Pornografía: La educación sexual de la juventud del S.XXI


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Laura Isabel Gómez García


Corrían los años ’90 cuando en el cole nos dieron a los niños y niñas el famoso Diccionario Sopena. Tendríamos unos 8 años, y recuerdo a la perfección que lo primero que buscamos todas y todos fue el típico: caca, culo, pis, tetas, joder, coño, puta…Palabras que oíamos a las personas adultas de nuestro alrededor cada día y que realmente no acabábamos de entender qué significaban pero que por alguna extraña razón nos hacía reír sobre manera al pronunciarlas en esos corrillos de clase con los diccionarios recién estrenados. Esos corrillos los hacíamos a escondidas de profes porque sin duda si nos hubieran visto, el rapapolvo nos lo hubiéramos llevado, por no mencionar si nos llegan a pillar en casa nuestras familias. Después de tantos años soy capaz de evocar esa sensación. Una mezcla entre curiosidad, risa nerviosa, inocencia y emoción de saber que estábamos a escondidas jugando a ser tan listos como los mayores. Quienes tengan entre 25 y 35 años seguro que saben de lo que estoy hablando y les habrá recordado sus propias experiencias de la infancia en el cole.

Hoy, en el S.XXI, que te regalen un diccionario no tiene mucha relevancia. Los niños y niñas de hoy crecen con toda la información (y desinformación) a su alcance a golpe de un “clic” o deslizando los deditos por las pantallas de móviles y tablets de sus papás y mamás.

Lo que en los ‘90 era un ritual inocente con un diccionario de hojas de papel, hoy ha mutado. Hoy el ritual es regalar un smartphone, una tablet o poder jugar con el PC de casa; todos ellos dispositivos con acceso a Internet. Muchos de esos dispositivos se regalan en la Primera Comunión, lo que significa que la gran mayoría de niños y niñas de hoy tienen su primer Smartphone con tan solo 9 años.

Mi primer móvil (ni si quiera smartphone) fue con 17 años. Pues en la primera década de los 2000 no existían aun los smartphone, en aquel momento eran los Nokia, los Alcatel o un Motorola de tapa, lo más guay que podías tener para comunicarte.

Aquello que en los ‘90 hacíamos en el cole con los diccionarios, hoy se hace con Google. Si pones en el buscador: caca, culo, pis, tetas, joder, coño, puta… Os aseguro que no aparecen las cándidas definiciones de la RAE.

El problema no está en las palabras, sino en las imágenes que la red de redes rebota en las pantallas de todos esos dispositivos smart y que tienen un alto impacto en las mentes de alguien que tan solo tiene 9, 10, 11, 12… años.

La curiosidad en la infancia, en la pubertad, y en la adolescencia es innata, el querer buscar y saber sobre sexualidad es un impulso natural e intrínseco en la naturaleza humana, y está bien. Ese no es el problema. El problema que tenemos hoy en día es la manera de acceder a esa información y el descontrol que existe en la difusión de los contenidos y lo más grave, el abandono y despreocupación a la hora de abordar la educación sexual que aún hoy sigue siendo tabú. Un tabú que mezclado con las nuevas tecnologías y redes sociales ha supuesto una auténtica bomba para nuestra juventud haciendo que la salud sexual sea una verdadera calamidad.

No se trata tanto de prohibir como el de saber educar, guiar y enseñar a mirar y a vivir en el mundo del S.XXI con espíritu crítico de modo que se sepa canalizar y analizar ese bombardeo de imágenes e información, con el fin de tener una juventud sana.

Hace unos meses el reportaje “La Mala Educación” del programa de Jordi Évole, “Salvados”, ilustraba a la perfección esta relación entre falta de educación afectivo-sexual y acceso temprano y descontrolado a la pornografía del S.XXI.

El estudio reciente, elaborado por la Red de Jóvenes e Inclusión Social en colaboración con la Universidad de Islas Baleares,Nueva pornografía y cambios en las relaciones interpersonales”, revela lo siguiente (datos obtenidos en base a 2.500 encuestas realizadas jóvenes de entre 16 y 29 años):

  • Al menos 1 de cada 4 varones de entre 16 y 29 años ha consumido pornografía en Internet antes de los 13
  • El primer contacto se adelanta a los 8 años debido a la facilidad de acceso a las nuevas tecnologías, especialmente la móvil
  • La media de edad de inicio en el consumo de pornografía son los 14 años entre los adolescentes varones, y los 16 años en el caso de las mujeres
  • A nivel global, el 25 % de los niños de 13 años reconoce haber tenido ya algún contacto con el porno. A los 15 ya son la mitad los que han visto contenidos sexualmente explícitos
  • Un 75,8% de los varones empiezan a consumir pornografíaantes de los 16 años, mientras que un 35,5% de las mujeres lo hace antes de esa edad
  • El patrón de búsqueda activa de estos contenidos es más frecuente en los hombres:el 33,1% busca pornografía y el 62,4% de los varones se dejan ayudar por los amigos
  • En el caso de las mujeres, el 34,7% confiesa que la encuentra pornografía sin buscarla, mientras que el 17,4% la localiza de forma activa
  • Ninguno de los encuestados refirió haber utilizado medios impresos como las revistas o libros para consumir porno
  • El móvil es el sistema más utilizado. Un 47,9 % lo emplearon para visitar contenidos sexualmente explícitos, mientras que un 46,2% reconocieron usar para ello el ordenador
  • Un 41,8% señala la curiosidad entre los diversos motivos señalados para ver pornografía. Un 40,6 % lo hace para masturbarse. Mientras que solo un 23,9 % dice recurrir al porno para aprender sobre sexo

El coautor de la investigación, Lluís Ballester, afirma que “La edad media se está adelantando por el acceso a la tecnología móvil, precisando que la primera visualización de pornografía a los 8 años, tanto niños como niñas, se debe a que el nuevo porno se cuela en Internet. Edades muy tempranas en las que no hay el nivel de maduración necesario para elaborar lo que se ve en las pantallas”.

Para finalizar con los datos, ya un estudio llevado a cabo en los años ’80, por Dolf Zillmann y Jennings Bryant, titulado Efectos del consumo prolongado de pornografía, una época cuando encontrar contenidos pornográficos era más complicado, confirmaba algunas repercusiones bastante alarmantes del consumo de pornografía en adolescentes:

  • Los chicos se volvían más insensibles a las mujeres
  • Consideraban que las violaciones eran un delito menos grave
  • Aumentaba su interés por prácticas más extremas

Datos escalofriantes que dejan ver el nivel de gravedad del problema social que tenemos en la base de nuestras sociedades; y que también desde hace ya más de un lustro, las feministas venimos advirtiendo de que esto iba a pasar.

Muchos padres y madres estarán pensando que su prole está a salvo de la pornografía porque usan el control parental, o están pendientes de sus hijas e hijos para que no puedan acceder a ella, etc. pero lamento informarles que limitarse solo a eso es como querer ponerle puertas al campo. Porque si hace 20 años nos dejábamos los ojos mirando el Canal Plus los sábados por la noche tratando de ver algo aun estando codificado, los chicos cogían a hurtadillas las revistas porno de sus hermanos o curioseaban un Interviú en un quiosco, etc…Hoy ocurre igual pero multiplicado por mil, por una sencilla razón, nosotros y nosotras mirábamos imágenes estáticas en su mayoría, hoy son imágenes en movimiento, nítidas, con sonido y explicitas; el poder de esas imágenes tan reales impactan mil veces más en un cerebro tan joven aun por madurar y desarrollarse, que unido a la falta de una buena educación afectivo-sexual, convierte a la población más joven en carne de cañón para el consumo del porno; porno que luego querrán materializar en sus relaciones sexuales. Los chicos querrán practicar sexo tal y como lo han aprendido y las chicas se dejarán hacer aun cuando no les gusten esas prácticas porque se supone que es lo que a sus novios les gusta ya que así lo han reflejado las imágenes de las pantallas que han visto y mirando; y ya sabemos que las mujeres estamos socializadas desde la más tierna infancia para complacer a los demás, especialmente a los hombres.

La pornografía hoy en día está al alcance de todo el mundo haciendo tan solo un clic, y no hace falta clicar expresamente en ella, en una imagen, un video… La pornografía se cuela por todas partes, aunque tú le pongas todos los cortafuegos que quieras. Además, por desgracia, muchos padres y madres no están tan pendientes ni tan encima de sus niños y niñas como para impedirlo, entre otras cosas porque es humanamente imposible.

El consumo activo del porno desde edades tan tempranas contribuye a construir una imagen distorsionada y alejada de la realidad del sexo, además de la naturaleza patriarcal y machista de por sí de estos contenidos pornográficos en los que se muestra una desigualdad de roles entre mujeres y varones, y un trato desfavorable, y en algunos casos altamente violento y agresivo, hacia las mujeres. Prácticas que acaban calando en los y las jóvenes cuando mantienen una relación de pareja, lo que lleva a conductas muy poco saludables, aumento de la violencia de género, agresiones machistas, casos de violaciones en grupo, y aumento del consumo de prostitución siendo en muchos casos éste el modo en el que se inician en su vida sexual. Por no mencionar que el bombardeo de este tipo de imágenes pornográficas provoca que no sean capaces de sentir lo mismo con otra persona, lo que deriva en sentimientos de frustración y ansiedad, pues las expectativas ficción vs realidad no se cumplen, incluso en algunos casos llevan a los chicos a obligar a sus primeras novias a acceder a relaciones sexuales no deseadas, aunque consentidas, dentro de la pareja por temor a que los chicos las abandonen por otra.

Es importante hablar con naturalidad de la sexualidad desde la infancia, resolviendo sus dudas y respondiendo con franqueza a sus preguntas,  no convertir el sexo en un tema tabú o tratarlo como algo “prohibido”; todo estohará que normalicen el sexo de la manera más natural, y aprenderán a mirar las imágenes sexualmente explícitas a las que puedan acceder de un modo u otro, con espíritu crítico, sabiendo diferenciar lo real de lo virtual, la fantasía de la realidad y saber que el sexo es un intercambio de afecto entre adultos de manera libre, sin coacciones y sin violencia. Al estar correctamente informados e informadas sobre cómo se desarrollan las relaciones sexuales más probable que el impacto y efecto de la pornografía en la adolescencia sea mucho menor.

A menudo los adultos confundimos la amplitud de información, con la calidad de la formación, y es que tener mejores, buenos y sanos conocimientos sobre el sexo a su alcance les hará tener una vida afectivo-sexual sana, entendiendo que lo que ven en las pantallas es ficción creada exclusivamente para provocar una excitación.

 


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