![]()
El 6 de febrero de 1962, el Departamento del Tesoro emitió las Regulaciones para las Importaciones Cubanas, prohibiendo la compra de cualquier mercadería de origen cubano.
Por Dani Seixo | 13/02/2025
«Es verdad que aún estamos bajo el bloqueo imperialista; es verdad que los imperialistas tratan de estrechar ese bloqueo, y que no sabemos cuán largo tiempo tendremos que resistir esa situación. ¡Y la resistiremos! ¡porque nuestra bandera revolucionaria no se plegará jamás! ¡porque la frente alta de esta nación no se doblegará jamás! Porque afrontaremos los riesgos que sean necesarios cuanto tiempo sea necesario; afrontaremos los sacrificios que sean necesarios, cuanto tiempo sea necesario. Porque nosotros asumimos las responsabilidades plenas de nuestra conducta, de nuestra historia, de nuestra Revolución».
La Revolución se hace cada vez más invencible en la misma medida en que tenga un pueblo más despierto, más firme y más consciente. De esa manera se estrellarán contra la Revolución todas las maniobras del imperialismo; el bloqueo económico con todas sus consecuencias, la agresión económica con todas sus consecuencias, podrían hacer mella en un pueblo desorganizado, vacilante, podrían hacer mella en una revolución que no tomara las medidas necesarias y que se requieran para hacer frente a la agresión imperialista; porque se lucha contra un factor poderoso, pero el cual nosotros podremos vencer perfectamente bien”.
Fidel Castro
El 7 de febrero de 1962 entraba en vigor el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos contra Cuba. Desde ese momento, esta medida inhumana ha perdurado por más de seis décadas, convirtiéndose en uno de los embargos más largos de la historia moderna. El objetivo de tan férrea represalia era intentar rendir al pueblo cubano y asfixiar a la Revolución mediante un complejo entramado de leyes y regulaciones que limitan las relaciones económicas y políticas de la isla con el resto del mundo.
Tras el triunfo de la Revolución Cubana liderada por Fidel Castro y el Movimiento 26 de Julio en 1959, el nuevo gobierno emprendió una serie de reformas económicas y sociales que afectaron directamente los intereses de los monopolios estadounidenses en la isla. El fin de la dictadura de Fulgencio Batista trajo consigo la nacionalización de propiedades y empresas extranjeras, incluidas las de ciudadanos y corporaciones estadounidenses, lo que desató la alarma en Washington. Desde entonces, Estados Unidos adoptó una postura hostil hacia la Revolución cubana, negándose a aceptar las políticas impulsadas por el nuevo gobierno.
Ya en junio de 1959, Washington había advertido a Cuba con reducir la cuota azucarera, prohibir la inversión privada y eliminar toda ayuda económica si las propiedades norteamericanas eran finalmente expropiadas. Para un país que en ese momento dependía en un 73% de las exportaciones hacia Estados Unidos y en un 70% de las importaciones provenientes de ese mismo mercado, la amenaza era realmente grave.
En respuesta a estas presiones, Cuba buscó nuevos aliados. En 1960 la Unión Soviética firmó un acuerdo con la isla comprometiéndose a comprar el 10% de su producción azucarera y garantizar el suministro de petróleo. Este acercamiento a Moscú intensificó aún más las sanciones impuestas por Washington, que en noviembre de ese mismo año comenzó a aplicar restricciones adicionales, como la limitación del servicio postal y la exigencia de licencias para enviar regalos, incluidos alimentos y medicinas.
La negativa de empresas como Texaco, Esso y Shell a refinar petróleo importado por Cuba llevó a la expropiación de estas compañías, lo que a su vez provocó que el gobierno de Dwight Eisenhower rompiera relaciones diplomáticas con Cuba y suspendiera el comercio bilateral en enero de 1961. Unos meses después, el 2 de marzo, Estados Unidos aplicó contra Cuba la Ley de Comercio con el Enemigo de 1917, una legislación que permitía imponer sanciones económicas a países extranjeros. Poco después, esta medida se complementó con la eliminación de la cuota azucarera cubana para ese año.
El 6 de febrero de 1962, el Departamento del Tesoro emitió las Regulaciones para las Importaciones Cubanas, prohibiendo la compra de cualquier mercadería de origen cubano. Luego, el 23 de marzo amplió la prohibición a productos elaborados total o parcialmente con insumos cubanos, incluso si eran manufacturados en terceros países. Además, Washington sancionó a naciones que comerciaran con Cuba, impidiendo que recibieran ayuda estadounidense si prestaban asistencia a la isla.
Finalmente, el 7 de febrero de 1962, el presidente John F. Kennedy firmó la Orden Ejecutiva Presidencial 3447, que formalizó el bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba. Esta orden no solo prohibió el comercio directo entre ambos países, sino que también buscó aislar a la isla a nivel internacional. Además, el 2 de octubre de ese mismo año, Estados Unidos presionó a los gobiernos de América Latina y la OTAN para que endurecieran las restricciones comerciales contra Cuba.
En 1964, la Organización de Estados Americanos (OEA), bajo presión de Estados Unidos, activó un bloqueo comercial contra Cuba, aunque con excepciones para alimentos, medicinas y suministros médicos. Con el paso de las décadas, lejos de debilitarse, el bloqueo se ha fortalecido con leyes como la Cuban Democracy Act de 1992 y la Ley Helms-Burton de 1996, que buscaron internacionalizar las sanciones y desincentivar la inversión extranjera en la isla.
En 1983, la administración de Ronald Reagan reforzó la guerra mediática contra Cuba con la creación de Radio Martí, una emisora destinada a fomentar la contrarrevolución en la isla. Ya en 1991 se limitaron a 300 dólares trimestrales los envíos de remesas desde Estados Unidos a la isla.
El embargo se endureció aún más con la aprobación de la Cuban Democracy Act en 1992, que estableció que las sanciones se mantendrían vigentes mientras Cuba no realizara reformas políticas según los intereses de Washington. Cuatro años después, con la Ley Helms-Burton, se eliminó cualquier posibilidad de negocios entre ciudadanos estadounidenses y Cuba, permitiendo incluso demandar a empresas extranjeras que invirtieran en propiedades expropiadas tras la Revolución.
En los últimos años, el bloqueo ha sido recrudecido. Durante la administración de Donald Trump, se implementaron unas 250 nuevas sanciones, restringiendo los viajes, las remesas y las importaciones a Cuba. Además, se tomaron medidas para frenar el suministro de petróleo desde Venezuela, afectando severamente la economía cubana.
Según estimaciones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), las pérdidas económicas acumuladas por Cuba debido al bloqueo superan los 130 mil millones de dólares. A nivel internacional, la Conferencia Naval de Londres de 1909 estableció que el bloqueo es un acto de guerra. En el caso de Cuba, las sanciones impuestas por Estados Unidos han limitado el desarrollo económico del país y han afectado a millones de personas. No obstante, la isla ha logrado avances significativos en salud, educación y ciencia, manteniéndose como un referente en estos ámbitos a nivel mundial.
Las agresiones desmedidas de Washington contra Cuba no solo suponen una violación del derecho internacional, sino también un acto de guerra económica que se traduce en sufrimiento para su pueblo. El fin del bloqueo es una demanda histórica de la comunidad internacional. Cada año la Asamblea General de la ONU condena esta política y exige su levantamiento. A pesar de décadas de presión y adversidades, lejos de doblegarse, Cuba sigue en pie, defendiendo su soberanía y el derecho a decidir su propio destino sin injerencias extranjeras.
Se el primero en comentar