Terror

Por Jesús Ausín | Viñeta de ElKoko

Cabizbajo, mirada fija en la talla de madera que moldea con la navaja, Nicomedes viaja a su infancia en la que jugaba al Gua en la explanada de la iglesia con sus amigos. Hace tantos años de aquello que sus recuerdos son en blanco y negro. Ahora apenas dibuja la cara de su amigo Quirino, inseparables en la escuela, en las aventuras por el monte o en las trastadas como cuando iban a robarle las manzanas a la finca del marqués.

La melancolía es una mala afección para el cáncer. Pero cuando uno lleva tantos años fuera, solo la añoranza mitiga los dolores de la enfermedad. Nicomedes además vive forzado lejos de su hogar y, aunque piensa constantemente en los campos llenos de amapolas, en los gorriones que, al comenzar la primavera, se bañan en el riachuelo, en los paseos por la orilla del canal buscando ratas de agua, y nada le gustaría más que poder disfrutar de esas imágenes en color, sabe que es imposible. Si accediera, nada más pisar la aduana le arrestarían. Jamás disfrutaría de ese último paseo al relente de una noche de verano en la que los grillos van silenciando su canto según te acercas y vuelven a su melodía una vez te alejas.

De joven, nunca fue hombre de conflictos. Nunca había pensado en si tenía ideología. Nunca consideró que el mundo en el que vivía, allí en su pueblo, donde su padre labraba la tierra con una pareja de vacas y el marqués solo les visitaba, una vez recogido el grano y metida la paja en las cijas, para llevarse un sesenta por ciento de lo recolectado, estuviera mal. Siempre había sido así y por tanto, aquello entraba dentro de la cotidianidad.

La vida, sin embargo, nos muestra caminos desconocidos. Y a Nicomedes, que fue llamado a filas diez días antes de que los fascistas entraran en su pueblo, la guerra le descubrió otros mundos. Un mundo en el que los patronos no se llevaban el pan de los hijos de los labriegos por el mero hecho de ser propietario de grandes extensiones de tierra que no podían labrar. Un mundo idealizado en el que las personas son iguales y nadie abusa de los demás por el mero hecho de tener un “Don” delante de su nombre de pila. A Nicomedes, le gustó ese mundo y empezó a ser consciente de que lo que Don Jacinto, el marqués, hacia con su padre, era explotación y expolio.

Tanto se significó que acabó siendo uno de los enemigos de la patria, a ojos del régimen fascista. Un régimen que asesinó impunemente y a sangre fría a sus padres y que les quitó la pareja de vacas y la casa de su propiedad. Una casa familiar heredada de generación en generación y que ahora pertenecía también al marqués y a sus sucesores.

Así las cosas y una vez finalizada la guerra, tuvo que huir primero de su patria, pasando hambre y frío a través de los Pirineos, y más tarde de los Nazis que llegaron hasta Vézelay lugar al que había llegado tras escapar de la arena del campo de internamiento de Argelès-sur-Mer, La guerra, que le había convertido en peligroso delincuente en la España fascista, le convirtió en héroe en la resistencia francesa, siendo uno de los primeros en la liberación de París.

Ahora, cansado, enfermo y amorriñado, pasa los días haciendo aperos de labranza en su casa de Bassan, que los recuerdos le traen de su niñez, añorando, mientras labra lasca a lasca la madera, aquellos años en los que llevaba pantalones cortos, la nieve le cubría las rodillas en invierno y un sombrero de paja le protegía de los rigores del verano. Cuando hacían un agujero horizontal en uno de los taludes arenosos junto al pinar y pasaban las tardes de otoño, quemando piñas y trozos de rama de pino dentro de los hornos horadados en la arena. Y deseando poder volver a pisar su pueblo que abandonó con 17 años, antes de dejar este mundo que tampoco ha cambiado a pesar de las guerras.

Quizá pueda llegar a un acuerdo con el régimen fascista, piensa como última esperanza. Pero para el régimen, su detención sería una forma de reavivar viejas rencillas que tanto han hecho porque siga adelante.


Terror

Mientras escribo estas líneas, se está celebrando en Israel el Festival de Eurovisión. Un certamen que nació con el ánimo de fomentar la concordia entre los distintos pueblos de Europa y que ha acabado siendo un par de horas de esparcimiento de frikis que no saben nada de los motivos del festival y a los que además, les importa poco o nada que el estado de Israel sea el nuevo nazismo, ahora en Oriente Próximo, masacrando diariamente a indefensos niños, convirtiendo la Franja de Gaza en el mayor campo de concentración de la historia de la humanidad, relegando los derechos humanos a la altura de la mierda de los perros que, junto con las personas que viven dentro, padecen, sed, hambre, tiranía, vejaciones y miedo.

De nada ha servido la campaña de Boicot a un festival que, habiendo descalificado a países por incluir letras de concienciación política en sus melodías a concurso, que estableciendo en una de sus normas que no se admiten ese tipo de reivindicaciones, admitieron hace años, por política, en un certamen europeo a un país asiático como Israel.

El cinismo y la hipocresía son el campo de cultivo en el que prospera el fascismo. El partido de los falangistas y sus compadres de la extrema derecha han puesto el grito en el cielo por unas palabras del socialista Eguiguren en las que, como conocedor directo de las negociaciones que llevaron a que ETA se acabara disolviendo, calificó, tras su detención en Francia, a José Antonio Urruticoechea Bengoechea, más conocido como Josu Ternera, como el “héroe de la retirada” de la banda terrorista. Quizá la palabra héroe sea poco afortunada pero siempre es justo reconocer aquello que puede ser un mérito entre tanto desdoro. Siempre es un mérito el arrepentimiento y el hacer posible que la violencia y sobre todo, los muertos, cesaran.

Jamás voy a defender un asesinato. Sea de quién sea. Precisamente por eso, insisto en denunciar de la misma manera que denunciaba el terrorismo de ETA, el del estado de Israel. 

Como en otras tantas cosas, aquí la derecha rancia, casposa, inútil, arruinadora, indecente y experta en quedarse con lo que no es suyo y en vivir y hacer negocio con lo de los demás, a falta de propuestas y de soluciones para las personas, apelan a uno de los instintos más bajos del ser humano, la venganza, para ganar a adeptos. Ocho años después de su anuncio de desaparición, estos indeseables que siguen protegiendo asesinos franquistas, que jamás han hecho nada por evitar una guerra, que han criticado la retirada de una fragata española de aguas de Oriente por el peligro de que el indeseable de Trump, acabe repitiendo la historia de su homólogo Bush en Irak, siguen teniendo presente ETA diariamente en su discurso. Parece como que ellos con ETA hubieran vivido mejor y que no estuvieran dispuestos a perder aquello que conseguían cuando la banda terrorista asesinaba, fuera lo que fuese. Si Urruticoetxea tiene cuentas pendientes con la justicia, seguro que esta no se lo va a pasar por alto. Otra cosa es que, dentro de esa vara de doble rasero que utilizan, hasta la reforma del año 2003 no existiera el delito de lesa humanidad y conforme a la Constitución no se permiten la aplicación de las leyes con carácter retroactivo y que a este hombre se le quieran agravar los presuntos delitos cometidos antes de esa fecha.

Para poder escribir este artículo, he tenido que dar mil vueltas en mi cabeza. El terrorismo es algo aún candente que en este país abre muchas heridas y uno, en su afán por ser justo, no quiere malos entendidos. Entre otras cosas, porque también gracias a estos asquerosos personajes que jamás han levantado ni una sola voz contra el genocidio del pueblo palestino por Israel, que llaman golpe de estado a un referéndum alegal, mientras que consideran legítimo un verdadero golpe como el de Venezuela, que tachan de violencia desmedida la defensa del régimen constitucional de Venezuela y como a héroes a los violentos que disparan a matar y prenden fuego a la ayuda humanitaria en la frontera entre Colombia y Venezuela, que jamás han escrito ni una sola palabra en defensa de las miles de mujeres asesinadas en México, que llaman muertes a los asesinatos machistas y asesinato un acto de amor como la ayuda al suicidio, que se autodenominan provida por estar en contra del aborto pero se la sopla los millones de niños muertos en Yemen a manos genocidas de Arabia y USA, como digo, gracias a estos hipócritas fascistas, hoy aún en España reclamar que la justicia sea imparcial y ponderada contra los terroristas y reconocer sus actos de lucidez entre tanto horror, puede costarte desde que te llamen amigo de los terroristas a que cualquier soplagaitas te lleve al juzgado por enaltecimiento del terrorismo. Jamás voy a defender un asesinato. Sea de quién sea. Precisamente por eso, insisto en denunciar de la misma manera que denunciaba el terrorismo de ETA, el del estado de Israel. De la misma manera repudio el asesinato de un guardia civil que el de un niño palestino al que le meten diez balas con un rifle de larga distancia. De la misma manera que censuro el comportamiento inhumano, belicista, genocida y enfollonador del presidente del imperio que, como Bolsonaro, Le Pen o los fascistas de aquí, solo buscan su bienestar a consta de la indigencia de los demás.

De la misma manera repudio el asesinato de un guardia civil que el de un niño palestino al que le meten diez balas con un rifle de larga distancia.

Hemos creado una sociedad apática ante la tortura, la guerra y el genocidio. Solo parecemos reaccionar cuando nos toca de lleno o se nos acerca. Vivimos en un mundo que ha creado más lazos de empatía con los perros que con los seres humanos. Hemos olvidado la moral, los tratados internacionales de convivencia y hasta las mínimas normas de urbanidad. Nos hemos convertido en seres egoístas que solo tienen derechos. Ni siquiera somos capaces de cambiar de canal para mostrar nuestro rechazo al terrorismo de estado. Todo, todo, está supeditado al consumo. Y es el consumo, el que nos está matando.

Salud, feminismo, república y más escuelas (públicas y laicas).


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