege los Lugares de Memoria Democrática y establece su función como espacios para la didáctica democrática, destinados a conmemorar y preservar la memoria colectiva vinculada a la lucha por los derechos, la democracia y la justicia en España. La anterior ley de memoria histórica del 2007 no contemplaba esta figura específica para proteger sitios simbólicos como «lugares de memoria». Tras 15 años de implantación, la ley de 2007 se reveló insuficiente en varios aspectos y por numerosos motivos, y las demandas de víctimas y expertos que pedían -sumadas a otras carencias más importantes- un marco legal para preservar los sitios de memoria como herramientas de construcción cultural democrática, consiguieron sus objetivos.
Sucede en muchos pueblos y ciudades del estado español pero me centraré en el caso vigués por razones de interés personal e histórico. En la ciudad viguesa quedan varios lugares de memoria que -incumpliendo la Ley de Memoria del año 2022- aún no han sido reconocidos tal y como establece este texto legislativo. Elijo uno de ellos que ha pasado relativamente desapercibido hasta el momento a la opinion pública mayoritaria por no tratase de un lugar donde sufrieron cárcel las víctimas ni donde perdieron su vida por sentencias de pena de muerte o por las llamadas sacas y paseos.
La construcción del Aeropuerto de Peinador se remonta a 1928, cuando la Dirección de Aeronáutica identificó terrenos en las Gándaras de Budiño (O Porriño) para el primer aeropuerto gallego. En julio de 1936, tras el estallido de la Guerra, el geógrafo Francisco Senac, acompañado de las autoridades militares gallegas, buscaba terrenos para una pista de despegue de los cazas alemanes que llegarían por barco a Vigo. Tras el golpe de Estado del 18 de julio de 1936, el proyecto de 1928 se reubicó en el monte de Guizán -conocido como Peinador por su proximidad a un apeadero de tranvía propiedad de la familia Peinador- y se transformó en una herramienta de control social y explotación económica sobre la población civil de Vigo, Mos y Lavadores.
La construcción de la pista del aeropuerto de Vigo se realizó mediante un sistema de trabajos forzados impuesto por las autoridades militares a partir del otoño de 1936. Los trabajos continuaron hasta 1937, cuando debido a la apertura del aeropuerto de Lavacolla en Santiago y la consiguiente inauguración de los vuelos regulares en el Aeropuerto santiagues- Sevilla-Salamanca-Valladolid- Peinador perdió su prioridad estratégica. Las obras se paralizaron casi por completo hasta 1946. Parte de la pista explanada (un tramo significativo) se declaró inservible años después por problemas geológicos.
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Los varones entre 20 y 50 años residentes en Vigo y en los municipios cercanos de Mos y Lavadores fueron obligados a trabajar en la explanación de los terrenos para el aeropuerto. Se hacían jornadas de dos días al mes, 8 a 10 horas diarias iniciadas a las ocho de la mañana y finalizadas a las seis de la tarde -que podían ser redimidas pagando una cantidad en metálico- 12 pesetas en total, el equivalente entonces al doble del jornal diario de un bracero. La clase media consiguió redimir el trabajo pagándolo , mientras; los trabajadores debían presentarse bajo amenaza de sanciones y se veían obligados a doblar los días de prestación si faltaban sin justificación.
La orden que imponía el inicio de los trabajos forzados provenía del comandante militar de la zona: se justificaba como «prestación personal» y como obra de «interés nacional». Fue publicada el 17 de septiembre de 1936 por el El Pueblo Gallego ( el periódico más importante de la Falange en Galicia). El objetivo era explanar (allanar) el terreno de meseta rocosa para crear una pista inicial de unos 1.500 metros de longitud. Se trabajó con pico, pala y herramientas manuales sin maquinaria moderna. Una copla popular de la época capturó el terror y la humillación colectiva: «Se vas a Peinador, ti que vas facer, danche de traballo e non de comer». Franco visitó las obras en 1937, e impresionado por los trabajos no cayó en la cuenta que estaba usando en su elogio un concepto que inevitablemente iba asociado al trabajo de la esclavitud romana: calificó el trabajo forzoso como: «esfuerzo romano».
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Hasta 1938 se registraron 140.000 jornales de prestación personal equivalentes a miles de días-hombre. El costo total de las obras iniciales superó el millón de pesetas, financiado en parte por donaciones locales vigiladas por la falange local e impulsadas propagandísticamente como “donaciones patrióticas “ por el periódico Faro de Vigo. Debido a la desaparición de documentos -producido por un más que probable expurgo de ocultamiento- no se dispone ni de la identidad ni el número total de los trabajadores, aunque se puede inferir -según los datos de población de la época- la cantidad de víctimas en aproximadamente 20.000-30.000 personas.
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Este sistema de prestación personal forzada fue común en la España franquista, ahí tenemos el caso de los batallones de trabajadores que estuvieron en funcionamiento entre 1937-1945, pero el caso de Peinador destaca por afectar a civiles libres en lugar de presos. Este episodio forma parte de un patrón más amplio de trabajos forzados en el franquismo, similar a los batallones de trabajadores penitenciarios donde se explotaba a miles de republicanos “culpables”. Pero en este caso -conviene insistir en ello- nos encontramos ante civiles ni acusados ni condenados por ningún tipo de delito político.
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Para finalizar: la construcción de Peinador fue un proyecto basado en un sistema de trabajo forzoso realizado bajo control militar y presión de sanciones severas, reflejando las prácticas de explotación laboral y represión propias del franquismo en la etapa inicial de la dictadura. Los trabajos forzados de 1936-1938 constituyen una forma de represión económica y social, análoga a los «crímenes de lesa humanidad» reconocidos en informes de la ONU (2014, 2018) que equivalen a esclavitud moderna según estándares internacionales (Convención 29 de la OIT, 1930, ratificada por España en 1978). El aeropuerto de Peinador, además, no fue un sitio de ejecuciones masivas como las fosas comunes, pero sí de explotación colectiva alineándose con el artículo 49.1.a, ley de memoria democrática: represión durante la Guerra Civil.
En conclusión: espero que el alcalde vigués del PSOE , Abel Caballero, cumpla, aunque sea con cerca de tres años de retraso con la actual ley de memoria democrática.
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