Traed la guerra a casa

El presente título cierra con una advertencia incómoda, después de Oklahoma City, el movimiento pareció retroceder por el rechazo público, pero solo estaba esperando las condiciones adecuadas. Trump lo confirmó.

Por Dani Seixo | 29/10/2026

A un supremacista blanco lo detienen por una matrícula sin placa. Un coche sin matrícula, un agente que tira de hilo y detrás de ese hilo un edificio federal en Oklahoma City convertido en escombros y cientos de muertos. Kathleen Belew coge ese hilo y lo estira hacia atrás veinte años, hasta los veteranos de Vietnam que volvieron a un país que no les reconocía y los despreciaba, hasta las granjas perdidas donde se fotocopiaban boletines, hasta los tipos que decidieron que la guerra que les habían quitado se libraría dentro de casa o en todo el Sur global en forma de paramilitarismo. Traed la guerra a casa es la historia de cómo se teje esa red, sin épica y sin adornos. Con la paciencia del que lleva años en archivos y actas judiciales, dato sobre dato, célula terrorista tras célula terrorista en el seno del «poder blanco». Y precisamente por eso el libro no se lee, se aguanta.

El primer mérito es desmontar el cuento del «lobo solitario». Un mito que no es inocente, sino la manera más barata de borrar un movimiento entero. Belew enseña que detrás de cada supuesto lobo solitario había una infraestructura, líderes que publicaban, grupos que se financiaban, simpatizantes que miraban a otro lado. No eran lobos. Era una manada con editorial, apartado de correos y lista de enemigos.

Y aquí, en el Estado español, el mecanismo comienza a sonarnos. Organizaciones neonazis como Núcleo Nacional han pasado en pocos años de ser cuatro chalados con pancarta a una estructura con ramas territoriales, registro como partido y una expansión que depende del cruce entre redes sociales y mensajería cifrada, buscando hermanamientos con otras extremas derechas europeas. Lo que Belew describe, textos compartidos, enemigos compartidos, coordinación, hoy se hace en una tarde: un meme en TikTok, una guía en Telegram y todo ello se sincroniza, lo que antes costaba meses de fotocopias y sellos hoy se logra en apenas segundos.

No es lo mismo, claro. El movimiento estadounidense nace del trauma de Vietnam, de veteranos que vuelven a un país que no les reconoce y de una tradición miliciana que aquí no existe del mismo modo. El contexto español huele a otras cosas, se nutre en la herencia del franquismo, líos territoriales, la resaca del 2008, barrios donde el alquiler se come el sueldo y alguien señala al inmigrante como culpable. Pero lo que Belew invita a mirar no es la genealogía exacta, sino la lógica, la «amenaza existencial» como gasolina, la «violencia defensiva» como coartada, la colaboración entre grupúsculos para suplir la debilidad de cada uno por separado. Cuando Núcleo Nacional habla de España asediada por «enemigos internos y externos» y mete vivienda, inmigración y género en el mismo saco de la «decadencia nacional», usa la gramática que Belew documenta: convertir el agravio concreto en ansiedad racializada de supervivencia. Eso no es teoría importada, eso es lo que se oye en un bar de Vallecas y en un grupo de Telegram de Badalona.

Lo más sucio del libro, en el buen sentido, es cómo muestra la gradación. Nadie empieza poniendo bombas, se empieza acosando, intimidando, apareciendo con símbolos fascistas en la puerta de un centro social, reventando un campamento por la vivienda, gritando en un mitin que «los nuestros primero». Y cada paso viene con su vocabulario: traidor, enemigo, invasión. La autora enseña que el clima de violencia no es el preludio del terrorismo, es su sala de espera. En el Estado español, esa sala ya está llena y comienza a dar paso a otra posterior. La violencia no es mayoritaria, pero el lenguaje que la justifica circula sin complejos y eso es justo lo que el libro pide detectar antes de que sea tarde.

El presente título cierra con una advertencia incómoda, después de Oklahoma City, el movimiento pareció retroceder por el rechazo público, pero solo estaba esperando las condiciones adecuadas. Trump lo confirmó. Y aquí, con la ultraderecha subiendo en cada elección y discursos que ya no piden perdón, la pregunta no es si esas condiciones pueden darse. La pregunta es cuánto tardarán en estallar. Por eso este libro no es un lujo académico, sino un manual de vigilancia. Se lee con rabia, se subraya con prisa y se recomienda que abra bien los ojos a todos aquellos que todavía crean que esto es cosa de Estados Unidos. El prólogo se está escribiendo aquí, en la cola del supermercado y en el grupo de WhatsApp del portal.

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