Lina Odena, la juvenil luchadora revolucionaria

Por distinguirse en la organización del combate, los soldados de aviación la nombraron delegada de la unidad en el Comité Local y Jefa de Batallón.

Por Angelo Nero

Nacida un 22 de enero de 1911, en Barcelona, en el seno de una familia que regentaba una sastrería, en donde trabajaría Lina Odena en su adolescencia, ingresó tempranamente en el PCE, tras romper los lazos familiares. Ya en junio de 1931 viaja a la URSS, junto con varios jóvenes comunistas catalanes, para cursar estudios en la Escuela Marxista-Leninista de Moscú, durante algo más de un año. Allí coincidió con Enrique Líster (que, con el tiempo, sería General de cinco ejércitos), con Juan Guillote León, Modesto (que también se convertiría en un mítico  General del Ejército Popular), y con Jesús Hernández Tomás (futuro miembro del Buró Político del PCE y ministro de Instrucción Pública y Sanidad en la 2ª República).

A su regreso a España, Lina forma parte de las Juventudes Comunistas de Cataluña (JCC), del recién creado Partido Comunista de Cataluña (PCC), liderado por Ramón Casanellas (que había participado en el atentado contra Eduardo Dato). En febrero de 1933 sería nombrada Secretaria General de las JCC y ese mismo año sería candidata al Parlamento de Cataluña. En el III Congreso de las Unión de Juventudes Comunistas pasó a formar parte, como delegada de Cataluña, del Buró Nacional del PCE.

En la Revolución de octubre 1934, Lina Odena combatió en San Cugat del Vallés y en la carretera de la Rabassada, siendo una de las pocas mujeres de las que se tenga constancia que tomaron las armas entonces, y con la derrota de la sublevación y la posterior represión, pasó a la clandestinidad, formando parte del Socorro Rojo Internacional, hasta su detención, en agosto de 1935.

No tardó en ser liberada, ya que al mes siguiente viajó a Copenhague, para participar en el IV Congreso de la Internacional Juventud Comunista, formando parte de la delegación española presidida por Trifón Medrano (que fue Secretario de Organización de la JSU, cuando Santiago Carrillo ocupó la Secretaria General). En este Congreso se decidió la unificación de las juventudes comunistas con las de otros partidos revolucionarios de origen marxista.

Reclamada por la dirección  del PCE, Lina abandona Cataluña para residir en Madrid, adquiriendo gran protagonismo en la campaña de las elecciones generales de febrero del 36, en la que acompañó a Dolores Ibarruri, La Pasionaria, en sus mítines a lo largo de la geografía española.

El estallido de la Guerra Civil la sorprendió en Almería, a dónde se había desplazado porque había sido comisionada por el Comité Central de las Juventudes Socialistas Unificadas, para preparar el Congreso Provincial entre jóvenes comunistas y socialistas, y no dudó en empuñar las armas y organizar la defensa de la ciudad, que estaba a punto de caer ante los sublevados comandados por el Teniente Coronel Juan Huerta Topete, que también ejercía de Gobernador Militar.

Los milicianos republicanos aguantaron la embestida fascista, gracias a un grupo de Guardias de Asalto leales y a unos 70 soldados de aviación procedentes de Armilla, Granada, que combatieron dirigidos por Lina Odena, que un papel decisivo en la victoria, así como el Capitán del Destructor Lepanto, Valentín Fuentes, que amenazó con bombardear a los rebeldes.

Por distinguirse en la organización del combate, los soldados de aviación la nombraron delegada de la unidad en el Comité Local y Jefa de Batallón. Como símbolo de su cargo, Lina lució, hasta el día de su muerte, las alas de aviación en su mono de miliciana.

Su columna, formada por los soldados de aviación de Granada y los marinos de Almería, fue asignada a la toma de Guadix y, posteriormente, a la de Motril. En este frente entabló amistad con el diputado comunista Antonio Petrel y también jefe de columna, con el que viajó a Madrid y Barcelona para reunir armas para la defensa del Frente Andaluz.

Una vez asegurada Almería, su batallón se dirigió hacia Granada, con la intención de llegar antes que la columna del General Varela, estableciendo su cuartel general en Guadix, donde se inició el proceso de colectivización de sus tierras. Se batió contra los falangistas del capitán Nestares (tristemente conocido por estar al frente de La Colonia, la cárcel franquista que albergó en sus últimos días a Federico García Lorca), en Huétar Santilán, con abundante intercambio de artillería, incluso con participación aérea.

Después de la batalla de Huétar, estableció su cuartel general en Víznar, y después en Guadix, donde entabló intensos combates, intentando contactar con las líneas republicanas de Iznalloz y Deifontes.

Además de su tarea política y militar, Lina ejercía el periodismo como corresponsal de guerra para el periódico Mundo Obrero.

El 14 de septiembre de 1936, junto al Pantano de Cubillas, cerca de Granada, por un error fatal en un cruce, se bajó del coche al encontrarse a un grupo de soldados controlando la carretera de Jaén. Era un control falangista, y tras un enfrentamiento, al verse acorralada, Lina Odena se pegó un tiro para no caer prisionera. Tenía tan solo 25 años, y ya era toda una leyenda.

El escritor uruguayo Alberto Etchepare, en su “Don Quijote fusilado”, que estuvo como corresponsal en la Guerra Civil Española, le dedicó estas palabras: “Sola sobre el camino, la muchachita española hacía funcionar su pistola y cada lengüetazo de fuego del arma abatía uno de aquellos bárbaros. La melena deshecha, los ojos más fríos y duros que nunca, se defendió bravíamente la maravillosa niña de los veinte años palpitantes y frescos, de la frente llena de claridades. Como saben defenderse las mujeres españolas de ladrones de honras y de los invasores de la patria. Y con la última bala que tenía en su cargador se mató Lina Odena, la miliciana heroica, la juvenil luchadora revolucionaria.”

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.




 

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.