Tamara Bunke, comunista, espía, guerrillera

«Lo más valioso que un hombre posee es la vida, se le da a él solo una vez y por ello debe aprovecharla, de manera que los años vividos no le pesen, que la vergüenza de un pasado miserable y mezquino no le queme y que muriendo pueda decir: He consagrado toda mi vida y mi gran fuerza, a los más hermoso en el mundo, a la lucha por la liberación de la humanidad.»

Por Angelo Nero

Hace unos días se cumplió el aniversario de la muerte en combate de Haydée Tamara Bunke Bider, a inolvidable Tania, que luchó, codo con codo, con el Che Guevara en la guerrilla boliviana y que compartió también su suerte. En su cuenta de twitter el presidente venezolano Nicolás Maduro, señalaba la fecha: “Hace 54 años cayó en combate Tamara Bunke, “Tania La Guerrillera”, mujer aguerrida y de profunda convicción libertaria, que defendió la causa revolucionaria, junto al Comandante «Che» Guevara, por una humanidad más justa. Honramos su gesta, construyendo la Patria nueva de igualdad.”

Tamara Bunke había nacido en Buenos Aires, un 19 de diciembre de 1937, a donde sus padres habían viajado, huyendo de la persecución nazi en Alemania, ya que estaban doblemente señalados, por comunistas y por su origen judío, y que habían llegado a Argentina apenas balbuceando el español. Desde niña respiró un ambiente político, ya que su padre, Erich Bunke, militó en el Partido Comunista Argentino, ilegal durante buena parte de la década peronista, y su casa era un lugar de frecuentes reuniones clandestinas y de depósito de propaganda.

Así relataba su madre, Nadia Bider, el ambiente de aquellos años de infancia de Tamara: “Nosotros hacíamos comprender a nuestros hijos, con palabras simples como para niños, que estábamos luchando por el bien de la humanidad para el bien del pueblo argentino; les explicábamos sobre la Revolución de Octubre en la Unión Soviética, les decíamos que trabajábamos por una sociedad nueva como aquélla, pero que todo eso era un trabajo muy difícil y peligroso; les advertíamos que donde estábamos la policía perseguía a las personas que pensábamos de ese modo y que por ello había que actuar con discreción. Y los niños- Tamara y Olaf- tenían que guardar silencio y no contar a nadie que en nuestra casa celebraban reuniones con compañeros del Partido, porque era una organización clandestina. En esa casa guardábamos material de propaganda y otras cosas comprometedoras; y los chicos lo sabían y comprendían que no se podía hablar sobre esas cosas sino con nosotros. Les hacíamos relatos sobre la persecución del fascismo; les explicábamos cómo surge la riqueza, cómo proviene de la explotación, y ellos entendían…”

Ya en 1951 Tamara se vinculó con la Federación Juvenil Comunista, repartiendo propaganda clandestina y colaborando en la revista Juventud. Un año más tarde, en 1952, todavía con una Europa con las heridas abiertas por la Segunda Guerra Mundial, sus padres deciden regresar a la recién constituida República Democrática Alemana, instalándose en Stalinstadt, en la ribera del Óder, cerca de la frontera con Polonia (la actual Eisenhüttenstadt), que se había fundado solo dos años antes como modelo de ciudad planificada socialista.

A los quince años ya se había afiliado a la Juventud Libre de Alemania, desde dónde comenzará a destacar como dirigente de los Pioneros y de su departamento de Relaciones Internacionales, gracias a sus estudios de inglés y francés, a la vez que también empezaba a despuntar en el deporte, otra de sus pasiones, convirtiéndose en instructora de tiro.

Ya en la Universidad Humboldt de Berlín, donde cursó filosofía, creó un centro estudiantil de información latinoamericana, y formó parte de comités de apoyo a la Revolución Cubana. A los veintiuno se afilia al Partido Socialista Unificado de Alemania (SED), que gobernaba la RDA, aunque ya entonces su intención era regresar a Argentina, para incorporarse a la lucha revolucionaria. “En la RDA fui educada y aprendí a pensar y actuar como una marxista leninista. Por eso para mí lo más natural es luchar toda mi vida, igual en un país que en otro, y bajo cualquier circunstancia en las filas de nuestro partido marxista leninista. Por esa razón ingrese como candidata en el SED. Mi deseo más grande es volver a mi patria, la Argentina, y ofrecer allí al Partido todas mis fuerzas. Es natural que volvería a mi patria con el consentimiento del Partido”, escribe la propia Tamara, en 1958.

Su primer contacto con Ernesto Guevara fue en 1960, durante un viaje de una delegación comercial cubana, en donde ofició de intérprete. Y al año siguiente viajó a la isla rebelde, para trabajar en el Ministerio de cultura, donde organizó el departamento internacional de traducciones y documentación, gracias a sus conocimientos de ruso, alemán, inglés, español y francés. Por ello también sirvió de intérprete para las delegaciones extranjeras que llegaban a la isla, a través del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos.

En esa época también participa en la Dirección Nacional de la Federación de Mujeres Cubanas, se incrementa su amor por el folclore latinoamericano, y toca el piano, la guitarra y el acordeón, se implica en la organización de la milicia cubana, y trabaja como voluntaria en las campañas de alfabetización. Como el Che Guevara, parecía que los días de Tamara tenían más de veinticuatro horas. Quizás por eso escribió. ““Lo más valioso que un hombre posee es la vida, se le da a él solo una vez y por ello debe aprovecharla, de manera que los años vividos no le pesen, que la vergüenza de un pasado miserable y mezquino no le queme y que muriendo pueda decir: He consagrado toda mi vida y mi gran fuerza, a los más hermoso en el mundo, a la lucha por la liberación de la humanidad”.

En 1962 también comenzó la carrera de periodismo en La Habana, destacando en las materias de economía política y filosofía marxista, y al año siguiente comenzó un riguroso entrenamiento para desempeñar tareas de inteligencia y contrainteligencia, seleccionada por el mismo Che, dentro de su proyecto insurreccional latinoamericano, y concluida la primera fase de preparación, fue convocada, en 1964, para la apertura de un frente guerrillero en Bolivia. Recorrió Europa profundizando su dominio de varios idiomas, y copiando los comportamientos sociales burgueses, tan ajenos a ella, con la intención de aprovecharlos para infiltrarse, bajo la falsa identidad de una etnóloga argentina de origen alemán, en la sociedad y en la política boliviana.

Ingresa a Bolivia y consigue pronto trabajo en el Departamento de Folklore del Ministerio del Interior, dónde consigue contactar con responsables de la Cancillería, de los ministerios de interior y defensa, y de la Dirección Nacional de Informaciones de la Presidencia, llegando a trabar amistad con Alfredo Ovando, ministro de defensa, y con René Barrientos, presidente de Bolivia. Por esta exitosa tarea de espionaje le fue otorgado el carnet del Partido Comunista de Cuba.

La tarea encomendada a Tania era la de una “durmiente”, para facilitar los preparativos de la llegada de los combatientes cubanos, reportando información y alquilando casas de seguridad, así como tejiendo la red guerrillera que había comenzado en Argentina. Sin embargo fue descubierta en uno de los viajes que realizó al campamento guerrillero, cuando este se estableció en Bolivia, y esto forzó su entrada en la guerrilla, siendo destinada por el Che a la columna de la retaguardia, dirigida por Juan Vitalio Acuña, Joaquín, con la que comenzó a marchar hacia el norte.

El 31 de agosto de 1967, junto a otros 8 guerrilleros, cayó en una emboscada del ejército boliviano, en Vado del Yeso, alcanzada por un balazo que le perforó el pulmón, su cuerpo se precipitó al río Grande, y no pudo ser localizado hasta una semana después.

En 1998 sus restos fueron recuperados y trasladados a Cuba, para ser depositados en el Mausoleo de Santa Clara, junto al Che Guevara y a otros compañeros de la guerrilla boliviana. En su recuerdo, este poema de su autoría…

“Dejar un recuerdo

¿Con qué he de irme, cual flores que fenecen?

¿Nada será mi nombre alguna vez?

¿Nada dejará en pos de mí en la tierra?

Al menos flores, al menos cantos…

¿cómo ha de obrar mi corazón?

¿Acaso en vano venimos a vivir, a brotar en la tierra?”

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